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Ciencia

El Niño ya está aquí y lo que está ocurriendo en el Pacífico podría cambiar el clima mundial

El Pacífico tropical vuelve a calentarse con fuerza. El Niño ya está oficialmente establecido y los últimos pronósticos apuntan a que podría convertirse en un episodio muy intenso antes de finales de 2026. Sus consecuencias pueden sentirse a miles de kilómetros, alterando temperaturas, lluvias, sequías e incluso temporadas de huracanes.
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El Pacífico vuelve a cambiar las reglas del juego

Durante meses los modelos climáticos apuntaban a la posibilidad de que El Niño regresara en 2026. Ahora ya no hablamos de una predicción.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que el fenómeno está plenamente establecido y que continuará intensificándose durante los próximos meses. Las aguas del Pacífico tropical central y oriental presentan temperaturas excepcionalmente elevadas y existen unas probabilidades cercanas al 100% de que El Niño persista hasta febrero de 2027.

La NOAA estadounidense va todavía más lejos: estima una probabilidad superior al 90% de que se convierta en un episodio muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte de 2026-2027.

Y eso importa mucho más allá del Pacífico.

El Niño es mucho más que agua caliente

El Niño forma parte del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), una oscilación natural del sistema océano-atmósfera del Pacífico ecuatorial.

Durante La Niña, grandes zonas de este océano presentan temperaturas inferiores a lo habitual. Durante El Niño ocurre lo contrario: el agua superficial se calienta, los vientos alisios se debilitan y cambia la circulación atmosférica.

El problema es que esa enorme masa de agua ocupa una extensión suficiente como para modificar el comportamiento de la atmósfera a escala planetaria.

Es una especie de efecto dominó climático: cambia el Pacífico, cambia la circulación atmosférica y, a partir de ahí, pueden cambiar las probabilidades de lluvia, sequías o temperaturas anómalas a miles de kilómetros.

El Niño ya está aquí y lo que está ocurriendo en el Pacífico podría cambiar el clima mundial
© AstroViktor – Youtube.

Y este El Niño puede ser especialmente potente

Los datos de septiembre son llamativos. NOAA detectó anomalías de temperatura superiores a 3 ºC en algunas regiones del Pacífico ecuatorial, mientras que sus modelos experimentales apuntan a un episodio capaz de competir con algunos de los El Niño más intensos registrados.

Esto llega, además, sobre un planeta que ya es excepcionalmente cálido.

2024 continúa siendo el año más caluroso registrado, mientras que 2025 terminó como el tercero más cálido. Los últimos once años son, de hecho, los once más cálidos desde que existen registros.

El Niño no provoca el calentamiento global, pero puede añadir temporalmente calor a un sistema que ya está calentándose debido principalmente a las emisiones humanas de gases de efecto invernadero.

Desde Argentina hasta Australia: un fenómeno global

Sus efectos tampoco son iguales en todos los lugares.

En Argentina, el Servicio Meteorológico Nacional confirmó que las condiciones actuales corresponden a una fase El Niño y calcula una probabilidad del 100% de que continúe durante el trimestre septiembre-octubre-noviembre.

Históricamente, estos episodios pueden favorecer mayores precipitaciones en determinadas zonas del este y nordeste del país, aunque El Niño no permite predecir por sí solo qué ocurrirá en una ciudad concreta.

En otras partes del mundo puede aumentar el riesgo de sequías, inundaciones o temperaturas extremas. También suele modificar la circulación tropical y puede reducir la actividad de huracanes del Atlántico al favorecer una mayor cizalladura vertical del viento, aunque eso tampoco significa que desaparezca el riesgo de grandes tormentas.

Europa tampoco queda completamente al margen

En Europa la conexión es bastante más compleja.

La enorme distancia respecto al Pacífico hace que la señal de El Niño sea menos directa que en América, Asia u Oceanía. Sin embargo, puede modificar patrones atmosféricos globales que terminan influyendo en el Atlántico Norte y en la corriente en chorro, una auténtica autopista de vientos que condiciona el desplazamiento de borrascas y masas de aire sobre Europa.

Por eso, el gran interrogante ya no es si El Niño llegará.

Ya está aquí.

La cuestión ahora es hasta dónde llegará su intensidad y cómo responderá una atmósfera que se encuentra sobre un planeta considerablemente más cálido que durante los grandes episodios de El Niño del pasado.

 

 

Fuente: Futura Science.

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