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Ciencia

El Mediterráneo no solo se calienta: la velocidad a la que se calienta también está acelerando, y la señal ya llega a 2.500 metros de profundidad

No es lo mismo que un mar se caliente a un ritmo constante a que ese ritmo se acelere año tras año. Setenta y cinco años de datos combinados muestran que el Mediterráneo está haciendo justamente lo segundo
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Elena Terzić e Ivica Vilibić, investigadores del Instituto Ruđer Bošković, en Croacia, reconstruyeron la evolución del mar Mediterráneo entre 1950 y 2025 combinando observaciones históricas tomadas desde barcos, mediciones regionales y los datos recogidos en las últimas décadas por flotadores oceanográficos Argo. El resultado, publicado en la revista Geophysical Research Letters, describe un mar distinto al que existía durante buena parte del siglo XX: más cálido, más salino, y con ambas transformaciones acelerándose en distintas regiones y profundidades.

No es una tendencia constante, es una aceleración

Termometro En El Agua
© MVolodymyr – Shutterstock

Los investigadores no se limitaron a calcular cuánto había subido la temperatura promedio: analizaron también si el propio ritmo de cambio estaba aumentando con el tiempo. La diferencia es importante: una tendencia constante implica que el mar se calienta más o menos a la misma velocidad año tras año, mientras que una aceleración significa que cada década suma temperatura más rápido que la anterior. En determinadas regiones, esa aceleración térmica llega a superar los 0,2°C por década al cuadrado, con máximos cercanos a 0,3°C por década al cuadrado, y la salinidad presenta un comportamiento similar, con variaciones regionales, de hasta 0,1 por década al cuadrado.

La señal que baja capa por capa

Los registros más recientes muestran que las anomalías de temperatura (tomando como referencia el promedio de 1950-1999) alcanzan unos 2,04°C en los primeros 100 metros de profundidad, rondan los 1,13°C entre los 100 y los 300 metros, bajan a unos 0,62°C entre los 300 y los 1.000 metros, y todavía se detecta una anomalía de aproximadamente 0,21°C entre los 1.000 y los 2.000 metros. «Para nosotros, lo alarmante fue la velocidad a la que está cambiando esto, y las profundidades que alcanzan cambios tan significativos», explicó Terzić, según recogió Phys.org. «El calentamiento y la salinización son estadísticamente significativos hasta unos 3.000 o 4.000 metros, y la propia aceleración llega hasta unos 2.500 metros».

Por qué el Adriático es una pieza clave

Mar Adriatico
© Ed Belyavcev – Unsplash

El mar Adriático, y en particular su sector meridional, concentra algunas de las aceleraciones más intensas registradas en todo el estudio: a unos 1.000 metros de profundidad, el calentamiento alcanza allí unos 0,11°C por década, con una aceleración térmica local cercana a 0,23°C por década al cuadrado. Esa región resulta clave porque es una de las zonas donde se forman las aguas densas que después descienden y se extienden hacia otras partes del Mediterráneo. «Lo que ha cambiado, como mostró un trabajo anterior nuestro sobre el Adriático, es que la sal, más que el frío, es cada vez más la que hace que el agua alcance la densidad suficiente para hundirse», explicó Terzić a la agencia SINC, según recogió Ecuador Universitario. El agua que termina hundiéndose hacia las profundidades, en definitiva, hoy llega más caliente y más salada que hace décadas.

Calor y sal empujan en direcciones opuestas

La temperatura y la salinidad tienen efectos contrapuestos sobre la densidad del agua: el calentamiento tiende a hacerla menos densa, mientras que una mayor concentración de sal produce el efecto contrario. Por eso el Mediterráneo puede calentarse y salinizarse de forma considerable sin que su densidad cambie en la misma magnitud, un equilibrio particularmente relevante porque es justamente la densidad la que determina si el agua superficial puede hundirse y renovar las capas más profundas del mar.

Un laboratorio natural para el resto de los océanos

El Mediterráneo tiene características que lo vuelven un caso de estudio particularmente útil: es un mar relativamente pequeño, semicerrado, muy sensible a las condiciones atmosféricas, y con un historial de observaciones oceanográficas excepcionalmente largo. Procesos que en océanos más grandes tardarían mucho más tiempo en manifestarse con claridad pueden detectarse aquí antes. Los propios autores reconocen que todavía queda trabajo por hacer para determinar con precisión cuánto de esta aceleración responde a cambios atmosféricos y qué papel juegan de forma diferenciada la evaporación, las precipitaciones, los aportes de los ríos o la entrada de agua atlántica a través del estrecho de Gibraltar.

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