Saltar al contenido
Ciencia

Durante casi 180 años nadie supo si este disco era un coral, una medusa o algo completamente distinto. Decenas de fósiles de Marruecos acaban de revelar qué animal se escondía detrás

No se trata de una especie recién descubierta, sino de un viejo enigma observado con fósiles excepcionales. Su intestino en espiral, sus tentáculos y una anatomía que apenas suele fosilizarse revelan cómo eran algunos de los animales más desconcertantes del Ordovícico.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

A simple vista, Discophyllum peltatum parece una marca circular estampada sobre la roca. No tiene huesos, caparazón ni extremidades reconocibles. Durante generaciones, los paleontólogos lo hicieron pasar por casi todo: coral, medusa, equinodermo y miembro de otros grupos difíciles de encajar.

El fósil tampoco acaba de ser encontrado. Fue descrito en 1847 a partir de ejemplares de Nueva York, mientras que los restos marroquíes comenzaron a estudiarse a principios de este siglo. La verdadera novedad es una revisión publicada en Journal of Iberian Geology que reúne el abundante material de la Biota de Tafilalt y reconstruye con mucho más detalle la identidad del organismo.

El equipo de Diego C. García-Bellido, Sara Romero y Juan Carlos Gutiérrez-Marco concluye que los fósiles marroquíes atribuidos a Eldonia berbera pertenecen en realidad a Discophyllum peltatum. Además, formaliza un nuevo orden y una nueva familia para organizar a estos extraños animales discoidales.

Marruecos no encontró un fósil nuevo: encontró suficientes para resolver el antiguo rompecabezas

Durante casi 180 años nadie supo si este disco era un coral, una medusa o algo completamente distinto. Decenas de fósiles de Marruecos acaban de revelar qué animal se escondía detrás
© Journal of Iberian Geology.

Según indica el estudio, los investigadores analizaron 15 ejemplares del Museo Geominero de Madrid, otro conservado en la Universidad Complutense y alrededor de 80 fósiles examinados directamente sobre el terreno. Discophyllum es, de hecho, el organismo de cuerpo blando más abundante conocido en la Biota de Tafilalt.

Los restos proceden de varios niveles del Ordovícico Superior del Anti-Atlas, entre ellos Bou Nemrou y afloramientos situados al este de Erfoud. Allí quedaron conservados como moldes y contramoldes en arenisca, algo extraordinario para animales que carecían de partes mineralizadas resistentes.

Algunos ejemplares aparecen plegados o parcialmente enrollados, señal de que su cubierta exterior era flexible. La región ya era uno de los grandes archivos de la biodiversificación del Ordovícico: según explica una síntesis de la Geological Society, sus yacimientos conservan representantes de al menos nueve filos, además de organismos problemáticos que rara vez aparecen en el registro fósil.

Dentro del disco había un intestino enrollado y una boca rodeada de tentáculos

Durante casi 180 años nadie supo si este disco era un coral, una medusa o algo completamente distinto. Decenas de fósiles de Marruecos acaban de revelar qué animal se escondía detrás
© Journal of Iberian Geology.

Los fósiles mejor conservados permiten abandonar la antigua comparación superficial con una medusa. Discophyllum tenía un cuerpo aplanado, con una cara dorsal convexa y otra ventral más plana. Desde el centro se extendían crestas radiales conectadas por pequeñas estructuras transversales.

Su rasgo más revelador era una estructura interna enrollada hacia la derecha y con una forma aproximada de G. El artículo la interpreta como un saco que contenía el tubo digestivo. Uno de sus extremos se comunicaba con una boca que, en ciertos ejemplares, conserva la impresión de tentáculos ramificados utilizados probablemente para alimentarse; en el extremo opuesto se situaría el ano.

Ese conjunto permite incluirlo entre los eldonioideos, animales marinos de cuerpo blando conocidos desde el Cámbrico. El equipo crea formalmente el orden Eldonida y sitúa a Discophyllum dentro de la nueva familia Paropsonemidae, caracterizada por el intestino enrollado y la ornamentación radial.

Aun así, el misterio no ha desaparecido. Los autores los consideran cambroérnidos relacionados con las ramas iniciales de los deuteróstomos, el gran linaje que incluye a equinodermos, hemicordados y cordados. Todavía no puede determinarse con precisión a cuál de esas ramas tempranas estaban más próximos.

Este extraño animal también conectó océanos separados por miles de kilómetros

Discophyllum no solo apareció en lo que hoy es Marruecos. También se conoce en rocas del estado de Nueva York. Hace unos 450 millones de años, ambos lugares ocupaban latitudes muy alejadas: el noroeste africano formaba parte de Gondwana y estaba cerca del polo sur, mientras la región norteamericana se encontraba en aguas más templadas.

Esa distribución sugiere que estos animales pudieron extenderse por enormes áreas oceánicas pese a su escasa capacidad para fosilizar. Los autores plantean que las corrientes y la dispersión de larvas pudieron conectar faunas muy separadas. Su modo de vida adulto continúa abierto: no está claro si flotaban, vivían cerca del fondo o permanecían apoyados sobre él.

El trabajo no “reescribe” por sí solo toda la evolución animal ni descubre una criatura desconocida. Hace algo más preciso: corrige una identificación, organiza un grupo problemático y demuestra que aquel disco aparentemente simple escondía boca, tentáculos, intestino y una arquitectura corporal propia.

Después de casi 180 años cambiando de identidad, Discophyllum empieza a encontrar su sitio. Y lo hace gracias a unas areniscas del desierto marroquí que conservaron la anatomía de un animal blando nacido cuando casi toda la vida compleja del planeta seguía concentrada en los océanos.

Compartir esta historia

Artículos relacionados