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Ciencia

La NASA y la ESA acaban de observar simultáneamente las dos caras de un cometa interestelar por primera vez. Lo que descubrieron saliendo de 3I/ATLAS podría cambiar lo que sabemos sobre los objetos llegados de otras estrellas

Las sondas Juice y Europa Clipper lograron analizar al mismo tiempo el hemisferio iluminado y el lado oscuro del cometa interestelar 3I/ATLAS. La observación reveló enormes cantidades de carbono, diferencias extremas entre gas y polvo según la cara observada y nuevas pistas sobre cómo pudo formarse este visitante procedente de otro sistema estelar.
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NASA y ESA acaban de conseguir algo que hace apenas unos años parecía casi imposible: observar simultáneamente las dos caras de un cometa interestelar que atraviesa nuestro sistema solar. Y el objeto elegido no podía ser más extraño. Se llama 3I/ATLAS y, según las nuevas observaciones, está expulsando cantidades inesperadamente altas de carbono mientras avanza entre los planetas.

El hallazgo no solo intriga por su composición. También porque podría ser una pequeña cápsula del tiempo formada alrededor de otra estrella hace miles de millones de años.

Dos sondas espaciales observaron el mismo cometa desde lados opuestos

La escena fue poco habitual incluso para estándares astronómicos. A finales de 2025, el cometa 3I/ATLAS emergió desde detrás del Sol y comenzó a mostrar una coma especialmente brillante: esa nube de gas y polvo que rodea al núcleo cuando el hielo empieza a evaporarse.

Fue entonces cuando las sondas Juice, de la ESA, y Europa Clipper, de NASA, aprovecharon una alineación extraordinaria. Mientras el cometa pasaba entre ambas naves, los equipos coordinaron observaciones ultravioletas para analizar hemisferios opuestos al mismo tiempo. Nunca se había conseguido algo así con un objeto interestelar.

La diferencia entre ambas perspectivas fue llamativa. Europa Clipper observó principalmente la cara nocturna del cometa, dominada por polvo disperso y regiones mucho más oscuras. Juice, en cambio, apuntó hacia la cara iluminada por el Sol y detectó intensas emisiones de gas brillante.

Los instrumentos UVS de ambas misiones registraron señales de hidrógeno, oxígeno y carbono. Pero hubo un elemento que empezó a destacar rápidamente sobre el resto.

El carbono apareció en cantidades mucho más altas de lo esperado

La NASA y la ESA acaban de observar simultáneamente las dos caras de un cometa interestelar por primera vez. Lo que descubrieron saliendo de 3I/ATLAS podría cambiar lo que sabemos sobre los objetos llegados de otras estrellas
© NASA.

Los científicos esperaban encontrar emisiones típicas de agua helada y dióxido de carbono, algo habitual en muchos cometas del sistema solar. Sin embargo, 3I/ATLAS comenzó a mostrar niveles de carbono significativamente superiores a los observados en objetos similares.

Eso hizo saltar las alarmas científicas. La razón es simple: la composición química de un cometa puede actuar como una especie de “huella fósil” del lugar donde nació. Y si este objeto contiene proporciones diferentes a las habituales, podría significar que se formó en un entorno muy distinto al del sistema solar.

Ahí está precisamente lo fascinante de 3I/ATLAS. No hablamos de un cometa cualquiera, sino del tercer objeto interestelar confirmado que atraviesa nuestra región del espacio. Antes llegaron ‘Oumuamua y Borisov. Pero este nuevo visitante parece estar ofreciendo una ventana mucho más detallada hacia otros sistemas planetarios.

La doctora Philippa Molyneux, integrante del equipo científico de Juice-UVS, explicó que comparar las proporciones entre hielo de agua y “hielo seco” permite entender si el sistema donde nació este cometa tenía condiciones químicas parecidas a las nuestras… o completamente diferentes.

Un visitante que podría revelar cómo nacen otros sistemas planetarios

A medida que un cometa se aproxima al Sol, el calor libera materiales atrapados desde su formación: agua congelada, monóxido de carbono, dióxido de carbono y otros compuestos antiguos. Analizar cómo cambian esas emisiones con el tiempo ayuda a reconstruir su historia.

En el caso de 3I/ATLAS, el seguimiento durante varios días permitió observar cómo evolucionaban esas proporciones químicas mientras el objeto cruzaba el sistema solar interior. Y cuanto más datos llegan, más extraño parece.

Lo realmente interesante es que estas observaciones permiten estudiar material formado alrededor de otra estrella sin abandonar nuestro propio vecindario cósmico. Es, en cierto modo, como analizar directamente restos de otro sistema planetario que han viajado durante millones de años hasta terminar pasando cerca de la Tierra.

Puede parecer solo otro cometa brillante en mitad del espacio. Pero 3I/ATLAS quizá sea algo mucho más valioso: una muestra intacta de cómo se construyen mundos lejos del Sol.

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