Durante años, Elon Musk fue sinónimo de audacia tecnológica y visión de futuro. Sin embargo, en pocos meses, su figura ha transitado de la admiración global a un récord de impopularidad en Estados Unidos. El último sondeo de Gallup revela un desplome sin precedentes en su popularidad, marcado por decisiones políticas y empresariales que han polarizado al país.
Del ícono tecnológico al epicentro de la controversia

La encuesta, realizada entre el 7 y el 21 de julio, incluyó a 14 personalidades internacionales. Musk, líder de Tesla, SpaceX y X, encabeza la lista de impopularidad con un 61% de opiniones desfavorables, frente a un 33% de favorables y un 6% de neutralidad.
El cambio en su percepción pública se aceleró tras su incorporación a la Administración Trump en enero, una decisión que lo acercó al entonces presidente y lo llevó a encabezar la Comisión de Eficiencia Gubernamental (DOGE). Su apoyo financiero a la campaña republicana, con más de 270 millones de dólares, reforzó esa asociación política.
Consecuencias empresariales y choque público con Trump

Aunque en mayo Musk abandonó su cargo para centrarse en sus empresas, el impacto ya era evidente. Tesla registró en el segundo trimestre de 2025 una caída del 16% en ingresos netos y del 12% en ventas, afectada por el desgaste de su imagen y la creciente polarización.
La ruptura con Trump no trajo calma: ambos se enfrascaron en un enfrentamiento público, intercambiando acusaciones en redes sociales y declaraciones a medios. Esta tensión alimentó aún más la narrativa de conflicto que rodea a Musk.
Un ranking que expone el pulso político y social
Con un índice neto de popularidad de -28, Musk se posiciona incluso detrás del primer ministro israelí Benyamin Netanyahu (-23). Otros miembros del círculo de Trump, como Marco Rubio o Pete Hegseth, también registran cifras negativas, aunque menores.
En contraste, líderes como Bernie Sanders (+11), Volodymyr Zelensky (+18) o el Papa León XIV (+46) ocupan los primeros lugares en aprobación. El caso de Musk se convierte así en un reflejo de cómo la reputación pública, incluso para figuras visionarias, puede desplomarse rápidamente en el actual clima político y mediático.