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Ciencia

El universo acaba de pasar una prueba de edad con 155.600 relojes estelares. El resultado vuelve a señalar los 13.800 millones de años y complica una de las salidas a la tensión de Hubble

No observaron directamente el Big Bang ni midieron su resplandor fósil. Buscaron las estrellas más antiguas de la Vía Láctea y comprobaron que un universo mucho más joven tendría serios problemas para contenerlas.
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El universo no conserva un certificado de nacimiento que podamos consultar. Para calcular cuánto tiempo ha pasado desde el Big Bang, los cosmólogos reconstruyen su historia mediante señales como la radiación cósmica de fondo, la expansión de las galaxias y la evolución de los objetos más antiguos que todavía existen.

La combinación de esas observaciones con el modelo cosmológico estándar sitúa su edad en aproximadamente 13.800 millones de años. Sin embargo, la persistente tensión de Hubble y algunas interpretaciones exageradas de los primeros resultados del telescopio James Webb han alimentado la idea de que esa cifra podría estar profundamente equivocada.

Un nuevo trabajo ha decidido comprobarlo mirando mucho más cerca. En lugar de estudiar el universo primitivo, sus autores analizaron cientos de miles de estrellas de la Vía Láctea para localizar las más antiguas. El resultado coloca a la veterana de la muestra en 13.730 millones de años, con un margen de incertidumbre de unos 150 a 180 millones. Es una edad compatible con el universo de 13.800 millones de años que describe la cosmología estándar.

La Vía Láctea contiene relojes que comenzaron a funcionar poco después del Big Bang

El universo acaba de pasar una prueba de edad con 155.600 relojes estelares. El resultado vuelve a señalar los 13.800 millones de años y complica una de las salidas a la tensión de Hubble
© Caltech/Phil Hopkins group.

El equipo partió de un catálogo de 247.103 estrellas subgigantes observadas mediante los espectros de LAMOST DR7 y las mediciones de distancia de Gaia eDR3. Las subgigantes resultan especialmente útiles porque han comenzado a abandonar la fase más estable de su vida y sus propiedades cambian con rapidez, permitiendo estimar su edad con mayor precisión que en muchas estrellas de la secuencia principal.

Los investigadores compararon su temperatura, luminosidad, masa y composición química con modelos de evolución estelar conocidos como isocronas Yonsei-Yale. El catálogo original permitía edades teóricas de hasta 20.000 millones de años, una decisión necesaria para no imponer de antemano el resultado cosmológico que se quería comprobar.

Eso produjo algunos valores físicamente imposibles. Un pequeño número de estrellas parecía tener 16, 18 o incluso más de 20.000 millones de años, no porque fueran anteriores al universo, sino por errores de medición, pérdida de masa, sistemas binarios no detectados o limitaciones de los modelos.

Para limpiar esas anomalías, el equipo exigió que las candidatas más antiguas fueran pobres en metales y estuvieran enriquecidas en elementos alfa, dos características esperables en estrellas formadas durante las primeras etapas de la Vía Láctea. También contrastó las edades obtenidas con las calculadas de manera independiente por el sistema FLAME de Gaia. Tras aplicar los filtros, quedaron 155.600 estrellas situadas a menos de cinco kilopársecs del Sol.

No bastaba con encontrar la estrella que mostrara el número más alto

Escoger simplemente la estrella con la mayor edad aparente habría sido peligroso. En una muestra de más de 150.000 objetos, siempre aparecerán casos extremos provocados por incertidumbres estadísticas.

Por eso, los investigadores reconstruyeron mediante técnicas bayesianas y cadenas de Markov la distribución de edades reales que podría esconderse detrás de las mediciones. De ese modo, no buscaron el número más espectacular del catálogo, sino la edad probable de la estrella verdaderamente más antigua de toda la muestra.

El cálculo principal arrojó 13.730 millones de años, con un intervalo de aproximadamente +180 y −150 millones. Al modificar los criterios de selección, los resultados extremos oscilaron entre 13.310 y 14.020 millones de años, una variación que muestra que los modelos estelares todavía introducen incertidumbres importantes.

Una estrella tampoco pudo formarse en el instante exacto del Big Bang. Primero tuvieron que aparecer las primeras estructuras, acumularse el gas y nacer estrellas capaces de sobrevivir hasta la actualidad. Los autores utilizan un retraso razonable de alrededor de 200 millones de años y comparan su resultado con los aproximadamente 13.600 millones esperados para las estrellas más antiguas dentro de un universo de 13.800 millones.

Las cifras centrales no coinciden al último decimal, pero sí lo hacen dentro de sus márgenes de error. El estudio, por tanto, no mide la edad del cosmos con más precisión que la radiación de fondo ni “demuestra” por sí solo una cifra exacta. Proporciona algo diferente: un reloj independiente que avanza desde la formación de las primeras estrellas y marca prácticamente la misma época.

Las estrellas no resuelven la tensión de Hubble, pero descartan algunas respuestas fáciles

El universo acaba de pasar una prueba de edad con 155.600 relojes estelares. El resultado vuelve a señalar los 13.800 millones de años y complica una de las salidas a la tensión de Hubble
© ESA / Hubble & NASA, L. C. Ho, D. Thilker.

La tensión de Hubble surge porque las mediciones del universo cercano indican una expansión actual más rápida que la inferida a partir de la radiación cósmica de fondo. Dentro de ciertos modelos, una expansión más rápida conduce a un universo más joven, cercano a los 12.900 o 13.000 millones de años.

El problema es evidente: resulta muy difícil colocar una estrella de unos 13.700 millones de años dentro de un cosmos que apenas alcanza los 12.900 millones. Los autores sostienen que su resultado complica especialmente las soluciones que intentan resolver toda la tensión introduciendo nueva física exclusivamente antes de la recombinación. No descarta otras explicaciones ni determina qué medición de la constante de Hubble es correcta.

Existe además una cautela importante: el trabajo de Banik y sus colaboradores fue publicado inicialmente como preprint en arXiv, por lo que todavía debe superar el proceso completo de revisión científica. No obstante, un estudio independiente publicado en 2026 en Astronomy & Astrophysics, basado en una muestra más pequeña y filtros distintos, obtuvo una edad estelar cercana a 13.600 millones de años y llegó a una conclusión similar.

El universo podría reservar todavía sorpresas sobre su expansión, sus primeros instantes y la naturaleza de la energía oscura. Pero, por ahora, sus estrellas más antiguas parecen estar de acuerdo con el resplandor dejado por el Big Bang.

Dos relojes completamente diferentes han vuelto a marcar casi la misma hora: unos 13.800 millones de años desde que comenzó todo.

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