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El asombroso ano de esta criatura marina solo aparece cuando lo necesita (luego vuelve a desaparecer)

La naturaleza de algunas criaturas de la Tierra es tan asombrosa que algunas no tienen ano y son capaces de defecar por la boca. Lo que nunca antes habíamos visto era un ser vivo que tuviera la capacidad de hacer aparecer y desaparecer su ano, el cual surge únicamente cuando hay caca.

Hablamos de la Mnemiopsis leidyi, una especie conocida coloquialmente como nuez de mar que pertenece a un grupo de invertebrados marinos llamados ctenóforos. De ellos hemos hablado en otras ocasiones, ya que ha existido un largo debate donde se las incluía como la forma de vida animal más antigua del planeta, debate que añadía también a las esponjas y las medusas.

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Hasta ahora, se creía que estos antiguos organismos tenían un trasero que estaba abierto al público las 24 horas del día. Sin embargo, y después de que el biólogo Sidney Tamm pasara una considerable cantidad de tiempo filmando cómo defecaban, la historia ha cambiado.

En un artículo publicado en Invertebrate Biology se describe a la especie con un “ano transitorio”, y no uno cualquiera, podríamos estar hablando del primero de la historia evolutiva. Básicamente, lo que Tamm descubrió es que tenían un agujero que desaparece y reaparece. Según el investigador:

Ese es un hallazgo realmente espectacular. No hay documentación de un ano transitorio en ningún otro animal que se conozca

Al parecer, la Mnemiopsis leidyi engulle pequeños crustáceos y peces bebés a través de una abertura, algo “parecido” a nuestra boca con labio. A partir de ahí, la comida pasa por una garganta y desciende por un esófago que tritura la comida, y finalmente llega a un estómago en forma de embudo. Todos los componentes grandes que no se pueden digerir se envían de vuelta a la boca, mientras que el resto ingresa a una red de canales que distribuyen nutrientes por todo el cuerpo.

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Finalmente, la última etapa del viaje incluye dos canales, cada uno de los cuales termina en un callejón sin salida en forma de Y. Siempre se asumió que había una especie de abertura en cada uno de ellos para que los trozos de pescado triturado fueran excretados. Ocurre que Tamm no podía encontrarlos. “El ano es invisible entre las defecaciones. No puedes verlo con tus ojos o con un microscopio”, dijo el investigador.

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No sólo eso. Parece que los animales solo usan uno de los dos extremos de la Y, algunos hacen uso de la izquierda y otros del canal derecho. El otro, en cada caso, no formó un ano, al menos no en los diez días en que se observaron a las criaturas.

También descubrió que cuando uno de los canales se hincha con desechos, empuja hacia el borde exterior, hasta que choca contra su piel desde el interior. Luego, en el último momento, la criatura ‘crece’: el canal se fusiona con la piel externa de la gelatina para formar un poro anal, que se vuelve a sellar inmediatamente una vez que los desechos salen disparados.

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Parece que un agujero que se abre se hace cada vez más grande, y luego ves que los residuos salen de inmediato”, dijo Tamm. “Entonces, el anillo de fusión disminuye y vuelve a sellarse y ya no hay ninguna abertura”.

Debido a que los linajes de los ctenóforos son tan antiguos, sus adaptaciones pueden arrojar luz sobre cuestiones evolutivas más amplias. Por ejemplo, podrían ser un tipo de vínculo perdido entre las especies que nunca desarrollaron un ano separado y los animales que lo desarrollaron de forma “ordinaria”, incluidos los humanos. [Invertebrate Biology vía Science Alert]

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Miguel Jorge

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