Durante buena parte del siglo XX, la evolución humana se explicó como un árbol cuyas ramas representaban especies que aparecían, evolucionaban y finalmente desaparecían. Una de aquellas ramas era Homo erectus, nuestro antiguo pariente que consiguió extenderse desde África hasta distintas regiones de Asia. Pero un análisis de dientes fosilizados está obligando a revisar esa historia: algunos de sus genes podrían haber sobrevivido hasta nuestros días a través de otras poblaciones humanas.
La investigación parte de seis dientes descubiertos en tres yacimientos de China, pertenecientes a individuos que vivieron hace aproximadamente 400.000 años. Los científicos consiguieron extraer proteínas conservadas en el esmalte y encontraron una señal molecular que también aparece en los denisovanos, un misterioso grupo humano emparentado con los neandertales.
El trabajo original fue publicado el 13 de mayo de 2026 en Nature, pero volvió a cobrar actualidad este 5 de noviembre gracias a un análisis divulgado por ScienceDaily. Sus implicaciones son especialmente interesantes: la historia humana podría parecerse menos a un árbol de ramas separadas y más a una red de poblaciones que intercambiaron genes durante cientos de miles de años.
Los científicos recuperaron proteínas donde el ADN ya había desaparecido

Los fósiles procedían de Zhoukoudian, cerca de Pekín, Hexian, en la provincia de Anhui, y Sunjiadong, en Henan. Entre ellos se encontraba material relacionado con las poblaciones conocidas popularmente como el hombre de Pekín.
Extraer información genética de restos tan antiguos representa un desafío enorme. El ADN se degrada con el tiempo y suele desaparecer mucho antes de alcanzar estas edades, especialmente en ambientes relativamente cálidos.
Los investigadores encontraron una alternativa en el esmalte dental, el tejido más duro del cuerpo humano. Sus proteínas pueden sobrevivir durante periodos extraordinariamente largos y conservar pequeñas diferencias moleculares que ayudan a reconstruir relaciones evolutivas.
El equipo utilizó un procedimiento basado en un tratamiento ácido controlado para recuperar proteínas sin destruir la morfología de los fósiles. Después comparó sus secuencias con las conocidas en humanos modernos, neandertales, denisovanos y otros homininos.
Los resultados revelaron dos variantes de la proteína ameloblastina compartidas por los seis individuos. Una de ellas, denominada A253G, no había sido identificada en otros linajes humanos estudiados. La segunda, M273V, tenía una particularidad mucho más intrigante: también estaba presente en los denisovanos.
La conexión con los denisovanos podría explicar una herencia genética que llegó hasta nosotros

La presencia de una misma variante proteica en ambas poblaciones sugiere que Homo erectus y los denisovanos pudieron coexistir e intercambiar material genético en Asia oriental.
Según explica Nature en su análisis científico, una posibilidad es que los denisovanos heredaran esa variante después de cruzarse con poblaciones relacionadas con Homo erectus. Posteriormente, parte de ese material pudo pasar a los antepasados de humanos modernos mediante nuevos episodios de mestizaje.
La variante genética correspondiente aparece actualmente en algunas poblaciones asiáticas y oceánicas. El análisis divulgado en noviembre señala una frecuencia aproximada del 21% en Filipinas y cercana al 1% en India.
Sin embargo, estos datos no permiten demostrar que la variante proceda exclusivamente de Homo erectus. Los investigadores consideran plausible el intercambio genético, pero todavía deben resolver cuándo ocurrió y qué poblaciones participaron.

El descubrimiento también demuestra el potencial de la paleoproteómica, una disciplina que permite investigar parentescos evolutivos cuando el ADN antiguo ya no puede recuperarse.
Durante décadas, Homo erectus fue considerado un linaje extinguido sin descendientes identificables de forma directa. Ahora, seis dientes de hace 400.000 años sugieren que su historia genética pudo continuar mucho después de que desaparecieran sus últimas poblaciones. Y, si esa interpretación se confirma, una pequeña parte de aquel pasado podría seguir presente en personas que viven hoy.