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Ciencia

El planeta pierde más de un billón de toneladas de hielo al año… y los glaciólogos dicen que si no actuamos en esta década, perderemos tres cuartas partes de los glaciares de montaña

Los glaciares alpinos han perdido el 40% de su masa desde el año 2000. Los del Himalaya amenazan con inundaciones que afectan a 15 millones de personas. Si Groenlandia se deshelara, el nivel del mar subiría más de siete metros. Los glaciólogos advierten que los presupuestos se recortan, los gobiernos dudan y el tiempo para actuar se acaba. Un documental de RTVE repasa el estado del colapso en primera persona
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Hay una frase de Michael Zemp, director del Servicio Mundial de Vigilancia de los Glaciares, que resume el estado de la crisis con una precisión que debería incomodar: «No recorrer 250 metros en coche, ahorra 1 kg de hielo». No es un dato climático abstracto — es una ecuación que conecta directamente el comportamiento individual con la velocidad a la que el planeta pierde su agua almacenada. Y el planeta la está perdiendo a una escala que los glaciólogos describen como sin precedentes en la historia humana.

Más de un billón de toneladas de hielo perdidas cada año

Glaciar
© Adriana Lorena Benavides Estrada – Unsplash

Los glaciares son, en palabras de Zemp, «uno de los mejores indicadores del cambio climático«. Llevan existiendo más de 2.000 millones de años. La Tierra comenzó a calentarse de forma natural hace 20.000 años, pero desde la Revolución Industrial la quema de combustibles fósiles aceleró ese proceso hasta una velocidad que los glaciares no pueden seguir. El planeta pierde más de un billón de toneladas de hielo al año — suficiente para inundar toda la ciudad de París bajo varios metros de agua.

En los Alpes, el impacto ya es irreversible en términos humanos: desde el año 2000 ha desaparecido el 40% de la masa glaciar de toda la cordillera. Fabrizio Troilo, glaciólogo de la Fundación Montagna Sicura, lo describe en términos físicos concretos: «Los glaciares ya no se adhieren a las rocas como antes y ante el menor indicio de calor, se derrumban». En 2022, el frente del glaciar de la Marmolada se derrumbó sin previo aviso; miles de toneladas de hielo, roca y tierra cayeron a 300 kilómetros por hora y mataron a once personas. Izabella Koziell, subdirectora del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas, advierte que «una vez que esos glaciares se derriten, desaparecen para siempre y no volverán a existir en milenios».

El Himalaya: 15 millones de personas amenazadas por desbordamientos de lagos glaciares

Himalaya
© Ben Lowe – Unsplash

Mientras los Alpes pierden volumen, el Himalaya acumula un riesgo diferente: los lagos glaciares. Cuando los glaciares se derriten, el agua se acumula en depresiones bloqueadas por morrenas — barreras de sedimento y hielo que pueden ceder de forma repentina. Todos los países del Himalaya, desde China hasta Pakistán, han visto agravarse este problema. En 2021, glaciólogos de Kirguistán predijeron con diez días de antelación el desbordamiento del lago Testor y pudieron actuar. En 2023, no hubo tanta suerte: el lago glaciar Lhonak en el Himalaya indio se desbordó sin aviso, generó una ola de 20 metros y mató a 110 personas, arrasando valles a lo largo de 400 kilómetros río abajo.

Tal como reporta RTVE en su cobertura del documental Salvar los glaciares, son 15 millones de personas las que viven bajo la amenaza de este tipo de inundaciones en toda la región himalaya. Koziell añade una dimensión de justicia climática: «Las personas que ahora sufren el impacto de ese calentamiento son las que menos han contribuido a él; es moral y éticamente injusto».

El escenario extremo: Groenlandia, siete metros de subida del nivel del mar

Groenlandia
© Johannes Plenio – Unsplash

El riesgo más extremo está en los casquetes polares. Andrew Shepherd, glaciólogo de la Universidad de Northumbria, advierte que ya se han desprendido unas quince plataformas de hielo alrededor de la Antártida. Esos icebergs se derriten en el océano y contribuyen a la subida del nivel del mar. Pero el escenario más catastrófico involucra a Groenlandia: si se deshelara el centro de la isla, el nivel del mar aumentaría más de siete metros a escala global. La catástrofe humanitaria afectaría directamente a 18 de las ciudades más pobladas del planeta, incluyendo Londres, Shanghái, Bangkok y Hamburgo.

Los glaciólogos claman urgencia — y se quejan de que nadie los escucha

Heïdi Sevestre, glacióloga de la Universidad de Svalbard, describe una situación que combina urgencia científica con frustración política: «La situación es desesperada, se están recortando presupuestos en todo el mundo, se está aplicando la autocensura». Los presupuestos de investigación climática se recortan en varios países, algunos gobiernos adoptan posturas escépticas respecto al cambio climático y los responsables políticos son difíciles de movilizar. «Para finales de la década, debemos asegurarnos de que cada ciudadano, cada periodista, cada responsable político lo comprenda de verdad», insiste Sevestre.

El escenario si no se actúa es claro según los expertos: perderemos tres cuartas partes de los glaciares de montaña y los casquetes polares seguirán reduciéndose peligrosamente. El escenario si se actúa ahora es diferente: el ritmo de pérdida puede ralentizarse, algunos glaciares pueden estabilizarse y las peores consecuencias pueden limitarse. La diferencia la hacen las decisiones de esta década.

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