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Ciencia

El asteroide acabó con los dinosaurios, pero apenas 350.000 años después un pariente de los aligátores ya dominaba los ríos de América. Un fósil dentro de una posible madriguera apunta a cómo su linaje sobrevivió al desastre

Más de 15 fósiles de Mandrasuchus milleri sitúan al linaje de los aligátores apenas unos cientos de miles de años después de la gran extinción. Su dieta flexible y una posible madriguera ofrecen pistas sobre aquella supervivencia.
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Hace 66 millones de años, un asteroide transformó el planeta y eliminó a los dinosaurios no avianos. Pero mientras innumerables linajes desaparecían, algunos reptiles hicieron algo muy distinto: no solo atravesaron la catástrofe, sino que comenzaron a diversificarse sorprendentemente pronto después de ella.

La última prueba procede de Corral Bluffs, cerca de Colorado Springs. Más de 15 ejemplares fósiles han permitido describir una nueva especie llamada Mandrasuchus milleri, un pequeño pariente de los aligátores actuales que vivió apenas entre 200.000 y 350.000 años después de la extinción.

El estudio, publicado en Journal of Vertebrate Paleontology, lo identifica como el miembro confirmado más antiguo conocido de Alligatorinae, la rama que incluye a los aligátores modernos.

No era enorme ni especialmente especializado. Y quizá precisamente por eso tenía ventaja

El asteroide acabó con los dinosaurios, pero apenas 350.000 años después un pariente de los aligátores ya dominaba los ríos de Colorado. Un fósil dentro de una posible madriguera apunta a cómo su linaje sobrevivió al desastre
© Lessner et al. / Journal of Vertebrate Paleontology.

Mandrasuchus habría medido alrededor de 1,5 metros, aunque algunas reconstrucciones lo sitúan cerca de los dos metros. Su aspecto recordaría vagamente al de un pequeño aligátor: hocico corto y ancho, cuerpo protegido por osteodermos y una dentadura bastante peculiar.

Los dientes anteriores servían para sujetar presas, mientras que los posteriores eran redondeados. Esa combinación sugiere una dieta generalista, capaz de incluir animales blandos, artrópodos, moluscos y posiblemente carroña.

En un planeta que acababa de sufrir un colapso ecológico global, no depender de un único alimento habría sido una enorme ventaja.

Los fósiles indican además que no estaba solo. En las mismas aguas vivía el crocodiliano de mayor tamaño Borealosuchus sternbergii, mientras Champsosaurus estaba más especializado en capturar peces. La coexistencia de varios depredadores con dietas diferentes muestra que los ecosistemas de agua dulce ya estaban recuperando una estructura sorprendentemente compleja muy poco tiempo después del impacto. Y eso contrasta con lo sucedido en muchos otros grupos de vertebrados: los alligatoroideos parecen haber aumentado su diversidad al atravesar el límite Cretácico-Paleógeno, en lugar de sufrir únicamente una reducción.

Uno de los esqueletos apareció donde podría haber estado escondiéndose bajo tierra

El asteroide acabó con los dinosaurios, pero apenas 350.000 años después un pariente de los aligátores ya dominaba los ríos de Colorado. Un fósil dentro de una posible madriguera apunta a cómo su linaje sobrevivió al desastre
© Lessner et al. / Journal of Vertebrate Paleontology.

Hay otra pista aún más intrigante. Varios ejemplares aparecieron articulados y uno fue encontrado dentro de una estructura interpretada como una posible madriguera. No basta para demostrar que Mandrasuchus excavara refugios regularmente, pero encaja con la posibilidad de que estos animales pudieran esconderse bajo tierra o utilizar cavidades durante condiciones ambientales difíciles.

La hipótesis resulta especialmente interesante porque los hábitats de agua dulce parecen haber estado relativamente amortiguados frente a algunos de los peores efectos de la extinción. Ríos, humedales y refugios subterráneos podían ofrecer agua, temperaturas algo más estables y cadenas alimentarias menos dependientes directamente de la fotosíntesis. Los propios autores señalan esta resistencia de los ecosistemas continentales acuáticos como una posible explicación para el éxito de estos reptiles.

Eso no significa que Mandrasuchus milleri fuese uno de los animales que vio caer el asteroide: los fósiles conocidos son posteriores. Lo importante es que su linaje sí atravesó aquella frontera evolutiva y, unos pocos cientos de miles de años después, ya estaba diversificándose.

El asteroide acabó con los dinosaurios, pero apenas 350.000 años después un pariente de los aligátores ya dominaba los ríos de Colorado. Un fósil dentro de una posible madriguera apunta a cómo su linaje sobrevivió al desastre
© Denver Museum of Nature & Science / University of Colorado Boulder / Burke Museum.

Corral Bluffs permite observar ese momento con una precisión extraordinaria. Sus capas, fechadas mediante cenizas volcánicas y polen fósil, conservan prácticamente fotogramas sucesivos de un planeta reconstruyéndose después de la catástrofe. Y Mandrasuchus deja una lección bastante menos espectacular que ser gigantesco o invencible: cuando el mundo cambió por completo, quizá sobrevivieron mejor quienes podían comer casi cualquier cosa, vivir entre el agua y la tierra y, cuando la superficie se volvía demasiado hostil, esconderse debajo de ella.

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