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Ciencia

Dos telescopios, dos verdades incompatibles. El hallazgo de Webb y Hubble que sugiere que entendimos mal el universo desde el principio

El James Webb y el Hubble han confirmado que el universo se expande, pero sus cálculos no coinciden. Una diferencia aparentemente mínima —67 frente a 74 km/s por megapársec— ha abierto una grieta llamada “tensión de Hubble”. Y esa discrepancia, lejos de ser un error, podría indicar que hemos comprendido mal la física que gobierna el cosmos desde sus orígenes.
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Cuando Edwin Hubble descubrió en 1929 que el universo se expandía, la cosmología encontró su primer pilar. Casi un siglo después, dos de los telescopios más potentes jamás construidos parecen estar diciendo algo inquietante: el universo no se expande a un único ritmo. James Webb y Hubble, ambos con datos precisos, ofrecen cifras incompatibles. El hallazgo no solo rompe esquemas: obliga a cuestionar si entendimos mal el universo desde el principio.

La constante que marcaba el destino del cosmos

Lo que Webb y Hubble acaban de revelar no encaja con la física conocida: así nació la “tensión de Hubble”, el enigma que amenaza nuestro modelo del cosmos
© Unsplash – NASA.

La expansión del universo se compara a menudo con un globo que se infla: los puntos en su superficie (las galaxias) se alejan a medida que el espacio se estira. Esa velocidad se mide con la constante de Hubble, una cifra que actúa como velocímetro cósmico y que, hasta hace poco, parecía estable: permitía estimar la edad del universo y predecir su destino.

Dos cifras, dos universos

El fondo cósmico de microondas —la primera huella luminosa del cosmos, captada por misiones como Planck— sitúa la expansión en 67 km/s por megapársec. Pero al medir estrellas cefeidas, auténticas “reglas cósmicas” de distancia, Hubble y James Webb obtienen 74 km/s por megapársec. Una diferencia que puede parecer pequeña, pero que implica que el universo es más joven y se expande más rápido de lo que dicta la teoría.

La “tensión de Hubble”

El problema es que ambos métodos son sólidos. Ninguno es un error de cálculo. La discrepancia, bautizada como tensión de Hubble, plantea un dilema: dos verdades incompatibles conviven en la cosmología. “Lo que queda es la posibilidad real y apasionante de que hayamos malinterpretado el Universo”, advierte Adam Riess, premio Nobel y líder del equipo detrás de estas mediciones. No se trata de ajustar cifras, sino de revisar las reglas del juego.

Más allá de la física conocida

Lo que Webb y Hubble acaban de revelar no encaja con la física conocida: así nació la “tensión de Hubble”, el enigma que amenaza nuestro modelo del cosmos
© Unsplash – NASA Hubble Space Telescope.

Si la tensión de Hubble persiste, la solución podría estar en nueva física aún desconocida. Tal vez la energía oscura no sea lo que creemos. O quizá las constantes fundamentales de la naturaleza cambien con el tiempo. Algunos físicos incluso sugieren que el Big Bang no ocurrió tal como lo entendemos. Lo cierto es que Webb y Hubble han abierto una grieta: la imagen del universo que teníamos podría ser incompleta.

El inicio de un nuevo paradigma

La contradicción no es el final de la cosmología, sino el inicio de algo mayor. Igual que en su día la teoría de la relatividad corrigió a Newton, hoy podríamos estar ante un cambio de paradigma. Webb y Hubble, lejos de fallar, han revelado la grieta que podría llevarnos a la próxima revolución científica. Un recordatorio de que el universo siempre es más extraño de lo que imaginamos.

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