Durante años, muchas mujeres con menstruaciones extremadamente dolorosas o sangrados abundantes convivieron con sus síntomas sin saber exactamente qué los provocaba. Una de las posibles explicaciones es la adenomiosis, una enfermedad ginecológica considerablemente menos conocida que la endometriosis y cuya prevalencia podría alcanzar aproximadamente al 20% de las mujeres, aunque determinar una cifra exacta sigue siendo complicado debido a las dificultades para diagnosticarla.
La adenomiosis aparece cuando tejido similar al que recubre el interior del útero se introduce en su pared muscular, denominada miometrio. A medida que responde a los cambios hormonales del ciclo menstrual, puede generar inflamación, aumento del tamaño uterino, dolor y hemorragias más intensas de lo habitual.
El problema es que sus manifestaciones son muy variables. Mientras algunas pacientes presentan síntomas capaces de afectar significativamente su vida cotidiana, otras pueden convivir con la enfermedad sin saberlo, lo que ayuda a explicar por qué todavía resulta difícil establecer cuántas mujeres la padecen realmente.

El dolor y los sangrados abundantes son algunas de sus señales
Entre las manifestaciones más habituales se encuentran las menstruaciones abundantes o prolongadas, los cólicos intensos y el dolor pélvico, aunque la experiencia puede variar considerablemente entre pacientes. Algunas mujeres también pueden presentar molestias durante las relaciones sexuales o sensación de presión en la zona abdominal.
Sin embargo, se estima que hasta aproximadamente un tercio de quienes tienen adenomiosis podrían no desarrollar síntomas evidentes, una característica que complica todavía más su detección y hace posible que numerosos casos permanezcan sin diagnosticar.
La enfermedad también ha sido estudiada por su posible relación con determinados problemas reproductivos y complicaciones durante el embarazo, aunque el impacto depende de cada paciente y de otros factores asociados.
Durante años solo podía confirmarse después de extirpar el útero
Una de las razones por las que la adenomiosis permaneció durante tanto tiempo en segundo plano está relacionada con la forma en que históricamente se diagnosticaba. Durante décadas, la confirmación definitiva dependía del análisis microscópico del útero después de una histerectomía, lo que significaba que numerosos casos solo podían identificarse con certeza después de una cirugía.
La situación ha cambiado gracias al desarrollo de técnicas de imagen como la resonancia magnética y las ecografías pélvicas especializadas, que permiten detectar características compatibles con la enfermedad sin necesidad de extirpar el órgano.
Aun así, el diagnóstico continúa planteando dificultades y la medicina sigue trabajando para establecer criterios no invasivos más uniformes, algo especialmente importante porque los síntomas pueden confundirse con los de otras enfermedades ginecológicas, incluida la endometriosis.
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— Endometriosis.org (@Endometriosis) October 28, 2025
No existe un único tratamiento que funcione para todas
El abordaje depende principalmente de la intensidad de los síntomas, la edad de la paciente y si desea conservar su fertilidad. Entre las posibilidades existen tratamientos destinados a controlar el dolor y el sangrado, terapias hormonales y diferentes procedimientos médicos o quirúrgicos cuando las medidas conservadoras resultan insuficientes.
La respuesta puede variar considerablemente de una persona a otra, una diferencia que ha llevado a investigar si bajo el término adenomiosis podrían existir distintos subtipos de la enfermedad, cada uno con características y respuestas terapéuticas diferentes.
Precisamente ahí aparece uno de los principales desafíos actuales. Mientras la endometriosis ha ganado una visibilidad considerable durante los últimos años, la adenomiosis continúa siendo mucho menos conocida pese a compartir algunos síntomas y afectar potencialmente a millones de mujeres.
Comprender mejor sus mecanismos, mejorar el diagnóstico y desarrollar tratamientos más personalizados podría ayudar a reducir los años que algunas pacientes pasan normalizando dolores o sangrados que en realidad pueden tener una causa médica concreta. Que una enfermedad sea frecuente no significa que deba asumirse como una parte inevitable de menstruar.