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Ciencia

Encontraron dos dientes en una mina de Tailandia y tardaron 22 años en descubrir a qué animal pertenecían. Era un roedor gigante de 30 kilos que vivió hace 35 millones de años

Dos dientes fósiles encontrados en una mina de Tailandia revelaron una especie desconocida de roedor que pesaba unos 30 kilos. Su existencia demuestra que estos animales alcanzaron tamaños gigantescos mucho antes de lo que se pensaba.
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En 2004, unos investigadores trabajaban en una mina de carbón del sur de Tailandia cuando encontraron dos dientes fosilizados de un animal desconocido. Uno era un molar de dimensiones extraordinarias; el otro, un incisivo que tampoco encajaba fácilmente con las especies conocidas. Durante más de veinte años, aquellos restos permanecieron sin una identificación definitiva. Ahora, un equipo internacional ha conseguido resolver el misterio: pertenecían a un roedor gigantesco que pudo alcanzar los 30 kilos y vivió hace aproximadamente 35 millones de años.

La especie, bautizada como Yakamys sirindhornae, habitaba una región que entonces presentaba ambientes lacustres y una fauna muy diferente de la actual. Sus restos fueron encontrados en la cuenca de Krabi, una zona conocida por conservar fósiles de mamíferos que vivieron durante el Eoceno.

El descubrimiento, publicado el 4 de noviembre de 2026 en Scientific Reports, revela que algunos de los primeros grupos de roedores ya habían desarrollado cuerpos extraordinariamente grandes millones de años antes de la aparición de los gigantes sudamericanos mejor conocidos.

Dos dientes encontrados en una mina bastaron para identificar una especie completamente desconocida

Encontraron dos dientes en una mina de Tailandia y tardaron 22 años en descubrir a qué animal pertenecían. Era un roedor gigante de 30 kilos que vivió hace 35 millones de años
Distintas vistas del molar fosilizado de Yakamys sirindhornae, utilizado para describir la nueva especie. © Yaowalak Chaimanee y colaboradores / Scientific Reports (2026).

La investigación comenzó con un hallazgo aparentemente pequeño. Los fósiles procedían de capas sedimentarias de la mina de Bang Mark, en la provincia tailandesa de Krabi, y consistían únicamente en un segundo molar inferior y un fragmento de incisivo.

Sin embargo, sus dimensiones eran sorprendentes. El molar medía aproximadamente 11,6 milímetros de largo y 11,3 milímetros de ancho, considerablemente más que los dientes de otros roedores antiguos relacionados con esta especie.

Los científicos estudiaron la forma de las cúspides, el desgaste del esmalte y la disposición de estructuras microscópicas. La combinación permitió asignar el animal a los isquiromíidos, una familia extinta que formó parte de las primeras grandes diversificaciones de los roedores.

Para calcular cuánto pesaba utilizaron siete ecuaciones que relacionan las dimensiones dentales con la masa corporal de roedores modernos. Las estimaciones individuales variaron entre 21,4 y 47,3 kilos, y los autores adoptaron 30 kilos como una aproximación razonable, no como una medición exacta.

Eso lo situaría en una categoría de tamaño comparable a algunos de los roedores actuales más grandes, aunque no necesariamente con la misma apariencia.

Según los investigadores de la Universidad de Poitiers y el laboratorio PALEVOPRIM, el fósil constituye una evidencia excepcional del gigantismo temprano entre los roedores asiáticos.

El hallazgo cambia la historia de los roedores gigantes, pero todavía hay algo que nadie conoce

Encontraron dos dientes en una mina de Tailandia y tardaron 22 años en descubrir a qué animal pertenecían. Era un roedor gigante de 30 kilos que vivió hace 35 millones de años
Diferentes perspectivas del molar que permitió identificar a Yakamys sirindhornae como una nueva especie de roedor gigante del Eoceno. © Chaimanee y colaboradores / Scientific Reports (2026).

El nombre Yakamys combina la palabra tailandesa yak, que significa gigante, con el término griego mys, utilizado para referirse a ratones o ratas. Su descubrimiento indica que los roedores ya habían desarrollado tamaños corporales muy grandes durante el Eoceno tardío, antes de la diversificación de algunas de las especies gigantes más conocidas de América del Sur.

Hay, sin embargo, una limitación importante: los investigadores solamente disponen de dos dientes. No conocen la forma de su cráneo, la longitud de sus patas, su pelaje ni cómo se desplazaba.

La presencia de sedimentos asociados con antiguos lagos permite plantear la posibilidad de que viviera cerca del agua, pero no demuestra que fuera semiacuático ni que se pareciera a un capibara. De hecho, los autores advierten que hacen falta restos del esqueleto para reconstruir su anatomía y ecología.

La investigación también plantea preguntas sobre las condiciones ambientales que favorecieron su crecimiento. En otros linajes, el gigantismo se ha relacionado con cambios de hábitat, disponibilidad de alimentos y ausencia de determinados competidores, pero ninguno de esos mecanismos ha podido demostrarse todavía para Yakamys.

Los fósiles permanecen conservados en el Departamento de Recursos Minerales de Tailandia. Su estudio demuestra que incluso dos piezas diminutas pueden transformar nuestra comprensión de millones de años de evolución.

Durante 22 años, aquellos dientes fueron solamente un misterio almacenado entre miles de fósiles. Ahora sabemos que pertenecían a uno de los primeros roedores gigantes documentados en el sudeste asiático, y que todavía falta encontrar prácticamente todo su cuerpo.

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