Aunque ahora todos sepamos que los cigarros de una cajetilla de tabaco pueden acabar ocasionando da√Īos irreversibles en el cuerpo humano, hace no tanto, esos mismos cigarros eran los culpables de que el hombre actuara bajo ataques demon√≠acos por la adicci√≥n. Pod√≠an servir como defensa ante un asesinato.

Fue una √©poca donde la industria del tabaco a√ļn estaba bajo la lupa de los estudios cient√≠ficos. Un momento donde los cigarros eran la excusa perfecta ante la violencia del ser humano.

Si hacemos caso a la historia del tabaco, o mas bien a su planta, la Nicotiana tabacum, lleg√≥ al Caribe en un punto entre 2 mil y 3 mil a√Īos antes de Cristo. Quiz√° resulta m√°s atractivo avanzar en las fechas para empezar a contar historias sobre sus usos. Pongamos entonces el a√Īo simb√≥lico de 1492. En el mes de octubre Col√≥n se encuentra en la bah√≠a de Bariay (Cuba) creyendo haber llegado a las Indias con el fin de firmar el tratado comercial encomendado por los Reyes Cat√≥licos.

El hombre estaba entusiasmado con la flora y fauna que all√≠ se encontr√≥ pero un detalle nada balad√≠ para nuestra historia quedar√≠a anotado en su diario. En el mes de noviembre de ese a√Īo, Crist√≥bal Col√≥n relata una rara costumbre de los habitantes de la isla. Una experiencia que narr√≥ en los siguientes t√©rminos:

Los hombres iban siempre con un tizón en las manos junto a ciertas hierbas para tomar sus sahumerios, que son hierbas secas metidas en una hoja seca también a manera de mosquete; una hoja encendida por una parte y por la otra chupan y absorben… y reciben con el resuello para adentro aquel humo, con el cual se adormecen las carnes y cuasi emborracha y no sienten el cansancio. Estos mosquetes ellos lo llaman tabacos.

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Desde luego, Col√≥n no descubri√≥ el tabaco, pero sin duda fue una de las primeras personas de renombre que dej√≥ constancia del acto de fumar en tabaco. Aunque a√Īos despu√©s, ya en el 1500, el tabaco era conocido en Espa√Īa y Portugal, habr√≠a que esperar hasta 1800 para que el concepto de cigarro de papel manufacturado (y empaquetado) comenzara a extenderse en Brasil, Espa√Īa, Portugal y luego el resto de Europa.

La m√°quina de Bonsack. Wikimedia Commons

Aunque sin duda, si hay un evento hist√≥rico al que achacarle el ascenso imparable del cigarro fue a la propia m√°quina de enrollar del estadounidense Bonsack, la cual hizo realidad el sue√Īo de todo empresario: la capacidad de liar millones de cigarrillos (de hacer alrededor de 40.000 hechos a mano diariamente a alrededor de 4 millones), lo que irremediablemente nos llevar√≠a a la creaci√≥n de toda una industria.

Y de todas las empresas es muy posible que una se lleve la gloria. En 1847 se abr√≠a una peque√Īa tienda de tabaco en Londres. Su due√Īo muere poco despu√©s pero la mujer de este y su hermano se hacen cargo del negocio convirti√©ndolo en una sociedad an√≥nima en 1881. Esa sociedad se llamaba Philip Morris & Co. LTd, acab√≥ abriendo sus puertas al mercado estadounidense (con sede en Virginia) y lanzando su marca m√°s famosa en 1924: hac√≠a su aparici√≥n Marlboro.

Pero lo cierto es que como afirmaba Col√≥n varios siglos antes, el tabaco era due√Īo de sus propias leyendas e historias sobre sus efectos en el hombre. En una √©poca donde Philip Morris iniciaba su imperio con mano de hierro, los cigarros llegaron a convertirse en la coartada perfecta para la propia violencia del ser humano.

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El asesinato de Charles Cross y el tabaco como el mal

Postal de 1917. Wikimedia Commons

Y es que en los albores del siglo XX, en Estados Unidos comenzaron a aflorar una serie de casos donde el hombre era v√≠ctima de una droga muy peligrosa. Si eran j√≥venes era mucho peor, ya que los ni√Īos eran una presa demasiado f√°cil. La droga o el veneno era tan t√≥xica que el simple uso casual era capaz de convertir al individuo en el ser humano m√°s demon√≠aco y atroz, en un criminal sin escr√ļpulos. De ello dio fe el doctor Carlton Simon en el New Jork Journal bajo los siguientes t√©rminos:

Cuando alguien está bajo su influencia, el cerebro se vuelve lento y la mente se llena de fantasías salvajes. Entonces, las acciones no son guiadas por la propia voluntad del hombre, los hechos normales se desvanecen y el robo, el asesinato y otra serie de crímenes horribles florecen.

Simon no se refería a un alucinógeno, tampoco hablaba de la locura o de un compuesto químico capaz de alterar el estado natural del hombre. El doctor hablaba de esta manera tan aterradora del simple cigarro.

