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Ciencia

Francia intentó salvar a sus últimos urogallos soltando aves traídas de Noruega. La mortalidad fue tan alta que acaba de frenar el plan; en España el problema es más incómodo: solo quedan 209 de una subespecie que no existe en ningún otro lugar

Francia dejará de trasladar urogallos noruegos a los Vosgos tras comprobar su elevada mortalidad y el deterioro futuro del hábitat. España enfrenta un dilema parecido, pero sus últimos 209 ejemplares cantábricos no tienen otro refugio.
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Cuatro polluelos aparecieron este verano en los bosques de los Vosgos y parecían traer exactamente la noticia que Francia llevaba años esperando. Eran los primeros urogallos nacidos allí desde 2019, descendientes de una hembra trasladada desde Noruega dentro de un controvertido programa para recuperar una población prácticamente extinguida.

La celebración duró poco. El Gobierno francés anunció en septiembre que no habrá nuevas translocaciones. Seguirá vigilando a las aves existentes hasta que el programa concluya formalmente en 2029, pero da por terminada la estrategia de traer nuevos ejemplares noruegos. El Ministerio de Transición Ecológica cita la elevada mortalidad registrada y, sobre todo, las dudas sobre si los Vosgos continuarán ofreciendo un hábitat adecuado a medio y largo plazo ante el cambio climático.

Es una decisión especialmente interesante desde España, porque aquí acaba de ocurrir algo inquietantemente parecido. La diferencia es que el urogallo cantábrico no tiene una enorme población escandinava a la que recurrir si el experimento fracasa.

Francia consiguió que nacieran cuatro pollos, pero no resolvió el problema que estaba matando a los adultos

Francia intentó salvar a sus últimos urogallos soltando aves traídas de Noruega. La mortalidad fue tan alta que acaba de frenar el plan; en España el problema es más incómodo: solo quedan 209 de una subespecie que no existe en ningún otro lugar
© Centro de Cría de Valsemana.

El proyecto francés comenzó en 2024 cuando apenas quedaban unos pocos urogallos autóctonos en los Vosgos. Durante tres campañas se trasladaron ejemplares salvajes desde Noruega con la esperanza de reforzar la población.

La adaptación resultó mucho más difícil de lo esperado. La depredación, las características actuales del bosque y el futuro climático del macizo han complicado el establecimiento de una población autosuficiente. Aun así, este verano ocurrió algo importante: una hembra introducida en 2024 fue observada acompañada por cuatro jóvenes, la primera evidencia de reproducción exitosa del programa. Eso no convenció al Gobierno para continuar las sueltas.

La situación francesa tiene, además, un matiz fundamental. El gran urogallo como especie no está próximo a desaparecer del planeta: su distribución se extiende por amplias regiones del norte de Europa y Asia. Lo que está desapareciendo es esa población concreta de los Vosgos.

En la Cordillera Cantábrica las reglas son diferentes.

España soltó 30 aves criadas en cautividad. Seis meses después solo quedaba una

Francia intentó salvar a sus últimos urogallos soltando aves traídas de Noruega. La mortalidad fue tan alta que acaba de frenar el plan; en España el problema es más incómodo: solo quedan 209 de una subespecie que no existe en ningún otro lugar
© Natura 2000-PNRBV

El primer gran ensayo español tuvo un resultado brutal. Entre octubre y noviembre de 2025, 30 urogallos criados en el centro de Valsemana, en León, fueron trasladados al Alto Sil. Uno murió durante la fase previa y 29 llegaron a quedar libres. A los seis meses, 28 de esos 29 habían muerto y solo permanecía viva una hembra: una supervivencia del 3,4%.

La mayoría de las bajas estuvieron relacionadas con depredadores. Se atribuyeron doce al zorro, seis a rapaces y cuatro a martas, aunque especialistas han advertido que reducir el problema únicamente a “hay demasiados depredadores” sería simplificarlo: también importan la calidad del hábitat y las dificultades de animales criados sin aprendizaje parental para desenvolverse en libertad. Y ahí aparece el auténtico problema.

El último censo completo estimó 209 urogallos cantábricos en 2024, frente a 191 en 2019. Dos tercios viven en León y aproximadamente un tercio en Asturias. MITECO considera alentador que el declive parezca haberse detenido, pero advierte de que dos censos todavía son insuficientes para hablar de recuperación.

Francia intentó salvar a sus últimos urogallos soltando aves traídas de Noruega. La mortalidad fue tan alta que acaba de frenar el plan; en España el problema es más incómodo: solo quedan 209 de una subespecie que no existe en ningún otro lugar
© Centro de Cría de Valsemana.

El programa español tampoco depende solamente de criar y soltar animales. La estrategia nacional incluye mejorar decenas de miles de hectáreas de bosque, conectar poblaciones aisladas, aumentar el éxito reproductor y estudiar la gestión de depredadores, una medida cuyos resultados pueden tardar años y dependen enormemente de cada territorio.

Francia acaba de concluir que seguir trasladando aves a un lugar donde no logran establecerse tiene poco sentido. España está descubriendo el mismo problema, pero con una diferencia bastante incómoda: si finalmente no consigue que los urogallos vuelvan a sobrevivir por sí mismos en la Cordillera Cantábrica, no perderá una población local. Perderá para siempre una de las últimas ramas ibéricas de un linaje que lleva miles de años refugiado en esas montañas.

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