En 2016, los arqueólogos que excavaban el antiguo cementerio de Falero, al sur de Atenas, se encontraron con una escena difícil de olvidar. Dentro de tres fosas aparecieron los esqueletos de 79 hombres adultos. Muchos todavía llevaban grilletes metálicos alrededor de las muñecas. No estaban dispersos como los muertos de una batalla: habían sido colocados deliberadamente en grupos y filas.
El descubrimiento abrió inmediatamente una pregunta: ¿quién había terminado allí?
Durante años se plantearon diferentes posibilidades. Podían ser extranjeros, prisioneros, invasores, criminales o víctimas de alguna de las luchas políticas que sacudieron Atenas durante el Periodo Arcaico. Ahora, un nuevo análisis químico de sus dientes ha eliminado al menos una de esas posibilidades. Y cambia bastante la historia.
Sus dientes conservaron una dirección de hace 2.600 años

euronews (en español).
El equipo liderado por la bioarqueóloga Julianne R. Stamer, de la Universidad Estatal de Arizona, estudió a 163 individuos del cementerio: 66 procedentes de las fosas de la Esplanada y otros 97 enterrados en Falero. Los resultados se publicaron en Journal of Archaeological Science: Reports.
La clave estaba en el estroncio. Durante la infancia, pequeñas cantidades de este elemento terminan incorporándose al esmalte dental a través del agua y los alimentos. Como ese esmalte prácticamente no cambia después de formarse, conserva una señal química vinculada a la geología del lugar donde una persona creció. Compararla con los valores locales permite detectar individuos que pasaron sus primeros años en otra región. Y ahí apareció la sorpresa.
De los 66 hombres analizados de las fosas, 64 presentaban valores compatibles con la región de Ática. Solo dos fueron identificados como no locales. En toda la muestra de 163 personas, únicamente siete mostraban un origen no local, alrededor del 4,3%.
Es decir, aquellos hombres encadenados probablemente no formaban parte de una fuerza extranjera que había llegado hasta Atenas. En términos geográficos, pertenecían esencialmente a la misma población que enterraba a sus muertos alrededor.
El enemigo probablemente estaba dentro de casa

Eso hace que la fosa resulte todavía más inquietante. Falero era entonces el puerto de Atenas y formaba parte de un mundo griego en el que aumentaban los intercambios y los desplazamientos. Precisamente por eso, los investigadores esperaban encontrar una proporción mayor de personas procedentes de otros lugares. Sin embargo, los resultados apuntan a una población sorprendentemente local.
Para Stamer, el hallazgo cambia la forma de interpretar la violencia: quienes acabaron encadenados y enterrados allí parecen haber sufrido una violencia ejercida contra personas de la propia comunidad, no contra un grupo invasor llegado desde fuera.
El contexto histórico ofrece una posibilidad especialmente tentadora. En el siglo VII a.C., Atenas atravesaba violentas disputas entre facciones aristocráticas. Una de las más conocidas fue el intento de Cilón de tomar el poder alrededor del 632 a.C., cuyos seguidores terminaron perseguidos y asesinados. Desde el descubrimiento de las fosas se ha planteado que algunos de los esqueletos podrían estar relacionados con aquel episodio, aunque la identificación continúa siendo discutida.
Sabemos de dónde eran. Todavía no sabemos quiénes eran

Y aquí está el matiz importante: el estudio no ha identificado definitivamente a los 79 hombres. Los isótopos permiten descartar en gran medida la hipótesis de un grupo de extranjeros, pero no pueden decir si aquellos muertos eran partidarios de Cilón, delincuentes, enemigos políticos o miembros de alguna otra facción ateniense. La propia Stamer advierte que el estudio revela su procedencia, no sus nombres ni el motivo exacto de sus ejecuciones.
Lo que sí sabemos es quizá más interesante que una respuesta cerrada. Hace aproximadamente 2.600 años, decenas de hombres de la región fueron reducidos, encadenados y enterrados juntos en Falero. Durante siglos parecieron posibles enemigos llegados de fuera.
Sus propios dientes cuentan otra historia: la violencia parece haber venido desde dentro.