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Ciencia

Los satélites llevan 20 años observando cómo el océano Pacífico cambia de color y los científicos creen haber encontrado una explicación inquietante. Millones de partículas de plástico podrían estar detrás

Un estudio publicado en Nature detectó cambios de color en el océano Pacífico durante dos décadas. Los científicos sospechan que la acumulación de microplásticos podría estar alterando la forma en que el agua refleja la luz.
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Durante más de veinte años, varios satélites observaron cómo determinadas regiones del océano Pacífico se volvían progresivamente más brillantes. El cambio era tan sutil que resultaba imposible identificarlo a simple vista, pero los instrumentos detectaban una señal persistente: el agua reflejaba cada vez más luz azul y verde. Ahora, un equipo de científicos cree haber encontrado una explicación que podría cambiar nuestra manera de estudiar la contaminación marina.

La acumulación de microplásticos podría estar modificando las propiedades ópticas del océano, hasta el punto de dejar una huella detectable desde el espacio. El fenómeno aparece especialmente cerca de la Gran Mancha de Basura del Pacífico, una gigantesca zona de acumulación de residuos situada entre California y Hawái.

La investigación, publicada el 5 de noviembre de 2026 en Communications Earth & Environment, no demuestra que los microplásticos sean los únicos responsables del cambio. Sin embargo, los modelos científicos encontraron que su presencia ofrece una explicación estadísticamente más probable que varias de las alternativas naturales examinadas.

El océano está reflejando una luz diferente y la señal coincide con una gigantesca zona de contaminación

Los satélites llevan 20 años observando cómo el océano Pacífico cambia de color y los científicos creen haber encontrado una explicación inquietante. Millones de partículas de plástico podrían estar detrás
Los satélites de observación terrestre registran pequeñas variaciones en la luz reflejada por los océanos. Estas mediciones permiten estudiar cambios relacionados con partículas, microorganismos y otros componentes del agua. © NASA Earth Observatory.

Los investigadores analizaron tres conjuntos independientes de datos satelitales que cubren el periodo comprendido entre agosto de 2002 y septiembre de 2022.

Las observaciones procedían de instrumentos y programas vinculados con la NASA, la Agencia Espacial Europea y Copernicus. Todos registraban la cantidad de luz reflejada por el agua en distintas longitudes de onda.

El resultado reveló una tendencia llamativa: algunas zonas del Pacífico Norte mostraban aumentos simultáneos en las bandas azul y verde, produciendo una señal espectral de tonalidad cian.

Lo importante es dónde aparecía ese patrón. Las regiones con cambios más destacados coincidían parcialmente con las zonas donde los modelos oceánicos predicen una mayor acumulación de plásticos.

La Gran Mancha de Basura del Pacífico cubre aproximadamente 1,6 millones de kilómetros cuadrados. Pero, a diferencia de lo que suelen mostrar algunas ilustraciones, no es una isla compacta de basura visible desde el espacio. Los residuos están dispersos en una enorme extensión de agua y muchos son demasiado pequeños para distinguirlos individualmente.

Según explica The Ocean Cleanup, las corrientes concentran los materiales flotantes y favorecen su fragmentación progresiva en partículas cada vez más diminutas.

Los científicos hicieron miles de simulaciones y los microplásticos aparecieron como una explicación especialmente probable

Los satélites llevan 20 años observando cómo el océano Pacífico cambia de color y los científicos creen haber encontrado una explicación inquietante. Millones de partículas de plástico podrían estar detrás
Los plásticos acumulados en el Pacífico Norte se fragmentan progresivamente en partículas diminutas que pueden permanecer suspendidas en el agua. © The Ocean Cleanup.

El equipo, integrado por Shea Cheatham, Daniel Koestner y Børge Hamre, utilizó modelos de transferencia radiativa para calcular cómo respondería la luz ante diferentes concentraciones de microplásticos.

Las simulaciones mostraron que estas partículas pueden aumentar la reflectancia del agua, especialmente alrededor de los 490 nanómetros, dentro de la región azul-verde del espectro visible. Para comprobar si el cambio podía deberse a procesos naturales, los investigadores simularon más de 100.000 escenarios de variación en las propiedades del océano, considerando factores como el fitoplancton, la materia orgánica disuelta y las partículas minerales.

Encontraron que las simulaciones con microplásticos eran más de cuatro veces más propensas a reproducir el patrón observado que aquellas basadas únicamente en los cambios naturales considerados.

Sin embargo, el estudio original insiste en una limitación fundamental: detectar un patrón compatible con microplásticos no equivale a medir directamente su concentración. Tampoco permite descartar por completo transformaciones ecológicas o combinaciones de factores que todavía no se conocen bien.

Los satélites llevan 20 años observando cómo el océano Pacífico cambia de color y los científicos creen haber encontrado una explicación inquietante. Millones de partículas de plástico podrían estar detrás
Fragmentos plásticos recogidos en el Pacífico. Los investigadores estudian si partículas mucho más pequeñas pueden modificar la señal luminosa que reciben los satélites. © The Ocean Cleanup.

La consecuencia tecnológica podría ser enorme. Actualmente, medir microplásticos en mar abierto requiere expediciones, redes especiales y análisis de laboratorio. Si futuros estudios confirman que las partículas generan una firma espectral reconocible, los satélites podrían ayudar a identificar zonas de acumulación sin depender exclusivamente de campañas oceanográficas.

El descubrimiento no significa que el Pacífico esté convirtiéndose visiblemente en otro color. Lo extraordinario es que la contaminación podría estar dejando una señal luminosa detectable desde cientos de kilómetros de altura. Y esa huella, hasta ahora prácticamente invisible, podría convertirse en una nueva herramienta para vigilar la salud de nuestros océanos.

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