Guayama, Puerto Rico, una semana después del impacto del huracán María. (Foto: AP Images)

Apenas han pasado dos semanas desde que fue regres√≥ la energ√≠a el√©ctrica a algunas comunidades de la regi√≥n de Salinas‚ÄďGuayama en Puerto Rico. El sureste de la isla fue uno de los primeros lugares que sintieron la ira del hurac√°n Mar√≠a, y tambi√©n ha sido uno de los √ļltimos en sentir algo de calma. Ruth Santiago ha estado ah√≠ durante todo este tiempo.

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Ruth Santiago. (Foto cortes√≠a de Chris Jordan‚ÄďBloch de Earthjustice)

Santiago es una abogada de la red latina de acci√≥n clim√°tica El Puente, una iniciativa con sede en Puerto Rico que se dedica a la justicia ambiental. Ruth vive en Salinas, en el coraz√≥n de la isla en materia de producci√≥n de energ√≠a. Los afrodescendientes puertorrique√Īos tambi√©n se concentran en esta regi√≥n: el 18,5% de la poblaci√≥n vive en el municipio de Guayama, seg√ļn datos del censo.

Después de que el ojo del huracán María azotara la región el 20 de septiembre, todavía muchos residentes no cuentan con energía eléctrica. Los servicios de telecomunicaciones son intermitentes. Santiago se encontraba en Nueva York la semana pasada reunida con el equipo regional de El Puente, así que nuestra web hermana Earther tomó la oportunidad para charlar con ella y escuchar cómo es la vida actualmente en la isla.

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Santiago comienza su d√≠a temprano en la ma√Īana, a eso de las 05:30am. Al despertar se queda un momento en la cama mirando su tejado, todav√≠a cansada aunque se supone que deber√≠a haber descansado toda la noche. La abogada no ha podido dormir bien durante las √ļltimas semanas debido al sonido de los tantos generadores de energ√≠a (por esta raz√≥n es que los medios llaman a Puerto Rico ‚Äúla Isla generador‚ÄĚ). Afortunadamente para ella, cada vez son menos los vecinos que usan generadores √ļltimamente, dado que la energ√≠a poco a poco ha ido regresando.

Sin embargo, todav√≠a todo se siente extra√Īo. La comunidad de Santiago tiene la suerte de contar con agua potable, y dice que aunque se siente agradecida por esto, no es lo mismo que antes. Usar mucha agua hace que la presi√≥n disminuya, as√≠ que las duchas deben ser muy r√°pidas. Ya no es como antes que las usaban para asearse pero tambi√©n para relajarse y refrescarse.

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Santiago extra√Īa las barras de jab√≥n naturales que sol√≠a comprar en un mercado org√°nico en Ponce, a unos 45 minutos de distancia de su casa. Por culpa del hurac√°n, tanto ese mercado como muchas otras tiendas est√°n vac√≠as hoy en d√≠a.

Antes de que regresara la energ√≠a el√©ctrica Santiago llenaba un plato con cereales para desayunar. La leche de almendras no se da√Īa tan r√°pido como otras, y esta es la clase de cosas que descubres cuando no puedes conversar tu comida en el refrigerador. Santiago y su esposo se acostumbraron a terminar su cart√≥n de leche en apenas dos d√≠as.

Cuando Santiago se obstinaba de comer cereales, se dirig√≠a a su panader√≠a preferida en el pueblo, La Exquisita. Despu√©s de entre 15 y 20 minutos de espera pod√≠a comprar su ‚Äúpan de agua‚ÄĚ o ‚Äúpan sobao‚ÄĚ. Cuando el hurac√°n impact√≥ la isla las panader√≠as no funcionaban igual (si es que acaso abr√≠an). Cuando comenzaron a abrir se formaban filas con m√°s de 50 personas temprano en la ma√Īana.

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El huracán María arrancó de raíz un árbol en la calle de Santiago. (Foto cortesía de Ruth Santiago)

Ahora que tiene energ√≠a el√©ctrica de nuevo, el refrigerador de Santiago funciona de nuevo y puede almacenar huevos y cocinarlos en el desayuno. Y vaya que extra√Īa sus platos de comida de siempre. Para desayunar normalmente comer√≠a tostadas con huevos y un sabroso y cremoso quesito blanco con algo de fruta. Antes de que regresara la energ√≠a, sus cenas sol√≠an ser at√ļn o cualquier otro enlatado, por lo que trataba de comer algo mejor cada vez que sal√≠a de casa.

Pensar en las frutas y el queso hace que Santiago se ponga nost√°lgica. Los mercados que sol√≠a visitar ya no venden queso, y encontrar frutas frescas como pl√°tanos, mangos y pi√Īas sigue siendo dif√≠cil.

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De hecho, los árboles de los que se cosechaban estas frutas han desaparecido. Santiago solía pasar junto a las granjas todo el tiempo, pero después del paso del huracán vio todos esos árboles y plantas destruidas en el suelo. Hoy en día ya limpiaron la zona, pero dice que no pareciera que pronto vayan a sembrar nuevos. Santiago duda que los granjeros y agricultores de Puerto Rico vayan a sembrar pronto con las lluvias que están azotando a la isla. El huracán María pasó hace dos meses, pero las lluvias no se han detenido en todo este tiempo. Algunas incluso han sido torrenciales.

Dos veces por semana Santiago conduce hasta la ciudad de San Juan para trabajar. Normalmente ella trabajaba desde casa, pero sin acceso a internet ya no puede hacerlo. Conducir hasta la ciudad solía tomarle máximo una hora, pero hoy en día tarda 90 minutos. Los caminos siempre tienen tráfico y están llenos de coches. Todo el sur de la isla viaja al norte buscando comida o acceso a internet.

Su trabajo oficial no es lo √ļnico que hace Santiago. Los d√≠as que no va a San Juan se desplaza hasta un centro comunitario en Salinas para ayudar proporcionando almuerzos a los ancianos, pa√Īales a los beb√©s, agua e incluso l√°mparas. Incluso antes de la tormenta ella siempre estuvo muy involucrada en su comunidad, intentando protegerla de la contaminaci√≥n cercana, debido a que la regi√≥n es sede de varias plantas de energ√≠a y carb√≥n.

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Jóvenes retiran escombros y ramas de la carretera cerca de la casa de Santiago. (Foto cortesía de Ruth Santiago)

Santiago regresa a su casa después de un arduo día de trabajo. Su hogar ahora tiene luz, gracias a la planta que encendieron cerca, pero antes era pura oscuridad, solo se iluminaba gracias a las lámparas solares que le envió su hijo desde Filadelfia.

Ruth toma su ducha nocturna (la segunda del d√≠a) y se prepara para dormir. Ahora que tiene energ√≠a el√©ctrica, no tiene que encender sus radios para tratar de disimular el sonido de los generadores o apagar sus l√°mparas solares, aunque todav√≠a tiene que prepararse para enfrentarse al d√≠a de ma√Īana.

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Después de una oración, cierra sus ojos y se prepara.