Image: Geller (AP)

Durante mucho tiempo, un hombre hizo creer a millones de personas que podía manipular el metal con su mente, o que tenía la capacidad de reproducir dibujos que nunca había visto. Ese hombre era el israelí Uri Geller, y tuvieron que llegar dos tipos idénticos a él para que el mundo abriera los ojos.

En la d√©cada de los 70 estaba de moda el concepto de ‚Äúciencia paranormal‚ÄĚ en gran parte del planeta. Geller, por su parte, hizo una gran carrera en Estados Unidos despu√©s de una serie de apariciones de televisi√≥n y revistas m√°s o menos respetadas.

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Casi siempre, junto a la entrevista le acompa√Īaba alguna de sus demostraciones donde aparentemente pod√≠a doblar las cucharas con suavidad al posar sus manos sobre ellas, o las llaves se curvaban con el suave golpeo de sus dedos, incluso algunas br√ļjulas se tambaleaban al paso de este ins√≥lito personaje.

Image: Geller (AP)

Llegó un punto que Geller parecía un tipo de ciencia en sí mismo, así que a comienzos de los 70 y para comprender mejor sus métodos, los científicos de Stanford (SRI) le pidieron que participara en una serie de experimentos imparciales. Geller estuvo de acuerdo.

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Durante cinco semanas, los investigadores Harold Puthoff y Russell Targ convirtieron al polémico personaje en el blanco de su escrutinio científico, uno donde fue sometido a toda clase de experimentos en el laboratorio.

La primera prueba de Stanford giró en torno a una serie de dibujos que se habían realizado antes de los experimentos y que se colocaron en unos sobres. Se le pidió que recreara cada imagen seleccionada en su propio papel.

Algunos de los dibujos fueron examinados por los investigadores antes de ingresar a la sala de experimentos con Geller, otros eran doble ciego, donde ni siquiera los investigadores sabían lo que había dentro de cada sobre antes de que se abriera, y algunas de las imágenes las llevaron consultores externos, selladas en sus sobres antes de llegar a la instalación.

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Antes de la mayoría de estos experimentos, Geller expresó una cierta inseguridad acerca de sus habilidades, y de hecho se negó a responder el 20% del tiempo debido a la falta de confianza en su respuesta. Sin embargo, en aquellos que completó, mostró un sorprendente nivel de precisión. Sus representaciones eran un tanto toscas, pero con frecuencia tenían un inconfundible parecido con el original.

Los investigadores también realizaron pruebas para medir su capacidad a la hora de detectar materiales sin verlos, una habilidad (pseudociencia) conocida como radiestesia. En cada uno de estos experimentos se le presentó una caja de diez botes de aluminio numerados y se le pidió que determinara cuál de ellos contenía un objeto.

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Antes de que se presentaran a Uri, un tercero coloc√≥ el objeto en un recipiente al azar y luego mezcl√≥ las posiciones de las latas. Los objetos utilizados eran bolas, imanes, agua a temperatura ambiente y terrones de az√ļcar. A Geller no se le permiti√≥ tocar las latas o la caja. El protocolo indicaba que deb√≠a eliminarlas una a una se√Īal√°ndolas o por su n√ļmero hasta que solo quedaran dos, luego se le ped√≠a que adivinara cu√°l de las dos restantes conten√≠a el contenido llamando su n√ļmero y anot√°ndolo.

¬ŅResultado? A medida que avanzaban las pruebas, parec√≠a ganar confianza hasta que llam√≥ al n√ļmero del recipiente correcto al entrar a la habitaci√≥n. En catorce pruebas, hubo dos ocasiones en que se neg√≥ a adivinar, pero en todas las otras doce pruebas hizo la selecci√≥n correcta. Los investigadores estaban alucinados con el rendimiento. No hab√≠a signos de trampa o fraude, pero las probabilidades de adivinar correctamente en las doce pruebas eran de una entre un bill√≥n.

Lo cierto es que las demostraciones de manipulaci√≥n de metal fueron algo menos impresionantes. Aunque anteriormente hab√≠a reclamado la capacidad de doblar objetos met√°licos sin tener contacto f√≠sico, no lo pudo demostrar en el laboratorio. Cuando se le permiti√≥ tocar ligeramente las cucharas o tenedores con las manos, se doblaron; pero tal evidencia era in√ļtil debido a la incapacidad de determinar la cantidad de fuerza que estaba usando.

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Image: Geller (AP)

Finalmente, el informe resultante se public√≥ en la revista Nature en 1974. Los investigadores no se apresuraron a sacar conclusiones, y descartaron en gran medida los resultados de psicoquinesis como no concluyentes, pero sintieron que se hab√≠a desempe√Īado el √©xito suficiente para que el fen√≥meno justificara m√°s estudio cient√≠fico. Los investigadores acu√Īaron el t√©rmino ‚Äúefecto Geller‚ÄĚ para describir sus demostraciones de poderes aparentemente paranormales. Hab√≠a nacido una superestrella sobrenatural‚Ķ de lo paranormal, ir√≥nicamente respaldada por la ciencia.

Y es en este momento de popularidad de Geller cuando aparece en escena James Randi, el hombre que tambi√©n pod√≠a llevar a cabo las haza√Īas de Uri. Randi, conocido tambi√©n como The Amazing Randi, parec√≠a poseer la asombrosa habilidad de doblar cucharas con un toque ligero. Sin embargo, Randi no hac√≠a gala de poderes sobrenaturales. De hecho, era un mago esc√©nico y un esc√©ptico cient√≠fico.

