Imagen: Bill Brooks / Flickr

Los ordenadores y los cerebros ya se hablan entre s√≠ a diario en los laboratorios de alta tecnolog√≠a, y lo hacen cada vez mejor. Por ejemplo, las personas con discapacidad ahora pueden aprender a usar extremidades rob√≥ticas con el poder de su mente. Se espera que alg√ļn d√≠a podamos operar naves espaciales con nuestros pensamientos, subir nuestro cerebro a un ordenador y, en √ļltima instancia, crear un c√≠borg.

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Esta vez, Elon Musk se ha unido a la carrera. El CEO de Tesla y SpaceX ha comprado Neuralink, una empresa que aspira a establecer un v√≠nculo directo entre la mente y la computadora. Musk ya ha demostrado que la costosa tecnolog√≠a espacial puede funcionar como una empresa privada, pero ¬Ņcu√°n factible es este √ļltimo emprendimiento?

La neurotecnolog√≠a naci√≥ en la d√©cada de los 70 cuando Jaques Vidal propuso que la electroencefalograf√≠a (EEG), que rastrea y registra patrones de ondas cerebrales a trav√©s de sensores colocados en el cuero cabelludo (electrodos), se utilizara para crear sistemas que permitiesen a las personas controlar dispositivos externos directamente con su mente. La idea era utilizar algoritmos inform√°ticos para transformar las se√Īales detectadas por la EEG en comandos. Desde entonces, el inter√©s en esa idea ha ido creciendo r√°pidamente.

Desde luego, esas ‚Äúinterfaces cerebro-computadora‚ÄĚ han impulsado una revoluci√≥n en el √°rea de tecnolog√≠as de asistencia, permitiendo que las personas con cuadriplej√≠a se alimenten por s√≠ solas e incluso caminen de nuevo. En los √ļltimos a√Īos, las grandes inversiones en investigaci√≥n del cerebro de Estados Unidos (la iniciativa BRAIN) y la Uni√≥n Europea (el Proyecto Cerebro Humano) han permitido avanzar en la investigaci√≥n sobre ellas. Eso ha impulsado las aplicaciones de esta tecnolog√≠a en el √°rea de ‚Äúperfeccionamiento humano‚ÄĚ: utilizar la tecnolog√≠a para mejorar nuestra cognici√≥n y otras habilidades.

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La combinación de seres humanos y tecnología podría ser más poderosa que la inteligencia artificial. Por ejemplo, cuando tomamos decisiones basadas en una combinación de percepción y razonamiento, las neurotecnologías podrían utilizarse para mejorar nuestra percepción. Esto podría ayudarnos en situaciones tales cuando ver una imagen muy borrosa en una cámara de seguridad y tener que decidir si intervenimos o no.

Un gorro de EEG. Imagen: Chris Hope / Wikipedia

A pesar de estas inversiones, la transici√≥n del uso de la tecnolog√≠a en laboratorios de investigaci√≥n a la vida cotidiana es todav√≠a lenta. El hardware de EEG es totalmente seguro para el usuario, pero registra se√Īales muy ruidosas. Adem√°s, los laboratorios de investigaci√≥n se han centrado principalmente en su utilizaci√≥n para comprender el cerebro y proponer aplicaciones innovadoras sin que esto se traduzca en productos comerciales. Otras iniciativas muy prometedoras, como el uso de sistemas de EEG comerciales para dejar que la gente conduzca un coche con sus pensamientos, se han mantenido aisladas.

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Para tratar de superar algunas de estas limitaciones, varias compa√Ī√≠as importantes han anunciado recientemente inversiones en la investigaci√≥n de interfaces cerebro-computadora. Bryan Johnson, de la compa√Ī√≠a de inteligencia humana Kernel, adquiri√≥ hace poco la firma KRS, un spin-off del MIT, que promete revolucionar con datos nuestra comprensi√≥n de las enfermedades neurodegenerativas. Y Facebook est√° buscando a un ingeniero de interfaz cerebro-computadora para trabajar en su divisi√≥n de hardware secreta, Building 8.

¬ŅUna quimera?

