Uno de los causantes de los problemas en Pando.
Photo: Cortesía de Lance Oditt (Studio 47.60 North)

El organismo m√°s grande del planeta no es la ballena azul, ni el elefante africano. Es un √°rbol, o m√°s concretamente una red de 40.000 √°rboles cl√≥nicos conectados por las ra√≠ces en Utah. Se llama Pando, pesa alrededor de 5.986 toneladas y naci√≥ en alg√ļn momento de la √ļltima era glacial, hace miles de a√Īos.

Pando ha sobrevivido a muchas cosas, pero puede que no nos sobreviva a nosotros. Un nuevo estudio publicado en PLOS One analiza en profundidad la situaci√≥n actual de este bosque cl√≥nico y es preocupante. El Sistema Pando no solo no est√° creciendo, sino que desde hace 30 o 40 a√Īos ha sido incapaz de proseguir su reproducci√≥n cl√≥nica.

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¬ŅLa causa? El director de la Alianza Wetern-Aspen en la Universidad de Utah y coautor del estudio Paul Rogers lo tiene claro: ‚ÄúEs culpa nuestra. Los seres humanos estamos en el centro del problema‚ÄĚ.

Los seres humanos somos los responsables de que la poblaci√≥n de ciervos y ganado de la zona se haya disparado. Estos animales se alimentan de brotes cl√≥nicos j√≥venes de Pando. Los investigadores han sido incapaces de encontrar un brote del bosque que no est√© muerto o da√Īado.

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En su d√≠a, los osos, los lobos o los pumas se encargaban de mantener la poblaci√≥n de ciervos bajo control, pero la caza y la reducci√≥n de su h√°bitat ha acabado con casi todos. Para colmo, los granjeros de la zona no se molestan en impedir que las vacas pasten en los l√≠mites de Pando, contribuyendo al da√Īo de los brotes cl√≥nicos. Por supuesto, la culpa de todo esto no es ni de los lobos ni de las vacas, sino de las autoridades federales que no han regulado ambas pr√°cticas. Rogers lo tiene claro:

Los seres humanos son los que deciden cuántos animales hay en esa zona y a dónde van. La cantidad de personas que pasean por la zona y que viven a su alrededor ha limitado la existencia de depredadores naturales y ha contribuido a una sobreabundancia de ciervos.

Entre 2016 y 2017, el equipo de Rogers midi√≥ la edad, n√ļmero y estado de salud de los √°rboles que forman Pando. Despu√©s analizaron los excrementos de la zona para determinar qu√© cantidad de animales viven sobre este organismo. Durante ese an√°lisis descubrieron que las zonas del bosque protegidas por vallas no lo est√°n tanto. Las cercas apenas se mantienen y est√°n en mal estado en muchos puntos.

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El sistema Pando no es como otros √°rboles. No se reproduce mediante semillas, sino mediante clonaci√≥n. Cuando detecta que un √°rbol muere, el organismo env√≠a una se√Īal hormonal que hace aparecer un nuevo brote en alg√ļn punto de las ra√≠ces del anterior. ‚ÄúSi los √°rboles mueren y no hay ning√ļn brote que los reemplace es cuando podemos encender la se√Īal de alarma‚ÄĚ, explica Rogers.

La frontera de Pando (en amarillo) no ha aumentado en los √ļltimos 40 a√Īos.
Photo: Oficina de reconocimiento aéreo de Estados Unidos. Salt Lake City

La falta de crecimiento de Pando es a√ļn m√°s evidente cuando se analizan las fotograf√≠as a√©reas de la zona desde 1939 hasta hoy. Algunas zonas se han urbanizado para viviendas o campings y el organismo ya no crece en ellas. En otras el ganado y los ciervos se encargan de impedir la reproducci√≥n.

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El estudio solo analiza problemas locales de Pando, pero deja abiertas no pocas cuestiones. A√ļn no se ha analizado como el aumento de las temperaturas debido al cambio clim√°tico est√° afectando a esta bosque o a otros sistemas cl√≥nicos que hay en Europa. Tambi√©n hay que examinar con m√°s detalle como interact√ļan los animales con los √°rboles, para lo que ser√≠a preciso instalar c√°maras o collares GPS.

De momento la voz de alarma ha saltado. Es hora de que las autoridades locales y federales se coordinen para frenar algunas de las amenazas a este bosque milenario. A√ļn sabemos muy poco sobre c√≥mo funcionan estos masivos organismos conectados. Para averiguar m√°s necesitamos que permanezcan vivos.