El experimento comenzó de manera inocente. Por parejas, los estudiantes de Stanford que se habían ofrecido voluntarios para participar en un estudio psicológico fueron llevados a una habitación. Una vez allí los dos voluntarios se sentaban juntos en una mesa. Se ponía en marcha el detector de homosexuales.

Los voluntarios ten√≠an delante una pantalla de proyecci√≥n y frente a cada uno de ellos hab√≠a un dial. La investigadora, Dana Bramel, les explicaba con suma tranquilidad que el dial mostraba la salida a un ‚Äúaparato de respuesta psicol√≥gica de la piel‚ÄĚ.

A partir de aqu√≠ las cosas comenzaban a ponerse un poco m√°s extra√Īas. El aparato, seg√ļn dec√≠an los investigadores a los estudiantes, estar√≠a midiendo sus respuestas subconscientes a una serie de im√°genes. Dichas im√°genes mostrar√≠an a los hombres en diferentes etapas mientras se desvisten. La doctora hizo hincapi√© en el siguiente punto: cualquier movimiento del cuadrante en el dial indicar√≠a una leve (o gran) excitaci√≥n de car√°cter homosexual por parte de los sujetos.

Luego continu√≥ explicando que los sentimientos homosexuales fuertes har√≠an que el dial ‚Äúse saliera de la escala‚ÄĚ. M√°s tarde y para tranquilizarles, les aseguraba que ellos ser√≠an los √ļnicos que podr√≠an ver el dial que ten√≠an delante, y por tanto los datos se mantendr√≠an an√≥nimos.

Por √ļltimo Bramel inform√≥ de su tarea. Cada estudiante deb√≠a anotar el n√ļmero que alcanzara su marcaci√≥n y luego predecir la puntuaci√≥n del compa√Īero que ten√≠an a su lado. El desaf√≠o era, esencialmente, adivinar ‚Äúc√≥mo‚ÄĚ de gay era la otra persona.

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El detector de gays

Campus de la Universidad. AP

La presentación de diapositivas comienza. Bramel no había estado bromeando cuando decía que las fotos mostrarían a hombres parcialmente desnudos. De hecho, casi todos los modelos estaban prácticamente desnudos, todos ellos bajo diferentes posturas seductoras. Cada estudiante miraba las imágenes y luego miraba rápidamente hacia abajo, buscando el resultado del dial.

¬ŅQu√© ocurr√≠a? Que el dial se agitaba vigorosamente como si hubiera adquirido vida propia. Los sujetos comenzaban a darse cuenta de que, de acuerdo a aquel aparato de supuesta respuesta cut√°nea psicogalv√°nica (o algo as√≠), se estaban poniendo ‚Äúcalientes‚ÄĚ. A medida que el pase de diapositivas progresaba y las im√°genes se volv√≠an m√°s oscuras, la aguja pulsaba hacia arriba con m√°s energ√≠a, como si se tratara de un dedo acusador dici√©ndole al sujeto: ‚ÄúHola chico travieso, veo que estas teniendo pensamientos sucios‚ÄĚ.

En la era moderna es muy posible que un estudiante de Stanford se riera f√°cilmente al ver que tiene ‚Äúlatentes tendencias homosexuales‚ÄĚ. Incluso podr√≠a admitir f√°cilmente tales inclinaciones. Ocurre que este experimento no ocurri√≥ en la ‚Äúedad moderna‚ÄĚ, esto ocurri√≥ en los a√Īos 50, en un momento en que los homosexuales eran uno de los grupos m√°s estigmatizados y abiertamente discriminados en la sociedad (en este caso estadounidense).

La homosexualidad era incluso una raz√≥n legal para despedir a alguien, para negarse a prestarle alg√ļn tipo de servicio o incluso simplemente para arrojarlo a la c√°rcel. Fue una √©poca donde la propia Asociaci√≥n Americana de Psiquiatr√≠a incluy√≥ la homosexualidad como una forma de enfermedad mental. Por lo tanto, ser se√Īalado como gay no era algo que un estudiante podr√≠a ignorar f√°cilmente.

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Stanford. AP

Así que cuando uno de los estudiantes miraba a la aguja del dial aquello debía ser una mezcla de consternación y terror. A su vez, cada uno registraba de manera silenciosa sus registros e intentaba adivinar lo que el tipo de al lado habría sacado en la calificación. Es muy posible que llegados a este punto cada uno de los estudiantes tuviera como objetivo primordial terminar el experimento tan pronto como fuera posible y salir de allí.

Sin embargo y aunque no lo sab√≠an, no hab√≠a nada que temer. Nadie iba a ser ‚Äúdespreciado‚ÄĚ como gay. Las lecturas en los diales eran todas iguales. De hecho el experimento al completo era falso. Las agujas fueron controladas de manera secreta por los experimentadores, los cuales estaban haciendo subir los niveles hasta los topes mientras las im√°genes iban haci√©ndose m√°s gr√°ficas.

√önicamente ocho de los participantes lo sospecharon. El resto, 90 alumnos voluntarios, cayeron en el enga√Īo por completo. Para Bramel fue un √©xito y como ella misma se√Īal√≥:

La expresi√≥n de alivio que segu√≠a cuando desvel√°bamos que todo era un enga√Īo indicaba que las manipulaciones hab√≠an sido totalmente efectivas.

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¬ŅPor qu√©?

El prop√≥sito de Bramel y sus colegas era determinar c√≥mo reaccionar√≠an las personas al enterarse de que pose√≠an una cualidad socialmente estigmatizada como era la homosexualidad. ¬ŅSer√≠an capaces de proyectar la misma ‚Äúnegatividad‚ÄĚ en el otro estudiante, en un intento de defenderse y meter al otro en el mismo barco? La respuesta es un rotundo s√≠. Eso fue lo que hicieron exactamente.

Al predecir la puntuaci√≥n del otro tipo en la sala los sujetos tend√≠an a ‚Äúadivinar‚ÄĚ que era similar a la suya. Esto, ir√≥nicamente, era especialmente cierto para aquellos que hab√≠an sido juzgados antes del experimento como tipos con una alta autoestima.

Sin embargo, este hallazgo no es la principal raz√≥n por la que se recuerda este experimento de la se√Īora Bramel en la actualidad. El estudio se ha convertido en un ejemplo frecuentemente citado en el debate sobre las veces en las que el enga√Īo en la investigaci√≥n psicol√≥gica ha ido demasiado lejos.

Para los más críticos el experimento era horrible, ya que trataba de convencer a sujetos inocentes de que tenían una tendencia sexual, una osadía que iba más allá de cualquier justificación científica. Incluso en caso contrario, los críticos hablan del temor que tuvieron que sentir aquellos participantes que realmente eran gays y no querían que nadie lo supiese.

Ni fue la primera ni ser√° la √ļltima vez que la psicolog√≠a cruza el umbral de lo √©tico por conseguir un fin.