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El estudiante de Yale que vivió en secreto en un conducto de ventilación porque no podía pagar el alquiler

Si ya es difícil entrar en una universidad de la Ivy League, imagínate pagarla. Durante su época de estudiante, Allan Kornfeld se encontraba en una situación intermedia: podía seguir estudiando en Yale, pero no tenía dinero para costearse el alquiler. Lo solucionó con un poco de ingenio (y mucha falta de vergüenza).

Kornfeld había llegado a New Haven desde Tulsa, Oklahoma, con una beca de cuatro años. El dinero de la beca se terminó el día de su graduación, en junio de 1963, pero Allan, que tenía 22 años, decidió que aún no estaba preparado para entrar en la escuela de medicina. Dispuesto a pasar un año más en Yale, y sin ingresos para alquilar una habitación, optó por vivir a escondidas en el campus.

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Esconderse no fue fácil para un joven de metro noventa. Primero se instaló en el ático del Silliman College, uno de los 12 colegios residenciales de Yale, pero acabó llamando la atención de la policía del campus y tuvo que mudarse. Encontró el escondite perfecto: un estrecho pasadizo de ladrillos que servía para ventilar las pistas de squash de la universidad.

En aquel antiguo conducto de ventilación puso un colchón, un escritorio, un reloj y una radio, y pasó el curso entero sin ser descubierto. Había disfrazado la entrada con una tabla de madera y papel pintado de ladrillos. Solo sus mejores amigos conocían el escondite: hasta donde sabían los funcionarios y profesores de la universidad, Allan Kornfeld vivía a las afueras del campus en una dirección que él mismo había proporcionado.

La verdadera historia se dio a conocer el día que terminó sus estudios. El propio Kornfeld contó cómo se las había arreglado para vivir gratis los últimos siete meses. Se despertaba, iba a clase, comía en el comedor universitario (incluido en el precio de la matrícula) y volvía a su escondite para seguir estudiando.

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Según dijo a Associated Press en junio de 1964, “hacía un poco de frío” en aquel conducto de ventilación, pero lo había solucionado comprando una manta eléctrica. Ahora Allan Kornfeld es una leyenda más de Yale.

[Weird Universe vía BoingBoing]

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Matías S. Zavia

Matías tiene dos grandes pasiones: Internet y el dulce de leche

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