Hace aproximadamente 66 millones de años, mientras enormes depredadores como el Tyrannosaurus rex dominaban los ecosistemas de América del Norte, existía un dinosaurio mucho más pequeño con una característica sorprendente: su mandíbula estaba adaptada para triturar frutas carnosas en lugar de desgarrar carne.
Se trata de Infernogallus jamesi, una especie recientemente identificada cuyo nombre significa “gallina del infierno”. A pesar de su intimidante denominación, los investigadores consideran que probablemente era un herbívoro especializado en consumir frutos.
El descubrimiento, publicado en octubre de 2026 en la revista científica Nature Communications, aporta nuevas evidencias sobre la diversidad alimentaria de los dinosaurios y su posible relación con la expansión de las plantas con flores.
La gallina del infierno vivió junto al Tyrannosaurus rex
Los restos de Infernogallus jamesi fueron encontrados en la formación geológica Hell Creek, en Estados Unidos, una región conocida por conservar fósiles de los últimos dinosaurios que habitaron el planeta antes de la gran extinción.
A diferencia de los gigantescos depredadores de su época, este dinosaurio tenía aproximadamente el tamaño de un pavo y pesaba alrededor de 12 kilogramos.
Pertenecía al grupo de los caenagnátidos, dinosaurios bípedos con plumas, picos sin dientes y características anatómicas que recuerdan a las aves modernas. Lo más sorprendente es que descendía de una rama evolutiva de dinosaurios carnívoros, pero había desarrollado adaptaciones para alimentarse de vegetales.

Un cráneo casi completo permitió descubrir su verdadera alimentación
El fósil fue descubierto en 2011 y conserva un cráneo prácticamente completo, algo excepcional entre los caenagnátidos.
Un equipo dirigido por Gregory Funston, investigador de la Universidad de Stony Brook, utilizó tomografías computarizadas para reconstruir la estructura del cráneo y estudiar el funcionamiento de sus músculos mandibulares.
Los resultados revelaron una disposición anatómica poco habitual. Los huesos del paladar estaban curvados hacia abajo, lo que permitía que determinados músculos actuaran en dirección horizontal.
Gracias a esta configuración, la mandíbula podía desplazarse hacia adelante y hacia atrás, triturando alimentos blandos dentro de la boca.
Este mecanismo era muy diferente del utilizado por grandes dinosaurios carnívoros, cuyas mandíbulas estaban especializadas principalmente en ejercer mordidas verticales.
Su mandíbula funcionaba de manera similar a la de algunos loros
Los científicos compararon la anatomía de Infernogallus con la de diferentes animales actuales y encontraron semejanzas con ciertas especies de loros que consumen frutos.
Una de ellas es el loro de Pesquet, que posee adaptaciones para procesar alimentos vegetales blandos.
Los investigadores creen que el dinosaurio podría haber consumido drupas, frutos caracterizados por una parte carnosa que rodea una semilla dura, como sucede con los duraznos o las cerezas.
Aunque no se encontraron restos directos de frutas en su aparato digestivo, la estructura de su mandíbula constituye una fuerte evidencia de una alimentación especializada en vegetales blandos.
Hot off the presses! Infernogallus jamesi, one of the most complete Oviraptorosaur from North America, found in the Hell Creek formation, that shows fruit-eating adaptationshttps://t.co/O48uSrk6he pic.twitter.com/ZCWKt6eXsh
— Fang ( Commissions Open) (@Fang83768513) October 10, 2026
El descubrimiento podría cambiar lo que sabemos sobre las plantas del Cretácico
Durante el Cretácico, las plantas con flores experimentaron una importante expansión y comenzaron a producir frutos cada vez más diversos. Los investigadores plantean que ciertos dinosaurios pudieron desarrollar adaptaciones alimentarias relacionadas con la disponibilidad de estos nuevos recursos.
Sin embargo, todavía no está demostrado que la evolución de Infernogallus haya sido una consecuencia directa de la expansión de las plantas con frutos.
Tampoco se sabe si este dinosaurio participaba en la dispersión de semillas, una función ecológica que actualmente cumplen numerosas aves y mamíferos.
Un dinosaurio que demuestra cuánto queda por descubrir
El hallazgo ofrece una nueva perspectiva sobre los ecosistemas que existían durante los últimos millones de años del período Cretácico.
Hasta ahora, la alimentación de muchos caenagnátidos era difícil de reconstruir debido a la escasez de cráneos completos. La excepcional conservación de Infernogallus permitió identificar adaptaciones que no se habían documentado anteriormente en otros dinosaurios terópodos no avianos.
La investigación demuestra que los dinosaurios desarrollaron estrategias alimentarias mucho más variadas de lo que imaginábamos, incluyendo mecanismos especializados para procesar frutas.
Y deja una imagen inesperada del mundo prehistórico: mientras el T. rex perseguía grandes presas, una pequeña “gallina del infierno” probablemente recorría los bosques buscando frutos para alimentarse.