Cuando la red de arrastre del buque de investigación australiano Investigator subió a la superficie desde más de 670 metros de profundidad, los científicos vieron algo difícil de identificar: una maraña de estructuras ramificadas de color marrón, salpicada de pequeñas esferas anaranjadas. La investigadora Elena Kupriyanova, del Museo Australiano, pensó al principio que esas esferas podían ser huevos de algún gusano marino.
No eran huevos. Al examinar la muestra, el equipo encontró gusanos de color naranja intenso y de hasta 7,5 centímetros de largo. Las ramas marrones eran extensiones de los tubos que construyen en el sedimento. Y al estudiarlos en detalle, los investigadores descubrieron que tenían una característica tan inusual que no encajaban en ningún grupo conocido.
Gusanos con ventosas

Los animales pertenecen a la familia de los terebélidos, conocidos popularmente como gusanos espagueti por sus numerosos tentáculos largos y delgados, que usan para atrapar partículas de alimento del fondo marino. Pero estos tenían algo que ningún otro terebélido conocido presentaba: estructuras similares a ventosas en la parte inferior del cuerpo. Por eso, el equipo creó un nuevo género, Terebellosuctoria, que significa algo así como terebélidos con ventosas.
El género incluye dos especies nuevas: Terebellosuctoria jimii, nombrada en honor al investigador Naoto Jimi, que había descrito estructuras similares en otro gusano marino, y Terebellosuctoria keelingensis, cuyo nombre hace referencia a las islas Cocos (Keeling).
Kupriyanova explicó que esas ventosas son lo que hace que el nuevo género sea tan interesante y único. Los investigadores creen que les sirven para aferrarse en lugares con muy poco sedimento, como las laderas empinadas de las montañas submarinas. Para un animal que necesita sedimento para construir su tubo y alimentarse, poder sujetarse en esas condiciones sería una ventaja importante.
Crear un género es mucho menos frecuente
Describir una especie nueva es relativamente habitual en biología marina, sobre todo en aguas profundas. Pero establecer un género nuevo, una categoría de clasificación superior que agrupa a especies emparentadas, es bastante menos común. Implica demostrar que los animales son lo suficientemente distintos de todos los conocidos como para necesitar su propio grupo.
Para hacerlo, el equipo internacional de taxónomos combinó el análisis de la forma del cuerpo, la secuenciación de ADN y la microscopía electrónica de barrido, que permite ver detalles de apenas unas micras.
Más de 850 gusanos por clasificar

Los ejemplares fueron recolectados en 2021 y 2022 durante dos expediciones lideradas por el Museo Victoria a bordo del Investigator, el buque de investigación de la agencia científica australiana CSIRO. Las campañas exploraron montes submarinos cercanos a la isla de Navidad y a las islas Cocos (Keeling), dos territorios australianos en el océano Índico.
En total se recolectaron más de 850 gusanos marinos. A partir de ese material ya se habían descrito 13 especies nuevas para la ciencia. El estudio, publicado en julio en la revista Records of the Australian Museum, suma otras siete, de tres familias distintas. Además de las dos especies del nuevo género, incluye cinco especies de las familias de los onúfidos y los polinoideos.
Según Kupriyanova, una sola expedición puede recolectar cientos o miles de ejemplares, pero descubrir qué son realmente puede llevar años. Por eso, buena parte de la biodiversidad de las profundidades sigue esperando en frascos de museo a que alguien la estudie.
Un mundo casi desconocido
Los poliquetos, el grupo al que pertenecen estos gusanos, son parientes marinos de las lombrices de tierra. Tienen el cuerpo segmentado y apéndices laterales cubiertos de cerdas. Según la especialista Pat Hutchings, coautora del estudio, se encuentran entre los animales más abundantes y diversos del fondo marino, con especies que pueden alcanzar los tres metros de largo. Sin embargo, solo una pequeña fracción ha sido descrita formalmente.
Los montes submarinos, donde se encontraron estos gusanos, son considerados puntos clave de biodiversidad en el océano profundo. Las corrientes que los rodean concentran nutrientes y atraen a una gran variedad de especies. Conocer qué vive en ellos es el primer paso para poder protegerlos, en un momento en que el interés por explotar los recursos del fondo marino no deja de crecer.