A casi 3.800 metros sobre el nivel del mar, en uno de los paisajes más extremos de Chile, miles de flamencos intentan reproducirse cada año entre lagunas salinas, temperaturas bajo cero y fuertes vientos. Pero en 2025 ocurrió algo que encendió las alarmas de los especialistas: más de 1.500 huevos quedaron abandonados en sus nidos y una temporada reproductiva terminó prácticamente perdida.
El escenario parecía especialmente preocupante para el flamenco andino, una de las especies más amenazadas de Sudamérica. Sin embargo, cuando los guardaparques regresaron al Salar de Maricunga durante 2026, encontraron un panorama muy diferente.
Un total de 975 flamencos juveniles habían alcanzado la etapa de vuelo, una cifra que devolvió las esperanzas a los equipos de conservación. El resultado no representa la recuperación de los huevos perdidos, sino el éxito de una nueva temporada reproductiva en un ecosistema donde sobrevivir nunca está garantizado.
El hallazgo fue confirmado por la Corporación Nacional Forestal de Chile (CONAF), que publicó los resultados del monitoreo el 24 de julio de 2026.
Un santuario de flamencos donde la reproducción puede fracasar de un año a otro

El Salar de Maricunga se encuentra en la Región de Atacama, cerca del Parque Nacional Nevado de Tres Cruces. Sus lagunas constituyen uno de los principales lugares de nidificación del flamenco andino (Phoenicoparrus andinus) en Chile. Allí, las aves construyen nidos elevados de barro y dependen del equilibrio del humedal para incubar sus huevos y alimentar a las crías.
Según los registros históricos de CONAF, el lugar había mostrado resultados alentadores durante las temporadas anteriores, con 859 polluelos en 2023 y 832 en 2024. Sin embargo, en 2025 la reproducción sufrió un fuerte retroceso. Más de 1.500 huevos quedaron abandonados y no llegaron a producir nuevas crías.
Las causas exactas no se han establecido de manera concluyente. Los cambios en la disponibilidad de agua, las perturbaciones ambientales y las condiciones meteorológicas pueden afectar la reproducción, aunque no es posible atribuir aquel episodio a un único factor sin evidencias adicionales.
El contraste llegó durante el ciclo 2025-2026. Mediante observaciones terrestres y drones facilitados por la Fundación Symbiótica, los investigadores contabilizaron 1.964 nidos y 975 flamencos volantones, es decir, juveniles que ya habían desarrollado la capacidad de volar. El 80% pertenecía a la especie andina, mientras que el 15% correspondía al flamenco chileno y el 5% al flamenco de James.
Los 28 adultos que acompañaron a las crías antes de su primer gran viaje

Uno de los comportamientos más llamativos del seguimiento fue la presencia de 28 flamencos adultos y subadultos que permanecieron junto a los juveniles. Los especialistas observaron que estos ejemplares cumplían funciones de acompañamiento durante una etapa especialmente delicada. Ayudaban a las crías a desarrollar habilidades relacionadas con la alimentación, la protección frente al viento y las prácticas de vuelo.
Según la documentación publicada por CONAF, a mediados de abril 443 juveniles ya habían abandonado la laguna, mientras que otros 532 permanecían allí preparándose para migrar.
La recuperación tampoco fue absoluta. Los guardaparques encontraron 683 huevos sin eclosionar, además de 41 polluelos y siete adultos muertos. En otra colonia se registró un fracaso reproductivo que afectó potencialmente a unos 1.600 flamencos de James.
Los resultados muestran hasta qué punto el éxito reproductivo puede variar incluso entre colonias que comparten un mismo humedal. Las buenas noticias también llegaron desde el Salar de Pedernales, donde se contabilizaron otros 410 flamencos juveniles saludables durante abril de 2026.
La recuperación en Chile también es importante para Argentina

La historia no termina en las lagunas de Atacama. Los flamencos altoandinos realizan desplazamientos estacionales entre distintos humedales de Sudamérica, especialmente cuando las bajas temperaturas del invierno congelan parcialmente sus áreas de reproducción.
Durante esos meses, muchos ejemplares abandonan los salares de altura y buscan lugares más bajos donde puedan continuar alimentándose. Entre los destinos posibles se encuentran humedales argentinos, como la laguna Mar Chiquita o Mar de Ansenuza, en Córdoba, un ambiente fundamental para la conservación de distintas especies de flamencos.
CONAF confirmó que los juveniles registrados en Maricunga y Pedernales se desplazaron durante el invierno de 2026 hacia zonas de menor altitud de Chile y Argentina, aunque no identificó individualmente todos sus destinos. Por eso, lo que ocurre en una colonia chilena puede tener consecuencias para la conservación de estas aves al otro lado de los Andes.
La nueva temporada demuestra que una población puede volver a reproducirse con éxito después de un fracaso importante. Pero también recuerda que su supervivencia depende de una red de humedales conectados, cuya protección requiere esfuerzos que van mucho más allá de las fronteras nacionales.