Screenshot: YouTube

Ocurri√≥ una tarde de 1963. Jos√© Delgado se encontr√≥ cara a cara con Lucero, un toro de 250 kilos perteneciente al terrateniente Ram√≥n S√°nchez, quien le hab√≠a cedido al neurocient√≠fico espa√Īol el uso de una peque√Īa plaza de toreo en su propiedad de La Almarilla (C√≥rdoba) para el experimento.

Allí, en una corrida de toros, Delgado iba a demostrar que su sistema de control sobre las funciones cerebrales de un animal era un éxito. Antes de empezar, varios toreros experimentados animaron al animal mientras Delgado mantenía cierta distancia detrás de una valla de madera.

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Entonces lleg√≥ el turno del profesor. Aunque su experiencia con la muleta (la tela roja utilizada por los toreros) que ten√≠a desde su juventud era ‚Äúbastante limitada‚ÄĚ, Delgado insist√≠a en que un investigador deb√≠a asumir la responsabilidad de sus m√©todos elegidos. En este caso: prepararse para enfrentarse al toro cara a cara.

Así, vistiendo camisa y corbata, apareció detrás de la valla publicitaria, caminó de forma tentativa hacia Lucero agitando la tela roja en su mano derecha para provocar al toro, y sosteniendo un dispositivo de control remoto en la izquierda. Unos días antes del experimento, había colocado electrodos controlados por radio en el cerebro de Lucero y otros toros.

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Cuando Lucero comenzó a avanzar con fuerza hacia él, Delgado de repente dejó caer la tela y presionó un botón en el control remoto. El implante cerebral se activó, enviando un miliamperio de corriente alterna a través del cerebro de Lucero. Esto disipó al instante la agresión del animal. Lucero patinó hasta detenerse y se alejó al trote en un paso tranquilo.

Curiosamente, la mayor preocupaci√≥n de los peri√≥dicos espa√Īoles de la √©poca que cubrieron la noticia fue que el experimento podr√≠a anunciar el final de las corridas de toros. De hecho, los medios informaron sobre el experimento en t√©rminos muy poco halagadores.

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Sea como fuere, dos a√Īos despu√©s, el experimento de Delgado tambi√©n apareci√≥ en las p√°ginas del New York Times. El profesor estaba dando una conferencia en Nueva York y un periodista del peri√≥dico estaba en la audiencia. Entonces s√≠, la noticia se difundi√≥ por todos lados. Como dir√≠a m√°s tarde Delgado, ‚Äúdesde ese momento, recib√≠ correos cada a√Īo de personas que piensan que estoy controlando sus pensamientos‚ÄĚ.

Delgado hab√≠a emigrado de Espa√Īa a Estados Unidos como un joven cient√≠fico de investigaci√≥n, y en el momento del experimento ya era profesor en la Universidad de Yale. Quer√≠a saber m√°s sobre el comportamiento humano y animal al estimular el cerebro con pulsos el√©ctricos. Como lo hab√≠a hecho con muchos de los animales que utiliz√≥ en su investigaci√≥n, implant√≥ electrodos en el cerebro del toro para tratar de inducir ciertos modos de comportamiento.

Por ejemplo, ya había logrado hacer bostezar a los monos y atacar a los gatos simplemente presionando un botón. También descubrió que podía influir en la amabilidad, la fluidez del habla o incluso la ansiedad de los pacientes con epilepsia.

Delgado no solo estaba convencido de que la estimulaci√≥n el√©ctrica del cerebro era la clave para comprender las bases biol√≥gicas del comportamiento social, sino que tambi√©n era un profeta de la nueva sociedad ‚Äúpsicocivilizada‚ÄĚ, cuyos miembros tendr√≠an a su alcance una tecnolog√≠a que les permitir√≠a convertirse en ‚Äúhombres m√°s felices, menos destructivos y mejor equilibrados‚ÄĚ.¬†

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El resto de investigadores llamaban a Delgado el ‚Äúcient√≠fico loco‚ÄĚ o ‚Äúel Thomas Edison del cerebro‚ÄĚ, y el profesor combati√≥ a los cr√≠ticos que tem√≠an el control total sobre los seres humanos argumentando que el conocimiento en s√≠ mismo no es malo, solo su aplicaci√≥n. De hecho, pidi√≥ a los esc√©pticos que consideraran los siguientes escenarios:

Supongamos que la aparici√≥n de los ataques epil√©pticos podr√≠a ser reconocida por una computadora y evitada por la posible reacci√≥n: ¬Ņeso amenazar√≠a la identidad? O si piensas en pacientes que exhiben una conducta agresiva debido a anormalidades en el funcionamiento del cerebro: ¬Ņpreservamos su integridad individual al mantenerlos encerrados en salas para criminales locos?

Lo cierto es que mientras que el sue√Īo de Delgado de una sociedad psicocivilizada hoy parece lejos de convertirse en realidad, la estimulaci√≥n el√©ctrica del cerebro ha pasado a ser utilizada en personas despu√©s de un largo per√≠odo de abandono. Por ejemplo, ayudando a pacientes con una variedad de afecciones neurol√≥gicas como el Parkinson, o incluso con casos de pacientes que despu√©s de estar en coma durante a√Īos, hab√≠an ‚Äúvuelto‚ÄĚ a trav√©s de la estimulaci√≥n el√©ctrica del cerebro. [Wikipedia, DiscoverMag]