Las colillas de cigarrillo son uno de los residuos urbanos más comunes y contaminantes. Sin embargo, algunas aves que viven cerca de las ciudades parecen haber encontrado una utilidad inesperada para ellas: incorporarlas a sus nidos.
Investigadores de la Universidad de Łódź, en Polonia, estudiaron este comportamiento en herrerillos comunes (Cyanistes caeruleus) para averiguar si los restos de cigarrillos realmente podían funcionar como una defensa frente a pulgas, garrapatas y otros organismos que atacan a los polluelos.
No es un comportamiento completamente nuevo para la ciencia. La utilización de colillas en nidos ya había sido documentada en lugares tan diferentes como México, Nueva Zelanda, las islas Galápagos y distintas ciudades europeas.
Una posible defensa química dentro del nido
La hipótesis es que las sustancias que permanecen en los filtros después de fumar actúan como una especie de repelente.
Las colillas pueden contener nicotina y numerosos compuestos químicos que podrían dificultar que ciertos parásitos localicen el nido, se reproduzcan o completen su desarrollo. Para comprobarlo, los investigadores analizaron 99 aves nacidas en cajas nido sometidas a tres tratamientos diferentes.
Un grupo permaneció en condiciones naturales y funcionó como control. En otro, el material interior fue esterilizado para eliminar prácticamente los parásitos. En el tercero, los científicos añadieron dos colillas de cigarrillo usadas para comprobar si producían algún efecto antiparasitario.

Los polluelos mostraron diferencias
Los análisis realizados a las crías revelaron que tanto los ejemplares criados en los nidos esterilizados como aquellos expuestos a las colillas presentaban mejores indicadores fisiológicos a corto plazo que los nacidos en los nidos naturales.
Cuando los polluelos abandonaron las cajas, los investigadores contabilizaron también los parásitos.
Los nidos naturales presentaban las poblaciones más elevadas. Los que contenían colillas tenían cantidades algo menores, mientras que en los nidos previamente esterilizados los parásitos eran prácticamente inexistentes.
Los resultados apoyan así la posibilidad de que las aves obtengan cierto beneficio antiparasitario al incorporar estos residuos.
Las colillas están lejos de ser inocuas
El descubrimiento no significa que las colillas sean un material saludable para las aves.
Estos residuos pueden contener nicotina, metales pesados, arsénico, hidrocarburos y otras sustancias tóxicas. Precisamente algunos de esos componentes podrían explicar su capacidad para afectar a los parásitos.
El problema es que los mismos químicos también entran en contacto con los propios polluelos.
Por eso, aunque se detecten beneficios durante las primeras etapas de desarrollo, todavía no se sabe si una exposición continuada puede provocar efectos perjudiciales meses o años después.

Un beneficio que podría tener un coste oculto
Los investigadores plantean así una situación paradójica. Un residuo creado por la actividad humana puede ofrecer a determinadas aves urbanas una defensa temporal frente a sus parásitos, pero al mismo tiempo introducir contaminantes en uno de los lugares más sensibles de su ciclo vital.
La investigación todavía necesita determinar si las mejoras iniciales compensan realmente los posibles daños acumulativos.
Por eso, el hallazgo tampoco debe interpretarse como una razón para dejar colillas en el suelo. Las aves parecen estar aprovechando un residuo disponible en las ciudades, pero eso no convierte a ese residuo en beneficioso para el ecosistema.
Lo sorprendente es otra cosa: algunas especies están incorporando materiales humanos a su comportamiento y encontrando funciones que nosotros nunca habíamos previsto.