La compa√Ī√≠a de Musk es la √ļltima en aparecer. Su tecnolog√≠a de ‚Äúlazo neural‚ÄĚ implica implantar electrodos en el cerebro para medir las se√Īales. Esto permitir√≠a obtener se√Īales neurales de mucha mejor calidad que con la EEG, pero requerir√≠a cirug√≠a. El proyecto contin√ļa siendo bastante misterioso, aunque Musk ha prometido dar m√°s detalles sobre √©l pronto. El a√Īo pasado, Musk afirm√≥ que las interfaces cerebro-computadora son necesarias para reafirmar la supremac√≠a de los seres humanos sobre la inteligencia artificial.

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El proyecto puede parecer ambicioso, considerando los l√≠mites de la tecnolog√≠a actual. Los deletreadores de BCI, que permiten que la gente deletree palabras mirando las letras en una pantalla, son todav√≠a mucho m√°s lentos que los canales de comunicaci√≥n tradicionales, que Musk ha definido ya como ‚Äúincre√≠blemente lentos‚ÄĚ. Hay limitaciones de velocidad similares cuando se utiliza el cerebro para controlar un videojuego.

Despu√©s de los coches y el espacio, ¬Ņrevolucionar√° Musk la neurotecnolog√≠a? Imagen: Maurizio Pesce

Lo que realmente necesitamos para que la tecnolog√≠a sea fiable son t√©cnicas m√°s exactas y no invasivas para medir la actividad cerebral. Tambi√©n necesitamos mejorar nuestra comprensi√≥n de los procesos cerebrales y c√≥mo decodificarlos. De hecho, la idea de subir o descargar nuestros pensamientos hacia o desde un ordenador es simplemente imposible con nuestro conocimiento actual del cerebro humano. Muchos neurocient√≠ficos todav√≠a no entienden muchos procesos relacionados con la memoria. Los pron√≥sticos m√°s optimistas dicen que pasar√°n al menos 20 a√Īos antes de que las interfaces cerebro-computadora se conviertan en tecnolog√≠as que usemos en nuestra vida cotidiana.

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Pero eso no vuelve in√ļtil la iniciativa de Musk. El ‚Äúlazo neural‚ÄĚ podr√≠a ser utilizado inicialmente para estudiar los mecanismos cerebrales y tratar trastornos como la epilepsia o la depresi√≥n mayor. Junto con los electrodos para ‚Äúleer‚ÄĚ la actividad cerebral, tambi√©n podr√≠amos implantar electrodos para estimular el cerebro, lo que permitir√≠a detectar y detener las crisis epil√©pticas.

Las interfaces cerebro-computadora tambi√©n se enfrentan a importantes problemas √©ticos, especialmente aquellos basados ‚Äč‚Äčen sensores implantados quir√ļrgicamente en el cerebro. Es poco probable que la gente quiera someterse a una cirug√≠a cerebral ‚ÄĒo estar en condiciones de hacerlo‚ÄĒ a menos que sea vital para su salud. Esto podr√≠a limitar significativamente el n√ļmero de usuarios potenciales del lazo neural de Musk. La idea original de Kernel al adquirir la empresa KRS era tambi√©n implantar electrodos en el cerebro de las personas, pero la compa√Ī√≠a cambi√≥ sus planes seis meses despu√©s debido a las dificultades relacionadas con las tecnolog√≠as invasivas.

Es fácil para los multimillonarios como Musk ser optimistas sobre el desarrollo de interfaces cerebro-computadora. Pero, en lugar de descartarlos, recordemos que estas visiones son cruciales. Empujan los límites y ayudan a los investigadores a fijar metas a largo plazo.

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Hay muchas razones para ser optimista. La neurotecnolog√≠a comenz√≥ unos pocos a√Īos despu√©s de que el hombre pusiera el pie en la luna, tal vez reflejando la necesidad de un nuevo gran desaf√≠o despu√©s de un salto gigante para la humanidad. Y las interfaces cerebro-computadora eran en realidad pura ciencia ficci√≥n en aquel momento.

En 1965, la tira c√≥mica ‚ÄúOur New Age‚ÄĚ del Sunday dec√≠a:

En 2016, la inteligencia y el intelecto del hombre podrán ser mejorados por las drogas y por la vinculación de los cerebros humanos directamente a los ordenadores.

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Todavía no hemos llegado, pero juntos podemos conseguirlo.


Davide Valeriani es un investigador postdoctoral de interfaces cerebro-computacionales en la Universidad de Essex.

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Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.