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Ciencia

El compost también sufre con el calor: cómo evitar que se seque y deje de funcionar

El calor extremo puede secar demasiado el compost, frenar la actividad de los microorganismos y retrasar durante semanas la descomposición. El problema empeora cuando se vacía el compostador antes de tiempo. Mantener la humedad, equilibrar materiales verdes y marrones y tener paciencia puede marcar la diferencia durante los meses más calurosos.
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Hacer compost parece sencillo: acumular restos de cocina, hojas, ramas y residuos del jardín hasta que la naturaleza los transforme en un abono oscuro y rico en nutrientes. Sin embargo, durante los meses de verano el proceso puede volverse mucho más delicado, especialmente cuando las temperaturas son muy altas y el compostador permanece expuesto durante horas al sol directo.

El principal problema es la pérdida de humedad. Los microorganismos responsables de descomponer la materia orgánica necesitan agua, oxígeno y una temperatura adecuada para mantenerse activos. Cuando la pila se seca demasiado, su actividad disminuye y el proceso comienza a ralentizarse, aunque desde fuera pueda parecer que simplemente “no está pasando nada”.

Precisamente ahí aparece uno de los errores más habituales: vaciar el compostador antes de tiempo porque parece haberse detenido.

El compost también sufre con el calor: cómo evitar que se seque y deje de funcionar
© Magnific

El calor ayuda, pero demasiado puede convertirse en un problema

Una pila de compost bien equilibrada genera calor de manera natural como consecuencia de la actividad microbiana. En determinadas condiciones, la temperatura interna puede alcanzar incluso alrededor de 60 o 70 °C, algo beneficioso porque acelera la descomposición y puede ayudar a eliminar semillas de malas hierbas y algunos organismos no deseados.

El problema aparece cuando a ese calor interno se suma una exposición prolongada al sol y una pérdida rápida de agua. La superficie comienza a secarse, los materiales pierden humedad y la actividad biológica se reduce. En lugar de acelerar el compostaje, una ola de calor intensa puede terminar produciendo el efecto contrario.

Por eso, durante el verano conviene comprobar periódicamente la humedad del material. El compost debería mantenerse húmedo, pero no empapado, con una textura similar a la de una esponja bien escurrida. Si está completamente seco, puede añadirse agua de manera gradual mientras se remueve ligeramente la pila para repartirla mejor.

El equilibrio entre materiales sigue siendo fundamental

La temperatura no es el único factor que determina si un compost funciona correctamente. También importa mantener una proporción adecuada entre los llamados materiales verdes y marrones.

Los verdes incluyen restos de frutas y verduras, césped recién cortado y otros residuos ricos en nitrógeno. Los marrones, en cambio, incluyen hojas secas, cartón sin plastificar, pequeñas ramas o materiales ricos en carbono.

Una mezcla demasiado húmeda y rica en residuos verdes puede compactarse y quedarse sin suficiente oxígeno, generando malos olores. Si predominan demasiado los materiales secos, el proceso puede volverse lento y detenerse durante largos períodos. Remover ocasionalmente la mezcla ayuda a introducir oxígeno y distribuir mejor la humedad y el calor.

En buenas condiciones, obtener un compost suficientemente maduro puede llevar entre seis meses y un año, dependiendo del tamaño de los restos, el clima, la aireación y la frecuencia con la que se controle la pila.

Vaciarlo antes de tiempo puede hacer perder meses de trabajo

Durante una ola de calor, ver que el compost deja de transformarse puede llevar a pensar que se ha estropeado. Sin embargo, muchas veces simplemente ha entrado en una fase de menor actividad debido a la falta de humedad.

En estas condiciones, sacar todo el contenido y desecharlo puede significar perder meses de descomposición que podrían recuperarse fácilmente cuando bajen las temperaturas.

Algunos jardineros incluso reducen las intervenciones durante las semanas más calurosas y permiten que el proceso se reactive naturalmente con la llegada del otoño. Mientras la mezcla conserve cierto equilibrio y no aparezcan señales importantes de putrefacción, la paciencia suele ser una mejor estrategia que empezar nuevamente desde cero.

Una de las mejores señales de que el proceso ha terminado correctamente es el olor. El compost maduro debería recordar a tierra húmeda o al suelo de un bosque, sin aromas fuertes o desagradables. Si aparecen malos olores, normalmente indican que existe demasiada humedad, poca ventilación o un desequilibrio entre los materiales.

En verano, por tanto, el secreto no consiste en acelerar el proceso a cualquier precio, sino en evitar que el calor extremo rompa el equilibrio que los microorganismos necesitan para seguir trabajando.

Fuente: Futura Science.

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