Podrían estar tan cerca como peligrosamente invisibles.
Astrónomos de la Universidad Estatal de São Paulo identificaron una población de asteroides “co-venusianos”, cuerpos celestes que comparten la órbita de Venus y que, por su posición, permanecen ocultos la mayor parte del tiempo detrás del resplandor solar.
El hallazgo, publicado en una revista especializada en dinámica planetaria, advierte que algunos de estos objetos podrían acercarse a la Tierra en el futuro, lo que los convierte en una prioridad para la astronomía de defensa planetaria.
Asteroides ocultos en el resplandor del Sol
La mayoría de los asteroides conocidos se concentran en el cinturón principal entre Marte y Júpiter, en órbitas estables y bien monitoreadas.
Pero los asteroides que se mueven entre la Tierra y el Sol escapan casi por completo a los telescopios terrestres.
Los investigadores brasileños identificaron que los co-venusianos —asteroides que comparten el recorrido orbital de Venus— pasan la mayor parte del tiempo en una zona del cielo imposible de observar debido al brillo solar.
Esto los hace casi invisibles, y solo pueden detectarse durante breves ventanas de observación al amanecer o al anochecer.
“Son objetos que podrían pasar desapercibidos hasta que uno de ellos cambie su trayectoria y se dirija hacia nosotros”, explicó uno de los autores del estudio.

Un riesgo remoto, pero real
Hasta ahora se conocen apenas una veintena de asteroides co-venusianos, pero las simulaciones por computadora sugieren que podría haber decenas o cientos más ocultos en la órbita del planeta vecino.
Los modelos muestran que estas rocas espaciales no tienen trayectorias completamente estables: con el tiempo, la influencia gravitatoria del Sol, Venus y la Tierra puede desplazarlas fuera de su órbita y empujarlas hacia trayectorias cercanas a nuestro planeta.
Aunque la probabilidad de impacto es baja y se ubica en una escala de miles de años, los científicos consideran que estos cuerpos representan una fuente potencial de riesgo a largo plazo.
“En una escala temporal humana, el peligro no es inminente. Pero en términos astronómicos, es casi inevitable que algunos terminen cruzando la órbita terrestre”, detallaron los autores.
La invisibilidad del peligro
La dificultad radica en que estos asteroides permanecen escondidos por la luz solar.
Los telescopios tradicionales no pueden rastrearlos porque se ubican en la dirección del Sol, donde los instrumentos ópticos quedarían cegados.
Esto significa que los objetos co-venusianos podrían acercarse a la Tierra sin previo aviso, lo que complica los esfuerzos globales para la detección temprana de amenazas espaciales.
Los científicos señalan que las órbitas inestables de estos asteroides podrían causar expulsiones esporádicas hacia el espacio interior del sistema solar, incluyendo trayectorias que intercepten la Tierra.
La necesidad de una misión dedicada
Dado el riesgo y la falta de datos, los astrónomos proponen el lanzamiento de una misión espacial específica para observar la región entre Venus y el Sol.
Una sonda equipada con instrumentos de infrarrojo y radar podría mapear con precisión estos objetos, determinar su tamaño, composición y trayectorias, y evaluar su verdadero potencial de amenaza.

Iniciativas similares, como la misión NEO Surveyor de la NASA, se centran en los asteroides cercanos a la Tierra, pero hasta ahora no existen programas enfocados exclusivamente en los co-venusianos.
“Si queremos anticipar un posible impacto dentro de mil años, tenemos que empezar a buscar hoy”, subrayan los investigadores.
El desafío de observar lo invisible
Estos cuerpos rocosos, ocultos por el brillo solar, representan un desafío científico comparable al de la detección de exoplanetas.
A diferencia de los objetos del cinturón de asteroides, que pueden verse con telescopios ópticos, los co-venusianos requieren observatorios espaciales fuera de la órbita terrestre o misiones situadas en puntos donde el Sol no bloquee la visión.
De confirmarse su número y tamaño, estas rocas podrían ofrecer también una oportunidad única para comprender la evolución dinámica del sistema solar interior, donde las interacciones gravitacionales son más complejas e inestables.
El descubrimiento de estos asteroides invisibles cerca de Venus recuerda que el sistema solar sigue lleno de enigmas —y potenciales amenazas— aún por descubrir.
Por ahora, los astrónomos insisten en que no hay motivo de alarma inmediata, pero sí una lección clara: conocer mejor los objetos que orbitan entre el Sol y la Tierra será clave para protegernos de futuros impactos y para entender los equilibrios ocultos que rigen nuestro vecindario cósmico.
Fuente: Meteored.