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Tecnología

El imperio de Elon Musk empieza a funcionar como una sola máquina, aunque Tesla y SpaceX sigan separadas. Wall Street cree que el siguiente movimiento podría cambiarlo todo

Las dos compañías ya comparten proyectos de inteligencia artificial, chips, energía y fabricación. Musk no confirmó una fusión, pero tampoco quiso descartarla después de la histórica salida a bolsa de SpaceX.
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La presentación de resultados de Tesla debía girar alrededor de sus coches, la expansión de los robotaxis, el robot humanoide Optimus y las enormes inversiones necesarias para competir en inteligencia artificial. Sin embargo, una parte considerable de la conversación terminó mirando mucho más lejos: hacia SpaceX.

Durante la llamada con los accionistas del 22 de julio, Elon Musk fue preguntado por una posible unión de sus dos compañías más valiosas. Su respuesta no confirmó ninguna negociación, pero tampoco cerró la puerta. Reconoció que existe “cada vez más superposición” entre ambas y añadió que una operación de ese calibre no podía discutirse informalmente durante una presentación de resultados, sino que tendría que seguir “el proceso adecuado”, según recogió Reuters.

Por ahora, conviene dejarlo claro: no existe una propuesta pública, un acuerdo entre los consejos de administración ni documentación regulatoria que anuncie una fusión. Lo que sí existe es una colaboración cada vez más profunda y una SpaceX recién llegada a bolsa con capacidad suficiente para comprar Tesla o absorberla dentro de una nueva estructura.

SpaceX ya no es solamente la otra gran empresa privada de Musk

El imperio de Elon Musk empieza a funcionar como una sola máquina, aunque Tesla y SpaceX sigan separadas. Wall Street cree que el siguiente movimiento podría cambiarlo todo
© Tesla.

La situación cambió en junio de 2026, cuando SpaceX protagonizó la mayor salida a bolsa registrada hasta ahora. La compañía colocó inicialmente más de 555 millones de acciones a 135 dólares cada una y, tras el ejercicio completo de la opción concedida a los bancos colocadores, obtuvo unos ingresos brutos de 85.700 millones de dólares. Sus títulos comenzaron a cotizar en Nasdaq bajo el símbolo SPCX.

Aunque sus acciones han caído desde los máximos posteriores al estreno bursátil, SpaceX todavía tenía el 23 de julio una capitalización cercana a los 1,52 billones de dólares. Tesla, después de retroceder con sus resultados trimestrales, rondaba los 1,14 billones. Juntas alcanzarían aproximadamente 2,7 billones de dólares, no 3.000 millones como señalan algunas informaciones. Sería una compañía comparable por tamaño a las mayores tecnológicas del mundo.

La posible operación tampoco surgiría de la nada. Tesla invirtió unos 2.000 millones de dólares en SpaceX en marzo, después de que la empresa aeroespacial adquiriera xAI (que ya controlaba la red social X) en febrero de 2026. Los documentos presentados por Tesla ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos también revelan acuerdos comerciales, de licencias y de asistencia entre las compañías.

Las empresas siguen separadas, pero sus proyectos empiezan a mezclarse

El imperio de Elon Musk empieza a funcionar como una sola máquina, aunque Tesla y SpaceX sigan separadas. Wall Street cree que el siguiente movimiento podría cambiarlo todo
© Getty Images / Odd Andersen.

El ejemplo más evidente es Terafab, el ambicioso proyecto conjunto para fabricar semiconductores destinados a sistemas de inteligencia artificial. Tesla necesita cantidades enormes de chips para sus vehículos autónomos, sus robotaxis y Optimus; SpaceX los necesita para sus centros de computación, Starlink y una estrategia que cada vez concede más peso a la IA.

Según explicó Musk durante la llamada, Terafab representa uno de los ámbitos donde la superposición resulta más clara. Tesla también suministra baterías y tecnologías de fabricación para algunos proyectos de SpaceX, mientras que las posibilidades de integrar Starlink en vehículos y servicios de movilidad añaden otra conexión entre las dos empresas.

Desde una perspectiva industrial, la lógica resulta tentadora. Una sola estructura podría coordinar la generación y el almacenamiento de energía de Tesla, la conectividad satelital de Starlink, los modelos de xAI, la fabricación de chips de Terafab, los robots Optimus y la capacidad aeroespacial de SpaceX.

JPMorgan considera que la combinación es “estratégicamente coherente sobre el papel”, porque la integración operativa ya incluye talento de ingeniería, infraestructura de IA y proyectos industriales compartidos. El banco contempla varias posibilidades: una adquisición de Tesla mediante acciones de SpaceX, una nueva sociedad matriz, una operación combinada con efectivo o una unión gradual de determinados negocios.

La diferencia de tamaño hace que la pregunta más adecuada quizá no sea si Tesla comprará SpaceX, sino justamente la contraria. SpaceX tiene actualmente una valoración superior y su capital recién cotizado podría utilizarse como moneda para adquirir acciones de Tesla. En la práctica, la supuesta “fusión entre iguales” se parecería bastante a una compra de Tesla por parte de SpaceX.

La operación más lógica para Musk también sería una pesadilla regulatoria

El primer problema es el control. Musk posee alrededor del 20% del poder de voto de Tesla, donde debe responder ante accionistas externos y un consejo de administración. En SpaceX conserva más del 80% de los derechos de voto gracias a su estructura de acciones, por lo que una integración podría darle una influencia mucho mayor sobre el conjunto.

Eso obligaría a explicar con precisión cómo se valoran las dos compañías, qué accionistas recibirían participaciones en la nueva estructura y hasta qué punto la operación beneficia realmente a los inversores de Tesla. Al tratarse de empresas controladas o dirigidas por la misma persona, los consejos tendrían que demostrar que cualquier acuerdo es justo y no responde únicamente al interés personal de Musk.

China representa otro obstáculo, según confía Reuters. Tesla posee allí una de sus fábricas más importantes y depende considerablemente del mercado chino, mientras que SpaceX trabaja con el Gobierno y las fuerzas armadas de Estados Unidos. JPMorgan advierte de que los contratos de defensa de SpaceX, las restricciones sobre Starlink y las preocupaciones de seguridad nacional podrían convertir la aprobación china en uno de los principales bloqueos.

Mientras tanto, Tesla atraviesa su propia transición, explica The Guardian. En el segundo trimestre ingresó 28.230 millones de dólares, pero sus beneficios por acción quedaron por debajo de lo esperado mientras aumentaba el gasto en IA, robótica y otros proyectos. Sus coches siguen financiando buena parte de la compañía, aunque el mercado presta cada vez más atención a promesas futuras como los robotaxis y Optimus.

Musk no reveló si piensa unir Tesla y SpaceX. Su respuesta pudo ser simplemente la cautela jurídica esperable ante una pregunta sobre una operación inexistente. Pero el escenario ya no parece una ocurrencia extravagante: las empresas comparten inversiones, recursos y proyectos, mientras el propio Musk admite que sus fronteras son cada vez menos claras.

Quizá nunca lleguen a fusionarse formalmente. Sin embargo, mientras Tesla se acerca al espacio y SpaceX se transforma en una compañía de inteligencia artificial, chips y comunicaciones, ambas empiezan a comportarse como partes de un mismo sistema mucho antes de que los documentos legales digan que lo son.

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