La mayoría de los filtros funcionan atrapando partículas hasta que terminan saturados y deben sustituirse.
El nuevo sistema intenta romper ese ciclo.
Un filtro que utiliza la luz como fuente de energía
La base del dispositivo es una membrana de polipropileno recubierta con materiales capaces de responder a la luz y al calor.
Cuando recibe iluminación, el recubrimiento genera una carga eléctrica en la superficie del filtro. Esa carga atrae partículas suspendidas en el aire y mejora su captura sin necesidad de mantener conectado un sistema externo de alta tensión.
Los investigadores realizaron pruebas con partículas de cloruro de sodio y hollín de alrededor de 0,3 micrómetros, además de someter el filtro a diferentes niveles de humedad.
Agua para limpiarlo y luz para reactivarlo
La característica más llamativa aparece cuando el filtro se ensucia. En lugar de desecharlo, puede enjuagarse con agua para retirar las partículas acumuladas. Después, basta con exponerlo nuevamente a la luz para recuperar el campo electrostático de la superficie.
Los experimentos mostraron que no es necesario utilizar una fuente de iluminación especialmente potente.
Incluso la luz solar de un día nublado y las lámparas LED habituales de un espacio interior fueron suficientes para volver a activar el material.
Mantiene el rendimiento durante meses
En las pruebas realizadas por el equipo, el filtro conservó alrededor del 99% de su eficiencia máxima después de un mes de funcionamiento.
Tras tres meses, todavía mantenía aproximadamente el 95%.
Los investigadores señalan además que el proceso puede repetirse durante cientos de ciclos de filtración y regeneración. Esto podría reducir considerablemente la necesidad de reemplazar filtros con tanta frecuencia.

¿Una mascarilla N95 reutilizable?
Una de las posibles aplicaciones está en las mascarillas.
El material alcanzó en laboratorio niveles de filtración comparables a N95 y N99 después de su activación mediante luz. Sin embargo, esto no significa que exista ya una mascarilla N95 reutilizable certificada.
Una certificación de este tipo evalúa el respirador completo, incluidos factores como el ajuste, la resistencia al flujo de aire y el sellado.
Por ahora, el trabajo demuestra el potencial del material filtrante.
Todavía queda el desafío de fabricarlo a gran escala
El equipo ya ha desarrollado prototipos destinados a mascarillas, pantallas y diferentes sistemas de filtración. Pero el salto del laboratorio a productos comerciales sigue abierto. Los investigadores reconocen que necesitan mejorar el proceso de autolimpieza y estudiar si el sistema puede fabricarse de forma económica a gran escala.
Si consigue superar esas barreras, la tecnología podría tener aplicaciones en purificadores de aire, sistemas de ventilación y equipos de protección reutilizables.
La idea es sencilla pero poderosa: en lugar de tirar un filtro cuando se ensucia, lavarlo y utilizar la propia luz de una habitación para devolverle su capacidad de capturar partículas.