Las islas parecen pequeños refugios separados del resto del mundo, rodeados por océanos que durante miles o millones de años permitieron que animales y plantas evolucionaran de maneras extraordinarias. Sin embargo, ese aislamiento que convirtió a lugares como Galápagos, Madagascar o Hawái en auténticos laboratorios naturales también representa una de sus mayores debilidades.
Aunque ocupan aproximadamente el 7% de la superficie terrestre emergida, las islas albergan cerca del 20% de la biodiversidad mundial. Ahora, una investigación internacional advierte que gran parte de esa riqueza natural podría enfrentarse a una combinación de amenazas sin precedentes durante las próximas décadas.
El estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, examinó 16.578 islas de todo el mundo y proyectó su exposición al cambio climático, las invasiones biológicas y la transformación del uso del suelo hasta 2050.
Los resultados muestran que la mayoría estará expuesta simultáneamente a estos tres factores, aunque su intensidad y el riesgo dominante serán diferentes según la región. La investigación, dirigida por Clara Marino y desarrollada por un equipo de 14 científicos, constituye una de las evaluaciones globales más amplias realizadas sobre las presiones ambientales que enfrentan los ecosistemas insulares.
Una triple amenaza podría transformar miles de islas antes de 2050

Los investigadores combinaron bases de datos ambientales con modelos de proyección específicos para islas de más de un kilómetro cuadrado. El objetivo era identificar no solamente qué lugares están amenazados, sino también cuáles podrían sufrir varias presiones al mismo tiempo.
El cambio climático aparece como la principal amenaza para el 65% de las islas evaluadas. Las alteraciones en las temperaturas, los patrones de precipitación y otros procesos ambientales pueden modificar las condiciones de las que dependen especies adaptadas a hábitats muy específicos. El 22% estará principalmente expuesto a transformaciones del uso del suelo, como la expansión urbana, agrícola o de infraestructuras. Este problema destaca en zonas del Pacífico, el Sudeste Asiático y el mar Báltico. Por su parte, las invasiones biológicas constituyen la amenaza dominante para el 13% restante.
Las especies introducidas pueden desplazar a las nativas, competir por recursos o convertirse en nuevos depredadores. En islas donde muchos animales evolucionaron sin determinadas amenazas, estos cambios pueden tener consecuencias especialmente graves. La Fundación Francesa para la Investigación en Biodiversidad destaca que el problema central es la combinación de estos factores: una isla sometida a calentamiento climático también puede experimentar urbanización y expansión de especies invasoras.
Hay 31 países con islas especialmente expuestas y la protección sigue siendo insuficiente
Uno de los resultados más preocupantes es la identificación de 31 países con cantidades desproporcionadas de islas sometidas a niveles elevados de exposición ambiental. Entre ellos aparecen Francia, Seychelles, Bangladesh, China, Fiyi, Micronesia y Japón. La Polinesia Francesa destaca por la combinación de amenazas, mientras que distintas islas del norte de Europa enfrentan una presión importante de especies invasoras.
El problema no se limita a territorios tropicales. En España, por ejemplo, el Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC identificó tres puntos críticos entre las 28 islas españolas estudiadas: Arosa, La Toja y Conejera. Aunque existen iniciativas de conservación, los investigadores advierten que muchas políticas globales todavía no contemplan suficientemente las necesidades particulares de los territorios insulares.

La creación de áreas protegidas, la restauración de hábitats degradados y el control de especies introducidas aparecen entre las respuestas más importantes. Sin embargo, los autores reconocen que sus modelos todavía no incorporan completamente amenazas como la contaminación por plásticos, los pesticidas, la iluminación artificial y la sobreexplotación de recursos naturales. Por eso, la exposición ambiental real podría ser incluso mayor. También es importante distinguir entre exposición y pérdida efectiva de biodiversidad. El estudio no afirma que todas estas islas vayan a perder sus especies antes de 2050, sino que estarán sometidas a presiones capaces de aumentar su vulnerabilidad.
La investigación ofrece algo que hasta ahora faltaba: mapas globales que permiten identificar dónde se acumulan las amenazas y, por tanto, dónde convendría concentrar los recursos de conservación. La paradoja es evidente. Algunos de los territorios más pequeños y aislados del planeta albergan una parte extraordinaria de su patrimonio biológico, pero también figuran entre los más sensibles a las transformaciones ambientales. Y si las medidas de protección no avanzan al mismo ritmo que esas amenazas, el mundo podría perder especies y ecosistemas que no existen en ningún otro lugar.