Y la raz√≥n para ello era que, aunque despegando como gran industria, los cigarros eran a comienzos del S.XX una novedad, tanto sus usos (hasta entonces se prefer√≠a los cigarros enrollados) como sus consecuencias, a√ļn bajo los estudios de la ciencia. Si bien la nicotina ya se hab√≠a establecido en la investigaci√≥n m√©dica como posible veneno mortal, en cuanto a c√≥mo afectaba al cuerpo humano era tema de debate. S√≠, ya exist√≠an voces m√©dicas que expresaban cierta preocupaci√≥n hacia la tos que produc√≠an los cigarros o las posibles correlaciones con las enfermedades del coraz√≥n, pero tambi√©n exist√≠an quienes le otorgaban al cigarro el poder de trasformar la mente.

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Campa√Īa de 1905. Wikimedia Commons

Y de todos los casos que existieron, uno tuvo especial relevancia.

Charles Cross ten√≠a 16 a√Īos cuando ocurrieron los hechos. El chico de Brooklyn (Nueva York) tuvo una infancia dif√≠cil, a menudo fichado por la polic√≠a como peque√Īo delincuente juvenil, aunque siempre se achac√≥ al medio en el que se hab√≠a criado en unas condiciones precarias.

Su madre muri√≥ cuando √©l era un beb√© y su padre era un enfermo mental que tambi√©n falleci√≥ poco despu√©s. Cross qued√≥ hu√©rfano a la edad de 7 a√Īos y termin√≥ siendo enviado a un hogar para j√≥venes. Bajo esas paredes y seg√ļn contar√≠an los medios a√Īos despu√©s, el joven Cross tuvo que soportar un r√©gimen constante de cruel desnutrici√≥n junto al abuso sexual al que fue sometido.

A principios de 1899 el due√Īo de un pr√≥spero negocio de imprenta en Nueva York, el se√Īor Freeman King, llega al orfanato donde resid√≠a Cross y le comenta al administrador del mismo que estaba buscando a un chico para trabajar en su hogar. King explica que era el propietario de una gran casa de campo cerca de Stamford, Connecticut, un lugar donde iba a veranear junto a su esposa y donde necesitaba mano de obra joven para ayudar a mantener el d√≠a a d√≠a del hogar. King tambi√©n comenta que dada su gran posici√≥n econ√≥mica se sent√≠a con la obligaci√≥n de ofrecer una oportunidad a alg√ļn joven desfavorecido.

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Despu√©s de examinar varias candidaturas el se√Īor King selecciona a Charles Cross. En consecuencia, el joven se traslada a Stamford, espacio donde pasa a trabajar para King. Cross lleva a cabo un trabajo admirable y King queda impresionado, as√≠ que cuando termina el verano el hombre de negocios le propone seguir trabajando para √©l. Cross entonces pasa a ser empleado en el hogar de los King, quienes solo ven en el chaval a un joven prometedor.

El se√Īor y la se√Īora King le permiten continuar con uno de sus vicios. El chico pod√≠a fumar sus cigarros, pero por lo dem√°s, la familia no tiene la menor idea de su historial delictivo personal del pasado.

Sin embargo, en noviembre de ese mismo a√Īo el joven Cross ya no pudo contener el apetito sexual que hab√≠a desarrollado con el tiempo. Cansado de mantener las formas, el chico comenz√≥ a fantasear con la se√Īora King. Cada d√≠a que pasaba su mirada se tornaba m√°s lasciva. El d√≠a que se qued√≥ a solas con la mujer en la finca ya lo hab√≠a decidido. A pesar de que Sarah King ten√≠a 60 a√Īos, m√°s de tres veces su edad, el joven decidi√≥ que la mujer iba a satisfacer sus necesidades.

Postal de John Held JR. RichPowell

Ese día se ocultó en el dormitorio de la mujer y espero a que ella se retirase en la noche. Cuando Sarah llegó a la planta de arriba y se encerró en su habitación, Cross surgió de un armario completamente desnudo y la atacó. La mujer cayó rápidamente al suelo y el joven la golpeó brutalmente en la cabeza con un piedra que había tomado de la chimenea. Luego la desnudó y la atacó sexualmente para finalmente llevarla hasta la muerte con una pala.

Acto seguido el joven sali√≥ huyendo de la casa, desnudo y gritando a trav√©s de los terrenos del se√Īor King. Lleg√≥ hasta la casa del vecino m√°s cercano y alcanzando a murmurar comenz√≥ a contar una historia en la que √©l y la se√Īora King hab√≠an sido atacados violentamente por una pareja de ladrones. Luego lleg√≥ la polic√≠a, quienes examinaron la escena del crimen y comenzaron a sospechar que el ‚Äúrobo‚ÄĚ hab√≠a sido ideado.

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Las evidencias f√≠sicas hac√≠an imposible la coartada de Cross. El chico fue detenido y recluido como sospechoso de asesinato para cinco d√≠as m√°s tarde confesar lo que hab√≠a hecho. Cross indic√≥ que ‚Äúun deseo incontrolable de satisfacer las emociones‚ÄĚ le hab√≠a llevado a atacar a la mujer, la misma que le hab√≠a llevado a romperle la cabeza contra el suelo cuando ella se resist√≠a.