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En realidad, Randi preparaba las cucharas de antemano doblándolas hacia adelante y hacia atrás hasta que el cuello se debilitaba lo suficiente. Todos sus trucos eran eso, trucos donde además solía dirigir la atención de los espectadores a otra parte para mejorar el resultado final. Además, al acabar cada truco explicaba a su audiencia cómo lograba las ilusiones.

Image: Randi (AP)

En 1974, Randi recibe una llamada de Johnny Carson, quien realizaba el programa The Tonight Show. Carson tenía a Geller como invitado en unos días y era escéptico de las afirmaciones de Geller. Quería la ayuda de Randi para evitar cualquier tipo de trampa en directo.

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Finalmente Carson, asesorado por Randi, no le permiti√≥ a Geller sacar sus propias cucharas. Randi sugiri√≥ que los productores presentaran a Uri una variedad de sus propias cucharas y dibujos sin preparar. Cuando Geller sali√≥ al escenario estaba extra√Īamente nervioso. Cuando su mirada se pos√≥ en la colecci√≥n de objetos y se le solicit√≥ demostrar sus habilidades en el show, no pudo continuar, quej√°ndose de que no se sent√≠a ‚Äúfuerte‚ÄĚ esa noche en particular.

Sin embargo, el incidente tuvo poco efecto en la popularidad de Uri, y en los a√Īos siguientes amas√≥ una fortuna y continu√≥ asombrando al p√ļblico.

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As√≠ fue como llegamos al final de la d√©cada de los 70. El laboratorio McDonnell comienza un esfuerzo organizado para localizar y estudiar a personas que pudieran demostrar convincentemente el ‚Äúefecto Geller‚ÄĚ.

Cuando Randi lo escuch√≥, se puso en contacto con los investigadores y les dio consejos sobre c√≥mo evitar ser enga√Īados, sin embargo, los cient√≠ficos no recibieron con agrado su escepticismo. Durante las primeras fases de las pruebas, muchos de los solicitantes fueron descalificados por no demostrar sus habilidades, pero dos hombres j√≥venes, Mike Edwards y Steve Shaw, parec√≠an ser muy aut√©nticos.

En una serie de experimentos, los dos hombres contorsionaron una gran variedad de cubiertos: hicieron que los objetos levitaran, las br√ļjulas temblaban y fueron capaces de recrear dibujos que se entregaron en sobres sellados. Parec√≠a que la ciencia hab√≠a reivindicado a Uri Geller y sus contempor√°neos una vez m√°s.

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Image: Randi durante una de sus actuaciones (AP)

Cuatro a√Īos despu√©s despu√©s de aquellas pruebas en los laboratorios McDonnell, Edwards y Shaw realizaron una conferencia de prensa en Nueva York con la revista Discover. La pareja de videntes famosos hizo un anuncio que dej√≥ a la audiencia con la boca abierta. Mike Edwards le dijo a la multitud: ‚ÄúLa verdad es que no somos videntes. Somos magos‚ÄĚ. Y Steve Shaw agreg√≥ en medio del murmullo: ‚ÄúS√≠, durante los √ļltimos cuatro a√Īos hemos estado enga√Īando a la gente‚ÄĚ.

Ambos continuaron explicando que simplemente hab√≠an estado participando en el Proyecto Alfa, un esfuerzo orquestado por James Randi para ilustrar que la investigaci√≥n paranormal moderna estaba tan cegada por el prejuicio que era incapaz de detectar el enga√Īo. De hecho, Edwards y Shaw demostraron muchos de sus m√©todos a la prensa, trucos que consist√≠an principalmente en juegos de manos muy b√°sicos.

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En algunas de las pruebas de doblar cucharas de laboratorio, explicaron cómo cambiaron secretamente las etiquetas entre varias cucharas para que las mediciones angulares de los investigadores antes y después de los experimentos mostraran cambios detectables en la forma de cada cuchara.

En otros, manejaron una cuchara a plena vista para alejar la atenci√≥n de los experimentadores de su otra mano, que estaba doblando manualmente otra cuchara para ocultarla. Incluso emplearon imanes peque√Īos para muchas de las ilusiones. La ‚Äúciencia‚ÄĚ hab√≠a ca√≠do en el enga√Īo de lo paranormal.

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Tras la noticia, el campo de la parapsicolog√≠a qued√≥ paralizado, y muchos de los investigadores involucrados fueron desacreditados por el Proyecto Alfa. Su objetivo no hab√≠a sido avergonzar a nadie, sino que era un experimento social utilizado para demostrar que los parapsic√≥logos son susceptibles de enga√Īo y autoenga√Īo, independientemente de su inteligencia y entrenamiento.

El Proyecto Alfa, con Randi a la cabeza, ilustró de la mejor forma la tendencia humana de buscar solo la evidencia que respalde las preconcepciones propias, un fenómeno conocido por la psicología como sesgo de confirmación.

Por cierto, por si existe alg√ļn genio en la sala, desde los a√Īos 80 y durante muchos a√Īos, Randi estuvo dispuesto a pagar un mill√≥n de d√≥lares a cualquier persona que demostrara cualquier capacidad ps√≠quica, sobrenatural, o paranormal bajo una observaci√≥n controlada.

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Ni siquiera Geller aprovechó esta oportunidad para demostrar su valía.