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Ciencia

Un neandertal murió hace 75.000 años con un agujero de 15 milímetros en el omóplato. Los científicos creen que una lanza atravesó su pecho y reveló una historia todavía más sorprendente

Un fósil descubierto en una cueva de Irak conserva las señales de una posible herida mortal causada por una lanza de madera. Pero sus dientes también revelaron que sobrevivió a otra lesión brutal gracias, posiblemente, al cuidado de su comunidad.
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En una cueva de las montañas del Kurdistán iraquí, un equipo de arqueólogos encontró los restos de alguien que había muerto hace aproximadamente 75.000 años. Su esqueleto estaba incompleto y había permanecido sepultado bajo casi ocho metros de sedimentos, pero uno de sus huesos conservaba una señal extraordinaria: un agujero perfectamente definido que parecía haber sido producido por un arma.

La lesión medía apenas 15 milímetros de diámetro. Sin embargo, podría contar una de las historias más antiguas de violencia mortal entre nuestros parientes humanos.

Investigadores de la Universidad de Cambridge analizaron los restos de un neandertal conocido como Shanidar A y concluyeron que una lanza de madera probablemente atravesó su pecho antes de perforarle el omóplato izquierdo. El impacto pudo afectar un pulmón y grandes vasos sanguíneos, provocando una muerte rápida.

El hallazgo, publicado el 15 de octubre de 2026 en Scientific Reports, también reveló algo inesperado: años antes de morir, este individuo había sobrevivido a una grave lesión facial que posiblemente lo obligó a depender de los cuidados de otros miembros de su comunidad.

Un agujero de 15 milímetros permitió reconstruir una posible muerte violenta

Un neandertal murió hace 75.000 años con un agujero de 15 milímetros en el omóplato. Los científicos creen que una lanza atravesó su pecho y reveló una historia todavía más sorprendente
Vistas anterior y posterior del omóplato de Shanidar A. La forma del agujero y los pequeños fragmentos de hueso desplazados permitieron reconstruir la trayectoria de un posible proyectil que atravesó el pecho del individuo. © Dra. Emma Pomeroy / Universidad de Cambridge.

Los restos de Shanidar A fueron recuperados durante las excavaciones de 2019 y 2022 en la cueva de Shanidar, uno de los yacimientos neandertales más importantes de Oriente Próximo. El individuo tenía aproximadamente 45 años cuando murió y conservaba parte de las costillas, una mano, varios dientes y el omóplato izquierdo.

Precisamente este último hueso atrajo la atención de los investigadores. Aunque algunas zonas eran extremadamente delgadas, se había conservado casi completo, excepto por una perforación circular rodeada de pequeñas fracturas. El equipo utilizó microscopía y tomografías computarizadas para estudiar el daño. Encontró fragmentos óseos desplazados hacia la parte posterior del omóplato, una señal compatible con un objeto puntiagudo que había entrado desde el pecho.

La forma del agujero también ofreció pistas sobre el arma. Una punta de piedra habría dejado normalmente una perforación más angular, mientras que una lanza de madera afilada podía producir una abertura redondeada como la observada. Según el comunicado oficial de Cambridge, la trayectoria descendente sugiere que el arma entró desde delante y atravesó parte del tórax antes de alcanzar el hueso.

El ataque pudo estar dirigido al corazón, aunque nadie sabe quién empuñaba la lanza

La interpretación más llamativa es que el golpe pudo dirigirse deliberadamente hacia una zona vital del cuerpo. Una lanza que siguiera la trayectoria reconstruida podría haber atravesado un pulmón y lesionado arterias importantes. Los investigadores consideran probable que una herida de esa magnitud provocara la muerte en poco tiempo. Pero hay una diferencia fundamental entre demostrar que alguien sufrió una herida de lanza y establecer que fue asesinado.

Los autores reconocen que no pueden determinar si el neandertal murió durante un enfrentamiento con otro individuo o como consecuencia de un accidente de caza. Tampoco es posible reconstruir las circunstancias exactas del episodio. La hipótesis resulta especialmente interesante porque las armas de madera rara vez sobreviven durante decenas de miles de años. Los huesos heridos pueden proporcionar pruebas indirectas de tecnologías que casi nunca aparecen en el registro arqueológico.

Un neandertal murió hace 75.000 años con un agujero de 15 milímetros en el omóplato. Los científicos creen que una lanza atravesó su pecho y reveló una historia todavía más sorprendente
Una arqueóloga trabaja en el interior de la cueva de Shanidar, en el Kurdistán iraquí. El yacimiento conserva restos de varios neandertales y aporta evidencias sobre sus prácticas funerarias y formas de vida. © University of Cambridge.

El Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana de España (CENIEH), que participó en el trabajo, destacó precisamente que esta perforación podría representar una de las evidencias más antiguas del uso mortal de una lanza de madera entre los homininos.

Sus dientes contaban otra historia: alguien pudo haberlo ayudado a sobrevivir

El análisis de los restos dentales añadió una dimensión inesperada al descubrimiento. Los científicos identificaron un incisivo partido verticalmente y alteraciones en otros dientes, compatibles con un traumatismo facial grave ocurrido al menos un año antes de su muerte. Una lesión de estas características pudo dificultar actividades esenciales, como masticar alimentos o beber. Sin embargo, Shanidar A sobrevivió durante suficiente tiempo como para que sus dientes desarrollaran señales de desgaste posteriores al accidente.

Para los investigadores, esto plantea la posibilidad de que recibiera alimentos preparados o asistencia de otros neandertales mientras se recuperaba. La ubicación del esqueleto también resulta significativa. Shanidar A apareció dentro de una concentración de restos de al menos cinco individuos, lo que refuerza la hipótesis de que la cueva fue utilizada repetidamente para depositar a los muertos. Como explica el estudio original, estas evidencias aportan información sobre comportamientos funerarios y posibles cuidados colectivos, aunque no permiten reconstruir las relaciones personales de aquel grupo.

El descubrimiento muestra una realidad mucho más compleja que la imagen tradicional del neandertal como un ser exclusivamente violento o primitivo. Un individuo pudo sobrevivir a una lesión devastadora gracias a otros y, años después, encontrar la muerte por el impacto de un arma. Dos episodios separados por el tiempo, conservados en unos pocos huesos, que permiten reconstruir parte de una vida ocurrida hace 75.000 años.

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