27 nuevos mundos escondidos más allá de Neptuno
Más allá de la órbita de Neptuno existe una enorme población de pequeños cuerpos helados conocidos como objetos transneptunianos o TNO.
Son restos de la formación del sistema solar: planetesimales que nunca llegaron a agruparse hasta convertirse en planetas.
El problema es encontrarlos.
La mayoría son extraordinariamente tenues, más de 100 millones de veces menos brillantes que los objetos que podemos observar a simple vista. Ahora, utilizando la cámara NIRCam del James Webb, un equipo de astrónomos ha descubierto 27 nuevos TNO en el estudio más profundo realizado hasta ahora de esta población.
Algunos se encuentran entre los objetos más pequeños y débiles observados directamente en los confines del sistema solar.

Webb los encontró y Hubble ayudó a descubrir de qué están hechos
Los dos telescopios observaron prácticamente la misma región del cielo, pero en longitudes de onda diferentes. Webb estudió el infrarrojo y permitió descubrir los 27 objetos y analizar su distribución de tamaños. Hubble, por su parte, consiguió recuperar 13 de esos cuerpos en imágenes de luz visible.
Al combinar ambos conjuntos de datos, los investigadores pudieron medir sus colores desde aproximadamente 0,35 hasta 3,2 micrómetros.
Y aquí apareció la primera sorpresa. Los astrónomos esperaban que los cuerpos más pequeños hubiesen sufrido suficientes colisiones durante miles de millones de años como para modificar sus superficies.
Pero no parece haber ocurrido.
Son diminutos, pero todavía “recuerdan” dónde nacieron
Los objetos transneptunianos pueden dividirse en diferentes poblaciones dinámicas.
Los llamados TNO “fríos” permanecen en órbitas relativamente ordenadas y se cree que se formaron aproximadamente donde se encuentran actualmente. Los “calientes” poseen órbitas mucho más alteradas y probablemente fueron desplazados durante la migración de los grandes planetas.
A pesar de esas historias diferentes, los pequeños objetos encontrados mantienen las mismas relaciones de color observadas en sus familiares de mayor tamaño.
Eso sugiere que sus superficies todavía conservan información sobre las regiones donde se formaron hace unos 4.500 millones de años.
En palabras de los investigadores, de alguna manera estos diminutos cuerpos todavía “recuerdan” cómo fueron creados.
Pero falta algo en los confines del sistema solar
La segunda sorpresa apareció al contar cuántos objetos había de cada tamaño.
Los modelos de formación planetaria permiten estimar cuántos cuerpos pequeños deberían existir si poblaciones mayores se hubieran ido fragmentando mediante colisiones. Sin embargo, Webb encontró menos objetos diminutos de lo esperado según algunos de esos modelos.
Además, las poblaciones calientes y frías presentan distribuciones de tamaños sorprendentemente similares pese a haberse formado bajo condiciones distintas. Eso plantea una posibilidad fascinante: quizá el proceso que construyó los primeros planetesimales produjo tamaños similares independientemente de las condiciones concretas del disco primordial.
Restos congelados del nacimiento del sistema solar
Estos objetos no son nuevos planetas ni cuerpos de naturaleza desconocida.
Su importancia reside precisamente en que parecen ser fósiles extraordinariamente bien conservados del sistema solar primitivo. Mientras los planetas, lunas y asteroides interiores experimentaron enormes transformaciones, muchos cuerpos situados más allá de Neptuno permanecieron congelados y relativamente aislados.
Y ahora Hubble y Webb están permitiendo observar objetos cada vez más pequeños de esa población.
Los 27 nuevos mundos son apenas puntos de luz.
Pero pueden estar conservando una historia escrita antes incluso de que la Tierra terminara de formarse.