En los confines del sistema solar, entre las órbitas de Saturno y Urano, existe un pequeño mundo que está poniendo a prueba lo que sabemos sobre los anillos planetarios. Se llama Cariclo, mide apenas 250 kilómetros de diámetro y tiene una característica extraordinaria: está rodeado por dos estrechos anillos que, hasta hace poco, los astrónomos consideraban relativamente estables.
Sin embargo, el telescopio espacial James Webb acaba de revelar una anomalía. Al comparar sus observaciones con las realizadas desde la Tierra durante la última década, los investigadores comprobaron que ambos anillos presentan comportamientos opuestos. El interior bloquea más luz que antes, mientras que el exterior muestra una señal mucho más débil.
El descubrimiento, publicado en septiembre de 2026 en Science Advances, plantea una pregunta inesperada: ¿estamos presenciando la transformación de un sistema de anillos en apenas unos años o existe algún fenómeno físico que todavía no comprendemos?
Un pequeño Saturno que escondía algo que ningún telescopio podía fotografiar

Cariclo pertenece a los llamados centauros, una población de cuerpos menores que orbitan entre los planetas gigantes. En 2013, los científicos descubrieron que poseía dos anillos, convirtiéndolo en el primer objeto no planetario del sistema solar en el que se identificó una estructura semejante.
Los anillos se encuentran aproximadamente a 390 y 405 kilómetros del centro del cuerpo. Su estrechez y la enorme distancia a la Tierra impiden observarlos directamente, por lo que los astrónomos recurren a una técnica conocida como ocultación estelar. Consiste en registrar los cambios de brillo de una estrella cuando un objeto pasa por delante. Si tiene anillos, estos producen pequeñas disminuciones adicionales de luminosidad antes y después del paso del cuerpo central.
El Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) explica que la observación del 18 de octubre de 2022 fue la primera ocultación estelar planificada y ejecutada con éxito utilizando el James Webb.
La operación exigió una precisión excepcional: había que predecir la posición de Cariclo, la estrella de fondo y el propio telescopio. Durante el fenómeno, la velocidad relativa entre el objeto y el observatorio fue de apenas 2,5 kilómetros por segundo, lo que permitió estudiar los anillos con una resolución espacial sin precedentes.
Un anillo se está volviendo más opaco y el otro parece perder material

El análisis de las observaciones reveló diferencias sorprendentes respecto a mediciones anteriores. El anillo interior, denominado C1R, pasó de una opacidad normal media de aproximadamente 0,30 a 0,43, un incremento cercano al 42%. En otras palabras, ahora bloquea una mayor proporción de la luz estelar.
El anillo exterior, C2R, presentó el comportamiento contrario. Su señal fue extremadamente débil en una de las bandas infrarrojas utilizadas por el telescopio y no pudo detectarse en la otra. Según el estudio original publicado en Science Advances, liderado por Pablo Santos-Sanz, del IAA-CSIC, estos resultados podrían indicar que el anillo interior está recibiendo material nuevo o experimentando una reorganización de sus partículas. En cambio, el exterior podría estar perdiendo parte de su estructura.
Pero hay una explicación alternativa. Las observaciones anteriores se realizaron principalmente en luz visible, mientras que el James Webb utilizó radiación infrarroja. Las partículas pueden interactuar de manera diferente con cada longitud de onda, produciendo variaciones aparentes en la opacidad sin que necesariamente haya desaparecido material.
El equipo también señala que el material aparentemente perdido por el anillo exterior no basta para explicar el aumento observado en el interior. Por tanto, no hay pruebas de que la materia simplemente esté pasando de uno al otro.
El descubrimiento obliga a revisar cómo sobreviven los anillos alrededor de cuerpos tan pequeños
El caso de Cariclo plantea un desafío físico. A diferencia de Saturno, este objeto posee una gravedad relativamente débil y no se conoce con certeza qué mecanismos impiden que las partículas de sus anillos terminen dispersándose. Entre las posibilidades figuran las colisiones entre fragmentos, las resonancias gravitatorias y la influencia de pequeñas lunas todavía no detectadas. Estos procesos podrían modificar la distribución del material en escalas temporales mucho menores de lo previsto.
El Observatorio de París, que participó en la investigación, destaca que los resultados abren una nueva vía para comprender la evolución de los anillos alrededor de cuerpos menores. No obstante, una sola observación del Webb no permite determinar si los cambios fueron graduales o relativamente repentinos.
Los investigadores esperan que nuevas ocultaciones, incluidas las previstas para 2027, permitan distinguir entre una transformación real de los anillos y los efectos relacionados con las longitudes de onda utilizadas.
Hasta entonces, Cariclo seguirá planteando un misterio fascinante. Durante décadas pensamos que los anillos eran estructuras asociadas a los grandes planetas. Ahora sabemos que también pueden existir alrededor de mundos diminutos y que, al menos en algunos casos, su apariencia puede cambiar en una escala de tiempo sorprendentemente corta.
Lo que todavía falta descubrir es si estamos observando una reorganización pasajera o las primeras pistas sobre cómo un sistema de anillos puede comenzar a desaparecer.