[Versión en español editada a partir del artículo original en inglés]
Los científicos han estado monitoreando las temperaturas de la superficie del Océano Pacífico desde mayo, y registran que las aguas se calientan muy rápido, con lo que esta corriente de El Niño ya se considera como la más fuerte que se haya registrado, aunque faltan semanas para que llegue a su pico máximo.
Se pronostica que alrededor de diciembre, en la región 3.4 del Pacífico central ecuatorial donde se monitorea, la temperatura será 4°C superior al promedio y eso causará problemas en los ecosistemas marinos, elevando el nivel del Pacífico y haciendo que aumenten las temperaturas globales además de alterar los patrones del clima en todo el mundo.
Ya hemos visto incendios forestales devastadores, inundaciones, y potentes ciclones, uno tras otro. Pero todavía falta más, según los científicos. En lugar de ver este El Niño solamente como impulsor de desastres ambientales, hay muchos investigadores que lo consideran una oportunidad científica inusual porque servirá como experimento natural para ver cómo responden los océanos y la atmósfera ante las aguas excepcionalmente cálidas del pacífico, lo que potencialmente ayudaría a pronosticar mejor lo que sucederá con este mundo que se calienta cada vez más.
“Me preocupa, pero también me entusiasma”, le dijo a Gizmodo Yassir Eddebbar, científico investigador asistente del Instituto Oceanográfico Scripps de la Universidad de California, San Diego. “Podemos probar muchas de las hipótesis y suposiciones que tenemos respecto de El Niño”.
Nuevas herramientas
Eddebbar estudia biogeoquímica oceánica, centrada en la variabilidad del clima y la influencia de la circulación oceánica en los niveles de oxígeno, el intercambio de carbono entre el aire y el mar y la productividad primaria en la cuenca del Pacífico.
“Antes teníamos mayormente observaciones satelitales de la temperatura y la clorofila y boyas Argo que medían la temperatura y salinidad del océano”, declaró. Son unas 4.000 boyas que brindan datos a científicos de todo el mundo y en los últimos años se han actualizado con boyas Argo biogeoquímicas(BGC en inglés).
“Son instrumentos autónomos que llegan hasta los 2.000 metros y miden la temperatura, la clorofila que crea la fotosíntesis del fitoplancton, el nitrato y el oxígeno. Es la primera vez que durante un evento de El Niño tenemos buena cobertura de algunas variables del ecosistema y de sus impulsores y los cambios que se producirán”, añadió Eddebar.
Lo que le interesa especialmente es cómo cambia la producción de nutrientes, clorofila, contenido de oxígeno y producción de fitoplancton, fundamentales para el funcionamiento de todo el ecosistema marino, cuya alteración puede producir efectos cascada en toda la cadena alimentaria.
La NASA también lanzó dos misiones de observación de los océanos: el satélite PACE (Plancton, Aerosoles, Nubes y Ecosistema oceánico) y el satélite SWOT (Topografía del océano y agua de superficie). Esos datos permitirán que se vea cómo responden las comunidades de plancton al estrés térmico y de nutrientes impulsado por El Niño, además de la influencia del evento en la circulación de remolinos y turbulencias.
El estudio de la tensión térmica en el entorno natural
También, El Niño brindará una gran oportunidad para estudiar el impacto del estrés térmico en la ecología marina, que ayudará a comprender las consecuencias del cambio climático. “Es un experimento natural de cómo el calentamiento del océano causado por los humanos impactará en los organismos, poblaciones, especies y ecosistemas”, le dijo a Gizmodo John Bruno, ecólogo marino y profesor distinguido de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.
Casi siempre estos estudios se tienen que hacer en acuarios de laboratorio donde se pueden manipular las temperaturas, aunque son escenarios artificiales que no constituyen analogías perfectas del entorno marino. “Nada de eso es natural, claro está. Por eso en la ecología nos gusta replicar los experimentos en la naturaleza”, dijo Bruno.
Con las olas de calor marinas, parches de agua más caliente que el resto, los científicos pueden comparar las áreas afectadas con otras que no se han calentado y que se utilizarán como controles.
“Allí está la belleza, en un experimento natural, y tendremos muchos lugares que se calienten mientras otros no lo hacen, por lo que podremos monitorear el impacto en las poblaciones y cómo interactúan las especies”, añadió.
Esta corriente de El Niño servirá para estudiar cómo afecta el estrés término a las barreras de coral. Se sabe que el calor hace que los corales expulsen a sus algas simbióticas, lo que luego causa su emblanquecimiento y potencial muerte. Al observar cómo responden los corales al calor récord de El Niño se verá qué tan sensibles son, no solo ante estos eventos sino también al calentamiento causado por la actividad humana.
“El cambio climático es una realidad en nuestras vidas, pero estamos tardando mucho en entender qué es lo que realmente funciona para mitigarlo”, dijo Bruno.
Zeke Hausfather es científico del clima en Berkeley Earth, una organización sin fines de lucro. Le dijo a Gizmodo que tanto El Niño como el calentamiento global causado por los humanos producen diferentes patrones pero que El Niño brinda oportunidades para estudiar la respuesta de los sistemas de la Tierra ante el aumento de las temperaturas globales, como los niveles del CO2 en la atmósfera porque el agua del océano absorbe menos CO2 en tanto que las sequías e incendios liberan carbono almacenado y reducen la cantidad de plantas que lo absorben. La observación de esta super corriente de El Niño ayudará a la ciencia a entender cómo funcionarán las reservas naturales de carbono a medida que siguen aumentando las temperaturas globales.
Tanto Bruno como Eddebbar dicen que es esencial que estos programas cuenten con la financiación adecuada, ya que se trata de una inusual oportunidad para estudiar un fenómeno climático de consecuencias globales que permitirá entender mejor a nuestro mundo, un mundo que se calienta cada vez más.