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Ciencia

El fenómeno biológico que está cambiando el color del mar cerca de las Malvinas

Imágenes satelitales revelaron enormes remolinos de tonos blancos, celestes y turquesas extendiéndose por el Atlántico Sur. El fenómeno se debe a una floración masiva de fitoplancton impulsada por una combinación favorable de luz, temperatura, nutrientes y corrientes oceánicas.
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Desde la superficie del océano, el fenómeno podría pasar prácticamente desapercibido, pero observado a cientos de kilómetros de altura adquiere dimensiones extraordinarias. Satélites de la NASA detectaron una enorme floración de fitoplancton en aguas próximas a las Islas Malvinas, donde millones de organismos microscópicos modificaron temporalmente el color del Atlántico Sur y formaron estructuras visibles desde el espacio.

Las imágenes muestran grandes remolinos de blanco lechoso, celeste y turquesa que se extienden sobre una amplia superficie oceánica, dibujando patrones que siguen la circulación de las corrientes marinas. Aunque por su aspecto podrían confundirse con sedimentos o incluso con algún tipo de contaminación, los especialistas atribuyen estas tonalidades a una concentración excepcionalmente elevada de organismos fotosintéticos.

El episodio ofrece una demostración particularmente visual de algo que ocurre constantemente bajo la superficie: el océano no es una masa uniforme, sino un ecosistema extremadamente dinámico en el que la disponibilidad de nutrientes, la temperatura, la luz solar y las corrientes pueden provocar cambios biológicos a escalas gigantescas.

El océano cambió de color cerca de las Malvinas y solo podía verse desde el espacio
© Magnific

Millones de microorganismos cambiaron el color del océano

El fitoplancton está formado por organismos microscópicos que viven suspendidos en las capas superiores del agua y obtienen energía mediante la fotosíntesis. Cuando las condiciones ambientales resultan favorables, determinadas poblaciones pueden multiplicarse rápidamente y producir lo que los científicos denominan una floración.

En este caso, la combinación de nutrientes disponibles, suficiente radiación solar y condiciones adecuadas de temperatura habría favorecido un crecimiento masivo. Posteriormente, las corrientes oceánicas distribuyeron esas concentraciones y las transformaron en enormes espirales y filamentos que llegaron a extenderse durante cientos de kilómetros.

Los sensores instalados en satélites pueden detectar estas floraciones porque diferentes sustancias presentes en el océano reflejan y absorben la luz de maneras específicas. Analizando esos cambios de color, los investigadores consiguen estimar la presencia y distribución de fitoplancton incluso en regiones demasiado extensas como para estudiarlas únicamente mediante barcos.

Una enorme floración también revela la productividad del Atlántico Sur

Más allá de las imágenes, la concentración de fitoplancton resulta importante para comprender el funcionamiento del ecosistema marino, porque estos microorganismos constituyen la base de buena parte de las cadenas alimentarias oceánicas. Son consumidos por organismos pequeños que, a su vez, alimentan peces, aves y animales marinos de mayor tamaño.

Por ese motivo, las floraciones pueden estar estrechamente relacionadas con la productividad biológica de determinadas regiones y ayudar a explicar por qué algunas zonas oceánicas sostienen importantes poblaciones de peces.

El fenómeno también despertó numerosos comentarios en redes sociales argentinas debido a que los tonos blancos y celestes de las imágenes fueron comparados con los colores de la bandera nacional, generando interpretaciones simbólicas relacionadas con la histórica disputa de soberanía sobre las islas. Desde el punto de vista científico, sin embargo, las tonalidades responden a procesos biológicos y oceanográficos naturales.

Los satélites permiten observar procesos imposibles de apreciar desde el mar

Este tipo de observaciones muestra por qué la vigilancia satelital se ha convertido en una herramienta fundamental para estudiar los océanos. Desde el espacio es posible seguir cambios en la temperatura superficial, medir concentraciones de clorofila, detectar floraciones algales y observar cómo las corrientes transportan organismos y nutrientes a enormes distancias.

También permite comparar estos eventos a lo largo del tiempo y estudiar cómo responden los ecosistemas marinos a variaciones climáticas y ambientales.

La gigantesca mancha descubierta cerca de las Malvinas no es, por tanto, una anomalía inexplicable, sino una explosión temporal de vida microscópica cuya verdadera escala solo se vuelve evidente cuando se observa el planeta desde el espacio.

 

Fuente: Noticias Ambientales.

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