Saltar al contenido
Ciencia

Estos monos comen cerebros y órganos cuando escasean los alimentos vegetales

Más de 5.000 horas de observación en Brasil muestran que estos primates aumentan la caza de pequeños vertebrados durante los periodos de sequía. El comportamiento podría ofrecer nuevas pistas sobre cómo nuestros antepasados incorporaron progresivamente la carne a su alimentación.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

La imagen de un mono capuchino alimentándose principalmente de frutas, semillas y vegetales puede resultar engañosa. Cuando esos recursos empiezan a escasear, especialmente durante los meses más secos, algunos grupos cambian de estrategia y aumentan de manera considerable la caza de pequeños animales, convirtiendo la carne en una especie de reserva nutricional para atravesar períodos difíciles.

Un equipo internacional de investigadores llegó a esta conclusión después de analizar más de 5.000 horas de comportamiento de monos capuchinos barbudos (Sapajus libidinosus) en la Fazenda Boa Vista, una región semiárida del noreste de Brasil situada entre los biomas del Cerrado y la Caatinga. A lo largo de 45 meses, los científicos documentaron 446 episodios de depredación de vertebrados, equivalentes a unas 6,4 capturas por cada 100 horas de observación.

El estudio, publicado en PLOS One, no solo muestra hasta qué punto estos primates pueden modificar su dieta según las condiciones ambientales, sino que también plantea una comparación interesante con uno de los grandes cambios de nuestra propia historia evolutiva: la incorporación creciente de carne a la alimentación de los primeros homínidos.

Estos monos comen cerebros y órganos cuando escasean los alimentos vegetales
© ISTC CNR Scienze Tecnologie Cognizione – Youtube.

La sequía convierte a los pequeños animales en una despensa

Los lagartos fueron las presas más frecuentes y representaron alrededor del 43% de las capturas, seguidos por los roedores, con un 28%. Los investigadores también registraron ataques contra serpientes, iguanas, polluelos e incluso marsupiales, algunos de ellos nunca documentados anteriormente como parte habitual de la dieta de esta especie.

Lo más llamativo fue que esta actividad no permanecía estable durante todo el año. Cuando la disponibilidad de frutos maduros disminuía en los períodos más secos, la frecuencia de caza aumentaba, lo que sugiere que los vertebrados funcionan como una alternativa rica en energía cuando desaparecen los alimentos vegetales preferidos.

Para Susana Carvalho, investigadora del Parque Nacional de Gorongosa y coautora del estudio, este tipo de comportamiento podría ayudar a comprender escenarios similares experimentados por nuestros antepasados. La explotación de animales pequeños durante épocas de escasez podría haber constituido una etapa intermedia antes de la caza sistemática de presas mucho mayores.

No todos los monos cazan de la misma manera

El estudio también encontró diferencias claras entre sexos y edades. Los machos adultos cazaban con mayor frecuencia que las hembras y estaban dispuestos a perseguir animales potencialmente más peligrosos, como algunas serpientes. Sin embargo, la depredación no era siempre una actividad solitaria, ya que los investigadores registraron episodios en los que varios individuos participaban en la captura y posteriormente compartían de manera selectiva partes de la presa.

La forma en que procesaban los animales resultó igualmente reveladora. En muchos casos, los capuchinos comenzaban consumiendo el cerebro y los órganos internos antes que el tejido muscular, priorizando las partes con mayor concentración de grasas y nutrientes. Esta elección podría representar una estrategia particularmente eficiente cuando la competencia por alimento aumenta y cada oportunidad de obtener energía adquiere mayor importancia.

Una pista para entender cuándo empezamos a comer más carne

Los capuchinos se encuentran evolutivamente muy alejados de los humanos y no pueden utilizarse como una réplica directa de nuestros antepasados. Aun así, su comportamiento demuestra que la caza puede aparecer como respuesta a presiones ambientales similares en linajes completamente diferentes.

Esto podría resultar importante para interpretar yacimientos arqueológicos antiguos. Durante décadas, buena parte del debate sobre el consumo de carne de los primeros homínidos se ha concentrado en grandes huesos con marcas de herramientas y en la explotación de animales de considerable tamaño. Los autores sugieren que prestar más atención a restos de pequeños vertebrados podría revelar una fase anterior y menos visible de esa transición.

Si los primeros homínidos recurrieron a lagartos, roedores, aves u otras presas pequeñas cuando los recursos vegetales disminuían, el camino hacia una dieta más carnívora pudo empezar de una manera mucho más modesta de lo que tradicionalmente imaginamos. En lugar de comenzar con grandes cacerías, quizás empezó simplemente como una respuesta oportunista frente a la sequía y la falta de fruta.

 

 

Fuente: Sinc.

Compartir esta historia

Artículos relacionados