Cuando la noticia lleg√≥ a los medios aquello fue un esc√°ndalo. Nadie daba cr√©dito al brutal asesinato, la gente estaba indignada, pero tambi√©n confundida. ¬ŅC√≥mo pod√≠a ser que un ni√Īo tan joven, con una historia tan triste, hubiera hecho aquello en su sano juicio? Deb√≠a existir algo m√°s, o el chico ten√≠a alg√ļn problema mental o se deb√≠a a alguna circunstancia extraordinaria.

Brit√°nicos fumando durante la WWW2. AP Images

Y entre todos, no tardaron mucho en encontrarla. En aquel momento hizo acto de presencia el doctor Simon una vez m√°s, quien justo antes de la sentencia dijo sobre el chico que:

El joven no se puede hacer responsable. Su mente está enferma. Cualquier joven que fuma un centenar de cigarros al día está privado del autocontrol moral.

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A las palabras de Simon le siguieron un gran n√ļmero de medios y peri√≥dicos en todo el pa√≠s. La gente ped√≠a el indulto o la misericordia para el ‚Äúdegenerado moral‚ÄĚ, ya que estaba pose√≠do por el mal de los cigarros que tanto estaba dando que hablar en aquellos d√≠as.

La presi√≥n popular consigui√≥ rebajar el n√ļmero de atenuantes contra el joven pero no lograron salvarle de la horca el 20 de julio de 1900, 19 d√≠as despu√©s de cumplir 18 a√Īos. Cross se hab√≠a convertido en la persona m√°s joven en ser condenada a muerte en Conneticut pero m√°s importante a√ļn, abr√≠a un antecedente de los numerosos casos que se dieron a partir de entonces.

La teoría de que el consumo de cigarros regulares podía llegar a volver a una persona en un homicida estaba tan extendida que se convirtió de forma regular en una parte de la defensa por homicidios en numerosos casos:

  • El mismo a√Īo del asesinato, en 1899, el se√Īor George W. Schan dispara fatalmente a su padre dos veces en la cabeza. A pesar de que parec√≠a claro que se trataba de una disputa de herencia, los allegados admitir√≠an que ‚Äúel uso excesivo de cigarros hab√≠a desequilibrado su mente‚ÄĚ.
  • Un a√Īos despu√©s, en 1900, John Garrabrant golpea a su hijo de 16 a√Īos hasta la muerte. Ese mismo d√≠a el joven Casmer Teresnick utiliza un hacha para matar a un hombre. Ambos son procesados como ‚Äúdemonios adictos de los cigarros, con la mancha amarilla del veneno en sus manos‚Ķ ‚Äú.

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  • Meses despu√©s, en 1901, Jim Harris dispara al acaudalado comerciante John Allen en la puerta de su casa. Aunque hab√≠a existencia de una ‚Äúindecente‚ÄĚ relaci√≥n entre Harris y la mujer de Allen (la se√Īora fue acusada de c√≥mplice), la defensa de Harris fue que ‚Äúse hab√≠a convertido en un adicto de los cigarros desde que ten√≠a dos a√Īos de edad‚ÄĚ (Harris y la se√Īora Harris fueron absueltos).
  • A√Īos despu√©s, en 1905, Martin Paulsgroveno no mostr√≥ ni una pizca de preocupaci√≥n o remordimiento despu√©s de disparar fatalmente a su novia. Por supuesto, el caso ocurri√≥ al ser un ‚Äúadicto de los cigarros reconocido causado por el uso excesivo del cigarro mortal‚ÄĚ.
Paquetes de cigarros a mitad del siglo XX. AP Images

Este tipo de defensas, tan cancer√≠genas como la propia nicotina, duraron muchos a√Īos, hasta bien entrada la d√©cada de 1910, y especialmente cuando se trataba de los m√°s j√≥venes, de delincuentes juveniles. Los estudios en estas fechas reflejaban el gran n√ļmero de ni√Īos en prisiones y hospitales debido a ‚Äúsus mentes debilitadas por el exceso del tabaco en los cigarros‚ÄĚ. De la misma forma, los reformatorios insist√≠an en que los m√°s duro por encima de cualquier otra posible tara era ‚Äúel demonio de los cigarros, mucho m√°s que cualquier otro factor con el que uno comienza su camino en la vida criminal‚ÄĚ.

Paradójicamente, el cambio de pensamiento sobre los usos y efectos del tabaco no llegó con la medicina o la ciencia (eso sería más tarde). La industria encontraba un vehículo al que subirse para su expansión. La primera Guerra Mundial cambiaba el perfil del tabaco y terminaba con su reputación demoníaca. La comodidad y facilidad de uso de cada cigarro ayudaba a las tropas y los soldados a mantenerse felices, con vida y regresar de la guerra.

El vaquero de Marlboro jamás había llegado tan alto.