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Ciencia

El día que la Tierra se congeló: El récord de frío que la NASA encontró en la Antártida

A más de 3.000 metros de altura, en una región inhóspita y casi imposible de alcanzar, la NASA registró la temperatura más baja jamás medida en el planeta: -93,2 °C. El hallazgo, confirmado tras tres décadas de datos satelitales, revela un paisaje tan extremo que se compara con Marte y las lunas heladas del sistema solar.
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En el corazón blanco de la Antártida Oriental, donde el aire quema y el silencio se vuelve absoluto, un punto en la alta meseta registró un frío tan intenso que rompió cualquier récord previo en la historia de la humanidad. La NASA lo confirmó tras años de observación, ofreciendo una ventana a un entorno tan extremo como alienígena.

El hallazgo en la cima del mundo helado

El día que la Tierra se congeló: el récord de frío que la NASA encontró en la Antártida
© Unsplash – Getty.

Fue el 10 de agosto de 2010 cuando, en la alta cordillera conocida como Domo Fuji, los sensores del satélite Landsat 8 captaron algo inusual: una temperatura de -93,2 °C. Este registro superaba en más de cuatro grados el récord anterior, convirtiendo a la Meseta Antártica Oriental en el lugar más frío de la Tierra.

El hallazgo, confirmado en diciembre de 2013 por el Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo de Estados Unidos, situó la marca en “bolsas” de aire helado formadas cerca de una cresta entre Dome Argus y Dome Fuji. La altitud, la sequedad extrema y la estabilidad atmosférica crean allí las condiciones perfectas para que el calor —lo poco que hay— escape sin retorno.

Un espejo de otros mundos

El día que la Tierra se congeló: el récord de frío que la NASA encontró en la Antártida
© Unsplash – Tetiana Grypachevska.

La Meseta Antártica, conocida también como meseta del polo sur geográfico, se extiende más de mil kilómetros y sobrepasa los 3.000 metros de altitud. Es uno de los lugares más áridos y fríos del planeta, un paisaje donde el agua solo existe como hielo o vapor, rara vez como líquido.

Según el investigador del Centro de Astrobiología, Víctor Parro, este entorno es el mejor análogo terrestre para estudiar Marte o las lunas heladas como Europa y Encélado. Allí, la ausencia casi total de humedad y el frío perpetuo permiten probar instrumentación científica destinada a buscar vida en lugares donde, como en la Meseta Antártica, sobrevivir parece imposible.

El frío que desafía la vida

Ted Scambos, experto en hielo, lo resume con una comparación contundente: este lugar es “50 grados más frío que cualquier otra temperatura registrada en Alaska, Siberia o Dakota del Norte”.

En este rincón de la Tierra, cada respiro sería una cuchillada helada y cada paso, una lucha contra la nada. Un escenario que, aunque inhóspito, se convierte en un laboratorio natural para descifrar los límites de la vida.

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