La vida sexual de las arañas resulta mucho más sofisticada de lo que se pensaba. Un hallazgo reciente demuestra que las hembras de viuda negra occidental no solo seducen con contacto directo, sino también con un “perfume” que se activa en su telaraña. El proceso químico convierte sus señales invisibles en un olor duradero y poderoso que atrae a los machos durante semanas, revelando un sistema de comunicación sorprendentemente complejo.
Una telaraña impregnada de señales
Las hembras depositan compuestos feromonales en la red que desencadenan cortejo inmediato cuando el macho la toca. A la vez, estos compuestos se degradan lentamente, liberando ácido isobutírico, el olor intenso que, aunque desagradable para los humanos, resulta irresistible para los machos, que siguen el rastro hasta la hembra.

El poder del ácido isobutírico
Los análisis químicos identificaron las moléculas clave y confirmaron que su descomposición enzimática prolonga la señal durante semanas. En experimentos de campo, trampas con este compuesto capturaron machos en la naturaleza, mientras las de control quedaron vacías, demostrando que la telaraña actúa como un auténtico difusor sexual.
Cortejo estratégico y ajuste estacional
El estudio mostró que las hembras intensifican su “perfume” en verano, cuando abundan los machos maduros, y lo reducen en los meses fríos y lluviosos. Este ajuste dinámico confirma que las viudas negras optimizan el gasto energético en función de la disponibilidad de pareja, una estrategia que aumenta sus probabilidades reproductivas.

Implicaciones evolutivas
Hasta ahora solo se conocían feromonas sexuales en un puñado de especies de arañas. El caso de la viuda negra occidental demuestra que estos arácnidos poseen sistemas de comunicación tan refinados como los de muchos insectos, con señales químicas que perduran en el tiempo. El hallazgo abre puertas a nuevas investigaciones en ecología química y potenciales aplicaciones en el control de plagas.
Fuente: Infobae.