El experimento terminó. Elon Musk, otrora adalid de la eficiencia gubernamental en la administración Trump, ha abandonado su cargo con un simple tuit y muchas cuentas pendientes. La figura mediática que llegó con motosierra en mano y saludos polémicos, se va envuelto en críticas a un proyecto económico que —según sus propias palabras— traiciona su misión.
Del símbolo ecológico al brazo fiscal de Trump

Musk fue nombrado jefe del DOGE (Departamento de Eficiencia Gubernamental) con la promesa de erradicar el gasto público innecesario. Su llegada, llena de teatralidad —con saludos al estilo fascista y una motosierra regalada por poco agraciado y ávido Javier Milei—, buscaba revolucionar el aparato estatal.
Pero lo que parecía una misión disruptiva terminó chocando con la realidad institucional. Las resistencias internas y los reveses judiciales enfriaron rápidamente cualquier expectativa de recortes drásticos. Aunque algunas partidas —como la de USAID— sí sufrieron recortes significativos, los logros generales fueron más simbólicos que efectivos.
El giro ideológico de Musk, que pasó de liderar la transición ecológica con Tesla a representar a un gobierno que niega el cambio climático, le salió caro. Las ventas de sus vehículos eléctricos cayeron, al igual que la cotización bursátil de sus empresas. Ni siquiera la escenificación de Trump al volante de un Tesla logró revertir la tendencia.
Un desencuentro anunciado

El punto de quiebre llegó con el nuevo megaproyecto económico impulsado por Trump. En una entrevista con CBS Sunday Morning, Musk reveló su “decepción” con la ley, a la que acusa de “aumentar el déficit en lugar de reducirlo”. Según el magnate, esto contradice directamente los principios del DOGE.
Trump, por su parte, defendió el proyecto como una de sus grandes victorias. La ley incluye recortes fiscales, aumentos en defensa y control fronterizo, y la eliminación de ayudas para energías limpias. Según la Oficina Presupuestaria del Congreso, podría añadir 3,8 billones de dólares a la deuda nacional, que ya supera el 124 % del PIB.
La crítica pública de Musk lo coloca en la vereda opuesta a Trump en un momento crucial. “Me decepcionó ver ese gasto tan enorme. Socava todo lo que hicimos en el DOGE”, afirmó. A pesar de su salida, Musk insiste en que su misión no ha terminado: “El DOGE seguirá creciendo hasta volverse una forma de vida”.