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Ciencia

Cuando la donación de esperma se vuelve global: por qué algunos hombres tienen cientos de hijos

Un solo donante puede engendrar cientos de hijos repartidos por decenas de países. La escasez de esperma, la globalización de los bancos de fertilidad y una regulación fragmentada explican cómo la donación pasó de ser un acto altruista a un negocio internacional con dilemas éticos profundos.
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La historia de un hombre cuyo esperma, portador de una mutación que aumenta el riesgo de cáncer, dio lugar a casi 200 hijos en 14 países expuso una realidad poco conocida: la enorme escala de la industria de la donación de esperma. Lo que nació como una solución médica para formar familias se ha convertido en un mercado global donde un solo donante puede multiplicar su descendencia de forma impensada.

Un recurso escaso… y muy valioso

Convertirse en donante de esperma es mucho más difícil de lo que parece. Menos del 5 % de los hombres que se presentan superan todos los filtros. No basta con ser fértil: el esperma debe tener un recuento alto, buena movilidad, forma adecuada y resistir el proceso de congelación.

A esto se suman controles médicos estrictos: edad limitada, ausencia de infecciones de transmisión sexual y pruebas genéticas para descartar mutaciones asociadas a enfermedades graves. El resultado es un número reducido de donantes frente a una demanda creciente, lo que convierte al esperma en un bien escaso y altamente aprovechable.

Biología simple, consecuencias enormes

Desde el punto de vista biológico, un solo hombre puede generar una cantidad descomunal de descendencia. Cada eyaculación contiene decenas de millones de espermatozoides, y los donantes acuden a las clínicas una o dos veces por semana durante meses.

Para los bancos de esperma, maximizar el uso de cada donante es una forma de cubrir la demanda, especialmente en países como Reino Unido, donde cerca de la mitad del esperma se importa del extranjero.

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© Avivir – X

No todos los donantes son igual de demandados

Dentro de ese pequeño grupo, algunos donantes se vuelven extraordinariamente populares. Los receptores no eligen al azar: pueden ver fotos, escuchar la voz del donante, conocer su profesión, estatura, complexión e incluso intereses personales.

El proceso se parece mucho al de las aplicaciones de citas: unos pocos concentran gran parte de la atención. Donantes altos, atléticos, con rasgos físicos valorados culturalmente y perfiles “atractivos” tienden a ser seleccionados una y otra vez, multiplicando el número de hijos concebidos con su esperma.

El fenómeno del “esperma vikingo”

Dinamarca se ha convertido en una potencia mundial de la donación de esperma. Sus grandes bancos, como Cryos International, exportan muestras a decenas de países. Según sus responsables, esto se debe a una combinación de factores culturales —menos tabúes, mayor tradición de donación— y genéticos.

Los rasgos nórdicos, como ojos claros o cabello rubio, son recesivos, lo que hace que muchas receptoras los consideren “compatibles” con una amplia variedad de perfiles genéticos. Hoy, gran parte de la demanda proviene de mujeres solteras, con alto nivel educativo, que retrasaron la maternidad por motivos profesionales.

Cuando el esperma cruza fronteras

El gran problema aparece con la regulación. Cada país fija sus propios límites: algunos establecen un número máximo de hijos por donante, otros un máximo de familias. Pero no existe un control internacional unificado.

Nada impide que el mismo esperma se utilice legalmente en varios países distintos, siempre que se respeten las normas locales. Así, un donante puede engendrar decenas —o cientos— de hijos sin saberlo, repartidos por toda Europa.

Riesgos genéticos, dilemas éticos

El caso del donante portador de una mutación asociada al cáncer puso el foco en los riesgos de este sistema. Cuantos más hijos tenga un mismo donante, mayor es la probabilidad de que un problema genético se propague ampliamente antes de ser detectado.

Además, surgen cuestiones profundas sobre identidad, consentimiento y bienestar psicológico. Algunos niños concebidos por donación descubren no solo que tienen un padre biológico desconocido, sino que comparten su origen con cientos de medio hermanos.

¿Hace falta poner límites?

Tras el escándalo, Bélgica pidió a la Comisión Europea la creación de un registro europeo de donantes para supervisar el uso transfronterizo del esperma. Otras instituciones propusieron límites comunes, como un máximo de 50 familias por donante en toda la UE.

Sin embargo, los expertos advierten que un exceso de restricciones podría empujar a las personas hacia mercados privados no regulados, con riesgos aún mayores.

Un equilibrio difícil

La donación de esperma ha permitido a millones de personas formar una familia. Pero su transformación en una industria global plantea un delicado equilibrio entre necesidad médica, negocio, ética y derechos de los hijos nacidos de estas técnicas.

La gran pregunta sigue abierta: ¿cómo garantizar el acceso a la reproducción asistida sin convertir la genética humana en un producto distribuido sin fronteras ni límites claros?

Fuente: BBC News.

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