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Esto es lo que pasa cuando pones a 118 personas en ayunas a rellenar un formulario programado para fallar

Foto: mo alzway

¿Tener hambre nos pone de mal humor? La experiencia nos dice que sí, pero ¿hasta qué punto? ¿Hay alguna manera de evitarlo? Un nuevo estudio lo ha comprobado de una manera bastante drástica: poniendo a un grupo de personas en ayunas a rellenar un formulario programado para fallar.

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El experimento formaba parte de una batería de pruebas destinada precisamente a comprobar cómo influye la sensación de hambre en nuestra actitud y estado de ánimo. La primera de esas pruebas reunió a 400 personas y las hizo pasar un test en el que primero valoraban su sensación de hambre en ese momento y después tenían que puntuar su nivel de agrado y desagrado hacia una serie de imágenes. El resultado mostró un sesgo mucho más negativo en las puntuaciones de las personas que aseguraban sentirse hambrientas.

El segundo experimento era más insidioso. La psicóloga Jennifer MacCormack y su equipo en la Universidad de Carolina del Norte separaron a casi 250 estudiantes voluntarios en dos equipos de 118. A uno de ellos se les indicó que acudieran a la prueba después de comer. A la otra mitad se les pidió que se mantuvieran en ayunas al menos cinco horas antes de realizar la prueba. Ninguno de los participantes sabía que el test tenía como objetivo medir sus reacciones al hambre. Pensaban que era una simple prueba de rendimiento.

Unos y otros fueron puestos a rellenar un tedioso formulario computerizado consistente en identificar círculos de colores bastante molestos a la vista. El formulario tenía cientos de pruebas y encima estaba programado para fallar casi al final.

Foto: Tookapic
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Por si fuera poco, los encargados de gestionar la prueba tenían la orden de entrar en la sala cuando el formulario fallara e interpelar a los voluntarios de manera abrupta, como si el fallo hubiera sido culpa de ellos por tocar algún botón mal. MacCormack explica:

-¿Qué botón habéis tocado?- les dijimos. -Tiene que haber sido algo que habéis tocado.- Después les dejamos un par de minutos solos. No hubo nadie que explotara, pero sí muchas miradas nerviosas y gestos de enfado. Los participantes hacían girar los ojos con desagrado o se cruzaban de brazos.

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Al término de la infernal prueba, se les pidió que rellenaran un nuevo cuestionario sobre sus sensaciones durante el test. La diferencia entre los que tenían hambre y los que habían comido fue aplastante. Pasar hambre afecta a nuestra actitud y reacciones de forma muy negativa.

Hay, sin embargo, un matiz. Un pequeño grupo de los participantes hambrientos pasó un test previo en el que se les pedía que reflexionaran sobre su estado de ánimo y emociones antes de realizar la prueba. Ninguno de los participantes de ese subgrupo experimentó emociones negativas como el resto. La moraleja de este estudio es que el enfado por hambre no nos convierte de manera inevitable en gruñones enfurruñados que no pueden controlar sus respuestas. Tan solo meditar sobre el hecho de que tenemos hambre y estamos molestos hace que las emociones negativas se reduzcan o desaparezcan. [American Psychological Association vía Science Alert]

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About the author

Carlos Zahumenszky

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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