Iceman, durante una demostraciĂłn de sus habilidades en 2010. Foto: AP

Wim Hof se define como un atleta extremo, y no es una manera de hablar. Su habilidad para resistir bajas temperaturas le ha valido el apelativo de el hombre de hielo (Iceman). Un equipo de científicos ha sometido a Hof a varias pruebas para tratar de descubrir cuál es su secreto. El resultado es fascinante.

La resistencia al frío de Iceman se ha traducido en la friolera (chiste involuntario) de 21 récords Guinnes. Entre esas marcas está el haber corrido la maratón más rápida descalzo sobre nieve, haber resistido más de seis minutos bajo el agua en el Polo Norte o haber ascendido 7,4 kilómetros en el Monte Everest equipado tan solo con unas botas y pantalones cortos.

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Hof luce sus récords con el entusiasmo de una estrella de Hollywood. El deportista asegura que su legendaria resistencia al frío se debe a un método que ha desarrollado que implica respirar de una manera específica para entrar en un estado de hiperventilación inducida. Iceman vende un libro explicando su método y hasta imparte conferencias sobre ello. La cuestión es ¿realmente es un método o hay algo diferente en su organismo que lo hace espectacularmente resistente al frío? Un equipo de neurólogos de la Universidad Wayne State decidieron averiguarlo y se pusieron en contacto con Hof para someterlo a una peculiar batería de pruebas.

Los investigadores diseñaron un traje especial capaz de bajar la temperatura del cuerpo del atleta hasta niveles de hipotermia bombeando agua fría. Con el traje puesto, introdujeron a Hof en un escáner de resonancia magnética para examinar como se comporta su cerebro y midieron al mismo tiempo sus constantes vitales. Para evitar desviaciones, examinaron a Hof permitiéndole hacer sus ejercicios de respiración, sin hacerlos, y compararon los resultados con un grupo de control de voluntarios a los que sometieron al mismo test.

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Wim Hof, durante las pruebas. Foto: Wayne State University 

Lo primero que descubrieron es que el cuerpo de Hof no se enfría igual cuando realiza sus ejercicios. De hecho, en varias de las pruebas no se enfriaba en absoluto. Los investigadores creen que el ciclo rápido de respiración de Iceman calienta la sangre de los capilares en sus pulmones. Esa sangre después se va extendiendo por el organismo y manteniendo la temperatura.

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El segundo cambio importante tuvo lugar en el cerebro. Al ser sometido a bajas temperaturas, el cerebro de Hof registró picos de actividad en una zona inusual. Los investigadores esperaban registrar actividad en la ínsula anterior, que es la zona del cerebro que regula involuntariamente la temperatura corporal. En lugar de ello, la zona que se activó es la sustancia gris periacueductal. Esta región del mesencéfalo está implicada en el control de los sentidos y del dolor.

Los investigadores reconocen que el caso de Hof es muy inusual, pero que de alguna manera el método de su invención le ayuda a regular la temperatura de la piel hasta cierto punto, y con ella la del resto del cuerpo. El siguiente paso es seguir estudiando el comportamiento de su cerebro para averiguar hasta qué punto puede convertirse en una técnica útil en medicina. De momento, las afirmaciones de Iceman han quedado bastante sustentadas desde el punto de vista científico. [Wayne State University vía New Atlas]