Saltar al contenido
Ciencia

El asteroide que llegó a ser considerado “el de mayor riesgo jamás observado” ya no preocupa tanto. Nuevas observaciones del telescopio James Webb aclaran su trayectoria y descartan un impacto contra la Luna

Hace apenas un año, el asteroide 2024 YR4 despertó inquietud entre los astrónomos. Primero parecía tener una pequeña probabilidad de impactar la Tierra y más tarde surgió otro escenario inesperado: un posible choque con la Luna. Ahora, nuevas observaciones del telescopio James Webb han permitido reconstruir su trayectoria con mucha más precisión.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

El descubrimiento del asteroide 2024 YR4 a finales de 2024 activó rápidamente las alarmas dentro de la comunidad científica dedicada a la defensa planetaria. Las primeras estimaciones sugerían que esta roca espacial, de unos 60 metros de diámetro —similar al tamaño de un edificio— tenía una probabilidad de hasta 3,1% de impactar la Tierra en diciembre de 2032. Aunque esa cifra no implicaba un peligro inmediato, sí era suficiente para convertirlo en uno de los objetos más vigilados por los sistemas de seguimiento de asteroides.

Las observaciones realizadas en los meses siguientes descartaron pronto un impacto directo contra nuestro planeta. Sin embargo, el análisis orbital dejó abierta otra posibilidad inesperada: que el asteroide pudiera colisionar con la Luna. En junio de 2025, los cálculos situaban esa probabilidad en torno al 4,3%, lo que habría convertido el evento en un fenómeno astronómico único para la humanidad.

El telescopio James Webb logró observarlo antes de lo previsto

El asteroide que llegó a ser considerado “el de mayor riesgo jamás observado” ya no preocupa tanto. Nuevas observaciones del telescopio James Webb aclaran su trayectoria y descartan un impacto contra la Luna
© NASA/Telescopio Magdalena Ridge de 2,4 metros/Instituto de Tecnología de Nuevo México/Ryan.

La mayor dificultad para comprender la trayectoria exacta de 2024 YR4 era que el asteroide pronto desaparecería del campo de observación desde la Tierra. Los astrónomos no esperaban poder volver a medir su órbita con precisión hasta 2028, cuando reapareciera en una posición favorable.

Sin embargo, dos investigadores —el astrónomo planetario Andy Rivkin, del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, y el científico planetario Julien de Wit, del MIT— identificaron una oportunidad diferente. Propusieron utilizar el Telescopio Espacial James Webb (JWST), el observatorio más potente actualmente en funcionamiento, capaz de detectar objetos extremadamente tenues en el sistema solar.

El Webb observó el asteroide en dos breves ventanas de observación el 18 y el 26 de febrero, aprovechando la enorme sensibilidad de su instrumentación infrarroja. Detectar el objeto no fue sencillo: en ese momento, YR4 estaba a millones de kilómetros y brillaba con una intensidad comparable a una almendra vista desde la distancia de la Luna.

Las imágenes obtenidas fueron, según la NASA y la Agencia Espacial Europea, entre las detecciones más débiles jamás realizadas de un asteroide.

Un asteroide casi invisible y una técnica nueva para seguirlo

El asteroide que llegó a ser considerado “el de mayor riesgo jamás observado” ya no preocupa tanto. Nuevas observaciones del telescopio James Webb aclaran su trayectoria y descartan un impacto contra la Luna
© Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA/JPL.

El mayor desafío no era solo la debilidad del objeto, sino también su movimiento. A diferencia de las galaxias o exoplanetas que suele observar el Webb, los asteroides se desplazan rápidamente en el cielo. Esto obligó al equipo a adaptar la Cámara de Infrarrojo Cercano del telescopio para seguir con precisión un objetivo en movimiento.

Para lograrlo, los investigadores desarrollaron una estrategia que permitía rastrear el asteroide mientras se mantenía una astrometría extremadamente precisa, es decir, mediciones muy exactas de su posición respecto a las estrellas de fondo.

Las exposiciones cuidadosamente sincronizadas permitieron detectar un objeto 4.000 millones de veces más tenue de lo que puede ver el ojo humano. A partir de esas mediciones, los científicos pudieron reconstruir con mayor precisión la órbita del asteroide.

La nueva trayectoria descarta un impacto lunar

Los datos obtenidos por el Webb permiten ahora estimar que el asteroide pasará a unos 22.900 kilómetros de la Luna, con un margen de error de aproximadamente 800 kilómetros. En términos astronómicos, esa distancia es relativamente pequeña, pero resulta suficiente para descartar cualquier colisión.

La clave, según los investigadores, no es solo la distancia final sino la reducción de incertidumbre en los cálculos orbitales. Cada nueva observación permite acotar el rango de trayectorias posibles y eliminar escenarios de impacto.

Aunque algunos científicos admiten cierta decepción por perder la oportunidad de observar un gran impacto lunar —algo que nunca se ha documentado con instrumentos modernos— el caso de YR4 ha demostrado algo igualmente valioso: la capacidad de la humanidad para detectar, seguir y comprender la trayectoria de objetos potencialmente peligrosos con gran precisión.

Además, la experiencia adquirida podría resultar fundamental en el futuro. Nuevos telescopios espaciales diseñados específicamente para detectar asteroides, como el Near-Earth Object Surveyor, se sumarán pronto a la vigilancia del cielo. Cuando aparezca el próximo objeto potencialmente peligroso, los científicos ya tendrán herramientas y métodos probados para estudiar su órbita.

En cierto modo, el asteroide 2024 YR4 ha pasado de ser una posible amenaza a convertirse en un ensayo general para la defensa planetaria del futuro. Y eso, para los astrónomos, también es una buena noticia.

Compartir esta historia

Artículos relacionados