Durante mucho tiempo, la contaminación del aire se abordó principalmente como un problema urbano: tráfico, industria, calefacciones o puertos. Pero la atmósfera no entiende de fronteras administrativas.
Un contaminante generado en una región puede desplazarse y terminar afectando a otra situada a cientos de kilómetros. En España, este fenómeno resulta especialmente visible durante los episodios de ozono, incendios forestales y entradas de polvo sahariano.
El ozono puede llegar desde muy lejos
El ozono troposférico no se emite directamente. Se forma mediante reacciones químicas entre óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles bajo condiciones de fuerte radiación solar y temperaturas elevadas.
El problema es que tanto el ozono como sus precursores pueden desplazarse a larga distancia.
Copernicus explica que estos flujos transfronterizos contribuyen a mantener concentraciones elevadas incluso lejos de los principales focos de emisión. En 2026, casi el 40 % de la población mundial estuvo expuesta a niveles extremadamente altos de ozono, mientras Europa se situó entre las regiones con mayor exposición.
Las sucesivas olas de calor del verano europeo empeoraron la situación, porque el calor y la radiación solar favorecen la producción de ozono.

Los incendios tampoco se quedan donde empiezan
El humo de los incendios puede transportar partículas finas y gases contaminantes a enormes distancias.
Durante el verano de 2026, Copernicus registró en España emisiones de incendios muy superiores a lo habitual. En Madrid, la combinación de tráfico, humo y polvo sahariano llegó a elevar las concentraciones medias diarias de PM2,5 hasta aproximadamente 80-100 µg/m³ durante uno de los episodios más intensos.
Las partículas finas son especialmente relevantes porque pueden penetrar profundamente en el aparato respiratorio y están asociadas con efectos cardiovasculares y respiratorios. El Sahara también forma parte del problema
España está además en una posición privilegiada para recibir masas de polvo procedentes del norte de África.
Estas intrusiones pueden elevar notablemente las concentraciones de partículas PM10 y deteriorar temporalmente la calidad del aire. Copernicus ha documentado episodios en los que las nubes de polvo atravesaron la península ibérica y siguieron avanzando hacia otras zonas de Europa.
Y a veces varios fenómenos coinciden al mismo tiempo. En junio de 2026, por ejemplo, Copernicus siguió simultáneamente el transporte hacia Europa de polvo sahariano y humo de incendios canadienses.
The CAMS Atmosphere Watch explores the air we share: ozone, the invisible pollutant that crosses borders; wildfire smoke that can turn local disasters into continental air pollution episodes; and dust, the global traveller.
Discover the data behind it:https://t.co/wsHqXM4v5v pic.twitter.com/lZ0RCVwFpy
— Copernicus ECMWF (@CopernicusECMWF) September 30, 2026
La contaminación necesita respuestas coordinadas
Todo esto explica por qué mejorar el aire de una ciudad no depende únicamente de reducir sus propias emisiones.
Las medidas locales siguen siendo esenciales, especialmente para disminuir contaminantes procedentes del tráfico o de la industria. Pero el transporte atmosférico obliga también a coordinar sistemas de vigilancia y predicción entre regiones y países.
Copernicus ya ofrece previsiones europeas de ozono, PM2,5, PM10, polvo y otros contaminantes con varios días de antelación.
En un escenario con olas de calor más frecuentes, incendios intensos y episodios de polvo, saber de dónde viene el aire contaminado será cada vez tan importante como saber dónde se respira.