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Ciencia

Imitar los gestos de otra persona puede fortalecer el vínculo social, según la psicología

Cruzar las piernas, tocarse la cara o adoptar una postura similar a la de quien tenemos enfrente puede ocurrir sin que lo notemos. La psicología estudia este fenómeno como “efecto camaleón” y ha encontrado que la imitación sutil puede favorecer la conexión, la cooperación y una percepción más positiva del interlocutor.
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A veces dos personas que conversan terminan adoptando posturas parecidas, moviendo las manos de forma similar o caminando al mismo ritmo. Aunque pueda parecer una coincidencia, la psicología lleva décadas estudiando esta tendencia a imitar de manera automática parte del comportamiento de quienes nos rodean.

Uno de los trabajos más conocidos fue publicado en 1999 por los psicólogos Tanya L. Chartrand y John A. Bargh, quienes denominaron al fenómeno “efecto camaleón”.

Imitamos sin darnos cuenta

En sus experimentos, los investigadores observaron que los participantes tendían a reproducir comportamientos sencillos de otra persona, como tocarse la cara o mover el pie, incluso sin ser conscientes de ello.

La parte más interesante apareció cuando los investigadores invirtieron la situación. Cuando un cómplice imitaba de forma sutil los movimientos del participante, la interacción era valorada como más fluida y agradable.

Esto llevó a plantear que la imitación automática puede actuar como una especie de mecanismo de coordinación social: al compartir determinados ritmos o movimientos, dos personas pueden percibir una mayor sensación de conexión.

Imitar los gestos de otra persona puede fortalecer el vínculo social, según la psicología
© Magnific

Un posible “pegamento social”

Investigaciones posteriores ampliaron esta idea.

Estudios realizados por científicos neerlandeses observaron que ser imitado no solo podía aumentar el agrado hacia otra persona, sino también modificar el comportamiento posterior.

En algunos experimentos, las personas que habían sido imitadas mostraron mayor disposición a ayudar a un desconocido o realizaron aportaciones económicas más elevadas a organizaciones benéficas. A partir de estos resultados surgió la idea de la imitación como un “pegamento social”, capaz de reforzar temporalmente la sensación de pertenencia y cooperación.

Eso no significa que copiar deliberadamente todos los movimientos de alguien vaya a conseguir automáticamente que esa persona confíe en nosotros. El efecto estudiado es sutil y suele producirse de forma espontánea.

La sincronización va más allá de los gestos

El fenómeno tampoco se limita necesariamente a movimientos visibles.

Los investigadores estudian diferentes formas de sincronización interpersonal, desde expresiones faciales y posturas hasta cambios fisiológicos que pueden acompasarse durante determinadas interacciones, como la respiración o algunos patrones de activación corporal.

Estos procesos se han relacionado con mecanismos de percepción social y empatía, aunque afirmar que permiten literalmente “leer la mente” de otra persona sería una simplificación excesiva. La relación entre imitación y empatía sigue siendo objeto de investigación y depende tanto del contexto como del vínculo entre quienes interactúan.

Imitar los gestos de otra persona puede fortalecer el vínculo social, según la psicología
© Magnific

También cambia según la situación

No imitamos a todas las personas de la misma manera ni en cualquier circunstancia. Un estudio publicado en 2016 mostró que la imitación automática puede variar según las emociones expresadas por el interlocutor y el contexto social.

Los investigadores observaron que determinadas señales de enfado o amenaza podían modificar la tendencia a imitar movimientos. Una de las hipótesis es que, en algunas situaciones, la sincronización puede funcionar como una señal de apaciguamiento, ayudando a reducir tensiones.

Con las expresiones positivas, como una sonrisa, la imitación también puede facilitar respuestas sociales recíprocas.

No es una técnica infalible para caer bien

La evidencia acumulada apunta a que imitar ciertos movimientos forma parte normal de muchas interacciones humanas y puede favorecer la conexión social.

Pero no existe una fórmula automática según la cual copiar gestos garantice confianza, amistad o atracción.

Lo interesante está en que nuestro cuerpo participa en las conversaciones mucho más de lo que solemos percibir conscientemente. Cuando dos personas se sienten cómodas, sus movimientos pueden empezar a sincronizarse sin planificación alguna, convirtiendo pequeños gestos en una señal silenciosa de coordinación social.

Fuente: Infobae.

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