Saltar al contenido
Ciencia

No es el guepardo: este animal puede superar los 300 km/h y deja atrás a muchos coches

El guepardo domina las carreras sobre tierra, pero el récord absoluto de velocidad del reino animal pertenece a un ave. Cuando el halcón peregrino se lanza en picada para cazar, puede superar los 300 km/h gracias a un cuerpo convertido prácticamente en un proyectil biológico.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Cuando pensamos en el animal más rápido del planeta, probablemente aparezca primero el guepardo. Tiene sentido: es capaz de correr a velocidades cercanas a los 100 km/h y acelerar de una manera extraordinaria. Pero ni siquiera se acerca al verdadero campeón.

El récord pertenece al halcón peregrino (Falco peregrinus), un ave rapaz que durante sus picadas de caza puede alcanzar velocidades superiores a 320 km/h. Existen registros experimentales que han situado su velocidad cerca de los 389 km/h, aunque esa cifra corresponde a condiciones particulares de medición. Los estudios aerodinámicos utilizan habitualmente valores superiores a 320 km/h para describir sus descensos más extremos.

La clave está en que no alcanza esa velocidad mediante un vuelo horizontal convencional. Lo consigue transformándose en una especie de misil emplumado.

Para cazar se deja caer desde el cielo

El halcón peregrino suele ganar altura antes de atacar. Cuando localiza una presa —normalmente otra ave— comienza una maniobra conocida como picado o stoop.

Durante el descenso recoge parcialmente las alas y adopta una postura extremadamente aerodinámica. La gravedad lo acelera mientras el animal modifica continuamente la posición de alas, cola y cuerpo para controlar la trayectoria.

No se trata simplemente de “caerse”. Estudios sobre la aerodinámica del peregrino muestran que el ave cambia su configuración corporal durante distintas fases de la picada, equilibrando velocidad, estabilidad y capacidad para maniobrar.

Todo ocurre en cuestión de segundos.

No es el guepardo: este animal puede superar los 300 km/h y deja atrás a muchos coches
© Deep Look – Youtube.

Ni siquiera el guepardo puede competir con él

Sobre tierra, el panorama cambia. El guepardo continúa siendo el mamífero terrestre más rápido, aunque las cifras populares de 120 km/h suelen representar estimaciones extremas más que velocidades habituales durante una cacería.

Mediciones realizadas con collares GPS en animales salvajes registraron máximos cercanos a 93 km/h, mientras otros trabajos y modelos biomecánicos sitúan su capacidad máxima alrededor de los 100-105 km/h.

Es impresionante, pero sigue siendo aproximadamente un tercio de lo que puede conseguir un peregrino en una picada extrema.

Y la diferencia tiene una explicación fundamental: el guepardo tiene que producir prácticamente toda su aceleración mediante sus músculos contra el suelo; el halcón utiliza además la gravedad.

Un cuerpo diseñado para sobrevivir a velocidades extremas

Viajar a más de 300 km/h también supone un problema. El aire deja de sentirse como una brisa y se convierte en una enorme fuerza que actúa contra el cuerpo.

La forma compacta del peregrino reduce esa resistencia y le permite mantener el control durante el descenso. El diseño de sus alas, su musculatura y sus ajustes corporales hacen posible una combinación difícil de encontrar: alcanzar una velocidad enorme y todavía poder corregir la trayectoria para interceptar una presa.

Por eso describirlo simplemente como “el ave más rápida” se queda corto. Es considerado el animal más rápido del planeta cuando se toma como referencia la velocidad alcanzada durante su picada.

El récord animal depende de dónde se compita

La naturaleza, en realidad, tiene diferentes campeones.

El guepardo reina en tierra firme. Otras especies sobresalen nadando, corriendo largas distancias o acelerando en espacios muy pequeños. Pero cuando la única pregunta es qué animal puede alcanzar la mayor velocidad absoluta, el halcón peregrino juega en otra categoría.

Un animal de apenas alrededor de medio metro puede lanzarse desde el cielo a velocidades propias de un vehículo de competición. Y no necesita un motor: le bastan gravedad, millones de años de evolución y una anatomía preparada para convertir una cacería en uno de los descensos más rápidos de la naturaleza.

Fuente: Futura Science.

Compartir esta historia

Artículos relacionados