A simple vista, la llanura de Nullarbor parece uno de esos lugares donde apenas ocurre nada. El paisaje, extremadamente plano y árido, se extiende durante miles de kilómetros en el sur de Australia y ofrece pocas pistas sobre lo que sucede bajo tierra. Sin embargo, unas extrañas depresiones que atraviesan la superficie han llevado a los investigadores a mirar mucho más allá de los primeros metros de roca.
Durante años, estas estructuras podían interpretarse como antiguos canales creados por el agua. Pero un nuevo análisis geológico apunta hacia una historia diferente: las marcas serían el resultado visible de enormes sistemas de cuevas que se desarrollaron lentamente en el subsuelo y que, con el paso del tiempo, terminaron provocando el hundimiento de la superficie.
Las extrañas marcas que cruzan una llanura casi perfecta
La investigación, publicada en Communications Earth & Environment, se centró en cinco largas depresiones de Nullarbor. Algunas recorren varios kilómetros y alcanzan entre 100 y 500 metros de anchura, pero apenas sobresalen unos pocos metros respecto al terreno circundante. En una región que supera los 200.000 kilómetros cuadrados y presenta una topografía extraordinariamente uniforme, esas pequeñas variaciones son difíciles de detectar.
Los investigadores, dirigidos por Matej Lipar y con participación de científicos de Curtin University, combinaron mapas del terreno, registros de cuevas, análisis de sedimentos y diferentes técnicas geofísicas para reconstruir lo que había ocurrido bajo esas estructuras.
Los modelos digitales del terreno fueron especialmente importantes. Al exagerar las pequeñas diferencias de altura, las depresiones se hicieron mucho más evidentes. Sin embargo, había un detalle que no encajaba con la explicación de que fueran antiguos valles o canales de drenaje.
No presentaban las redes de corrientes conectadas ni otras características habituales de los terrenos moldeados por grandes cantidades de agua superficial. En cambio, las evidencias apuntaban hacia un proceso que había tenido lugar bajo tierra.
La explicación comenzó a aparecer cuando los científicos pudieron observar qué había debajo de esas aparentes zanjas. Las señales geológicas mostraban que la historia de Nullarbor no estaba escrita únicamente sobre la superficie.

El verdadero origen estaba hasta 150 metros bajo tierra
La investigación indica que las depresiones están relacionadas con antiguos sistemas de cuevas formados cuando el agua subterránea fue disolviendo lentamente la roca caliza. Este proceso se desarrolló durante millones de años, mientras la plataforma de Nullarbor permanecía expuesta a la erosión.
Algunas de las cavidades se encuentran entre 50 y 150 metros por debajo de la superficie. Sus galerías pueden extenderse durante cientos de metros y alcanzar decenas de metros de anchura. Lo que hoy parece una simple depresión en medio del desierto sería, por tanto, la consecuencia tardía de una transformación que comenzó a gran profundidad.
Cuando el nivel freático descendió, las cuevas quedaron progresivamente vacías. La ausencia del agua redujo parte del soporte que ayudaba a estabilizar sus techos, favoreciendo fracturas, deformaciones y colapsos. Con el tiempo, el material situado sobre las cavidades comenzó a hundirse y produjo las depresiones que todavía pueden observarse en el terreno.
Las pruebas geofísicas reforzaron esta interpretación. La tomografía de resistividad eléctrica detectó zonas de baja resistividad asociadas a materiales fracturados y acumulaciones de sedimentos. Algunas de estas señales aparecían a profundidades superiores a las zonas directamente estudiadas.
Las observaciones sísmicas pasivas también encontraron roca menos consolidada bajo los ejes de las depresiones. Todo ello permitió establecer una conexión entre las formas visibles desde el aire y las estructuras enterradas.
Una evidencia particularmente reveladora apareció en Clay Dam Cave, dentro de la zanja de Koonalda. Allí, una dolina de colapso permite observar unos 20 metros de estratos deformados y sedimentos. Estructuras similares también fueron identificadas en acantilados costeros cercanos.
Una pista inesperada para explorar otros mundos
El interés del hallazgo no termina en Australia. Los investigadores consideran que el patrón descubierto en Nullarbor podría servir como referencia para localizar sistemas de cuevas que permanecen ocultos en otros ambientes áridos.
La región australiana ofrece unas condiciones especialmente útiles para este tipo de estudios debido a su estabilidad y extrema sequedad. La ausencia de una intensa erosión superficial permite conservar señales que en otros lugares podrían desaparecer rápidamente.
Esto abre una posibilidad mucho más ambiciosa: utilizar determinadas depresiones superficiales como indicadores de cavidades subterráneas incluso cuando estas no pueden observarse directamente.
El método también podría resultar útil para estudiar otros planetas. Marte, por ejemplo, posee numerosos paisajes antiguos y secos donde las estructuras superficiales podrían conservar pistas sobre procesos subterráneos ocurridos hace millones o incluso miles de millones de años.
Las cuevas marcianas despiertan especial interés porque podrían haber protegido materiales frente a la radiación y las condiciones extremas de la superficie. En futuras investigaciones, identificar señales que indiquen la presencia de cavidades podría ayudar a seleccionar lugares de interés para explorar posibles rastros de actividad biológica pasada.
Así, una serie de pequeñas depresiones en uno de los paisajes más planos de Australia termina revelando una historia mucho mayor: la de un mundo subterráneo que permaneció oculto durante millones de años y cuya existencia todavía puede leerse en la superficie.
[Fuente: El Confidencial]